Sergio Iván Arellano Ramos

COLUMNA INVITADA

¡El maltrato y el sacrificio no responden a una solución!

De acuerdo a la Ley de Protección Animal del Estado de Querétaro, los animales tienen derecho a ser respetados, atendidos, cuidados y a ser tratados dignamente.

Hace falta sensibilidad sobre las múltiples agresiones que penosamente siguen sucediendo, dichas conductas son tipificadas como delito, pero sobre todo … ¡falta sentido humano!

Afortunadamente vamos avanzado con la reciente normatividad sobre las limitaciones a los circos con animales y con lo referente a especies en peligro de extinción, el pronóstico es desalentador. Es necesario que venga un Leonardo DiCaprio para que el gobierno de la república firme convenios de colaboración y se comprometa públicamente a cumplirlos.

Este tema debió empezar a tratarse desde antes; la finalidad es no perder más, de los que ya perdimos.

Si hablamos en sentido estricto del tópico animal, primeramente se considera materia administrativa; el poder ejecutivo local, debería tener una estrategia para la creación de un marco jurídico razonable que incluso permita la investigación y persecución de aquellos ilícitos que afecten la integridad de estos seres que son incapaces de defenderse por cuenta propia.

No es correcto seguir con prácticas ilógicas: “si no los adoptan, sacrifícalos”. Es una obligación preponderante del estado y de sus actores políticos, tutelar por un entorno social en donde se busquen soluciones, no lo que más se les facilite. Es muy cómodo generar perreras con facultades para erradicar la existencia de estos seres por las calles, pero parte de la nobleza reside en encontrar soluciones para no caer en el sacrificio animal; son seres vivos e inocentes que indirectamente no han tenido la culpa de las circunstancias biológicas y reproductivas, tiene más responsabilidad el estado por no proponer campañas esterilización, que el animal que ve por si mismo en la intemperie.

Existen a mi juicio situaciones que deberían terminar más allá de posturas ideológicas y de tradiciones generacionales, temas como tauromaquia, pelea de gallos y la caza desproporcionada, deben ser reguladas con mayor vigor y severidad. No es justo tomar como diversión o deporte el sufrimiento de seres que sienten y sufren en la misma proporción que un humano. Si el pueblo exige derechos fundamentales, que los reconozca también. México se distingue por su diversidad en especies animales, gozamos de una biodiversidad muy amplia que no es ilimitada. La agenda pública del país debe replantear sus objetivos.

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