Sergio Centeno García

Sergio Centeno García
Sergio Centeno García

Palabra Universitaria

 

Ideas básicas de la filosofía práctica del Dr. Leonel Ayala (III y última) 

El Dr. Ayala afirma que casi todos los problemas existentes entre los hombres como entre las naciones, se deben a esta incapacidad que tenemos los humanos para llevarnos bien con los otros, para tenerles aprecio, para verlos como lo que nosotros mismos somos y para tratarlos con cariño y verdadero respeto. A esto él le llama simplemente “mala relación”.

Ahora bien, nos dice que para que este mundo y todo lo que lastima a nuestra especie cambie, hace falta la buena relación. ¿Qué es la buena relación? Teóricamente nada complicado, aunque en la práctica casi todo mundo hacemos lo contrario: es sencillamente tratar a los otros con cariño, con dulzura, con admiración y respeto; servir al otro en lugar de exigir ser servido; comprender al otro en lugar de pedir ser comprendido; agradecer al otro en vez de exigir que le agradezcan a uno; amar al otro en lugar de esperar ser amado; valorar en el otro sólo las virtudes y en cambio sus errores sólo corregirlos en uno sin condenarlos en él. Todo esto debe hacerse no porque el hacerlo implique una recompensa, (algo así como el imperativo hipotético Kantiano), sino porque uno debe comprender que al amar, admirar, comprender y servir al otro, no hace otra cosa que obedeciendo la propia ley natural implícita en nosotros que nos compele a amar antes que a ser amado (parecido al imperativo categórico kantiano).

Sin embargo, el verdadero sufrimiento de los hombres y mujeres ocurre porque en la práctica se hace todo lo contrario: todo mundo exige ser servido en vez de servir, busca ser amado en lugar de amar, ser admirado en vez de admirar, ser comprendido en vez de comprender, ser respetado en vez de respetar, ser aplaudido, ser alabado, ser obedecido, etcétera. Así que para que los hombres puedan llevarse bien entre sí y para que el sufrimiento que tanto lacera a la especie termine, es necesario un cambio radical de mentalidad y actitud, que sólo puede ser lograda por medio de la educación filosófica, no con leyes ni mandamientos religiosos. Ese cambio de mentalidad y actitud hacia la vida y hacia los otros, debe ser más el resultado de una reflexión y meditación filosófica personal que un trabajo institucional tradicional, sino en todo caso, un trabajo filosófico personal que tenga como sustento una filosofía y una colectividad tanto alternativa como emergente, donde se asienten las bases filosóficas para lograrlo, tales conglomerados ya existen, pero nada tienen que ver ni con política, ni con instituciones religiosas y tampoco universitarias.

Y es que en efecto, la grave problemática que en los últimos años está acabando con nuestra especie: guerras, enfermedades, drogas, alcohol, suicidios, corrupción, delincuencia organizada, asesinatos en masa, etcétera, no ha podido ser, ni será jamás, solucionada por partidos políticos,  sectas religiosas o religiones centenarias tradicionales, ni por investigaciones universitarias, y mucho menos por leyes o decretos, ya que todo este tipo de instituciones se han visto rebasadas por esta grave problemática social que en lugar de disminuir se incrementa, a pesar de leyes, decretos, oraciones, alabanzas, teorías educativas o investigaciones científicas o filosóficas.

Para lograr una buena relación, el Dr. Leonel Ayala propone algunas ideas básicas que si bien deberían tener un sustento colectivo, de igual manera se pueden echar a andar desde lo que él llama “el pensamiento silencioso”, que no es otra cosa que la acción pensante individual desde el ensimismamiento. Estas son algunas de las ideas.

Recuperar la autorresponsabilidad. Esto es, traemos como cultura milenaria la perniciosa tendencia de culpar y responsabilizar de todos nuestros problemas o conflictos a los demás, y así, si es un problema con la esposa ésta dice que es culpa del esposo y él dice lo mismo; el maestro le echa la culpa al alumno de su bajo rendimiento y el alumno al maestro; los hijos responsabilizan a los padres y los padres a los hijos; el gobierno le echa la culpa a los ciudadanos y los ciudadanos al gobierno, y de este modo, nadie se hace responsable de lo que le ocurre sino que de cualquier situación conflictiva, el hombre y la mujer siempre van a encontrar a quien echarle la culpa de sus propios errores. Esta actitud es cultural y colectiva: “Fuiste tú”, dice una canción de Ricardo Arjona.

Es también un atavismo ancestral que traemos cargando, pues en el relato judío de la creación, cuando hombre y mujer se  atreven a conocer “desobedeciendo” el mandato de Dios de que debían mantenerse ignorantes por siempre, dios le pregunta primero al hombre la razón de la desobediencia y Adán le dice: “Yo no fui, fue ella”; y cuando dios le pregunta a ella, ésta le contesta: “Yo no fui, fue la serpiente”, ya sólo faltaba que dios le preguntara  a la serpiente y que ésta asumiendo su responsabilidad con gallardía le contestara: ”Sí, yo fui, algún problema?”

Así que el Dr. Leonel Ayala propone y sobre todo practica,  que lo primero que uno debe hacer cuando está metido en una situación de conflicto con los demás o en el mundo, es asumir que todo es por causa nuestra, como él mismo dice: “poner la causa adentro, no afuera, ya que desde el momento en que uno pone la causa de nuestro problema fuera de nosotros, en ese momento dejamos también fuera de nuestro alcance la solución, pues si la causa está en el otro, la solución también queda en el otro y, ¿cómo vas a hacer para cambiarlo?, en cambio, si ponemos la causa en nosotros mismos, la solución depende de uno mismo”. Así que esta idea es cabal sólo si se lleva a la práctica asumiendo que nadie, absolutamente nadie, tiene la culpa de que seamos pobres, ricos, borrachos, drogadictos, cultos o ignorantes, es uno mismo.

Por otro lado concatenado con lo mismo, está la idea del respeto irrestricto a la forma de ser y actuar de los demás, ya que los otros toda vez que humanos, también se rigen por la ley del gusto y tiene libre albedrío, así que pueden ser y hacer lo que ellos quieran de su vida, y nadie tiene ningún derecho a exigir que cambien. Pero más que todo, el Dr. Leonel Ayala nos invita a comprender, -porque todas las ideas de su filosofía práctica tienen como requisito indispensable la comprehensión; es decir, no se debe hacer nada por mandato, ni por ley ni por prejuicio o esquema religioso, sino por comprehensión, porque se ha analizado y estudiado la idea hasta llegar a comprehender que esta idea es buena para sí mismo-, que es totalmente imposible cambiar al otro y sin embargo, el 100 por ciento de los problemas entre humanos ocurren porque el uno no acepta la forma de ser o de actuar del otro, siempre está en la absurda intención de querer cambiarlo, de pretender que el otro u otra no actúe de la forma que lo ha hecho, sino que cambie y se adapte, sobre todo, a la forma de ser y actuar que el uno quiere. Esto es totalmente imposible, si alguien cambia, es porque él o ella así lo deciden, no porque otro los cambie. Puesto así, si nadie puede cambiar al otro que es uno solo, ¿podrá entonces cambiar al mundo que son todos?

 

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