Sabino Medina

DESDE LOS BALCONES

Andres Manuél, democracia y fuerzas productivas

El problema de la democracia, sus extremos más visibles, son las masas, el pueblo y los dirigentes.

Con Andres Manuel López Obrador, antes con Cuauhtémoc Cárdenas, se experimentó este mismo proceso, que no es solamente electoral, ni exclusivamente político, sino todo lo que tiene qué ver con la vida y el desarrollo económico del pueblo de México.

Muy pocos lo quieren reconocer, en los distintos estratos del poder económico y político, dentro y fuera del Estado, pero el proceso social que encabeza Andres Manuel López Obrador se circunscribe en esos extremos de carácter material y subjetivos de las masas medias que lo apoyaron y lo llevaron a una victoria electoral aplastante, amplia, general y profunda.

¿Cómo se generó este movimiento social popular poderoso? Como todo lo que la realidad social engendra en los momentos críticos por los que pasa un pueblo y en un país envueltos en una crisis económica donde se han comprometido sus fuerzas productivas fundamentales: La tierra, el agua, los energéticos, el trabajo social vivo, el crédito público, el petróleo y los ferrocarriles por enumerar algunos de sus componentes.

Formal y realmente ha triunfado el movimiento MORENA en todo el país, sin excepción alguna de entidades federales y Andres Manuel López  Obrador es el dirigente visible más importante.

Es y va a ser el nuevo Presidente de México, con todas las atribuciones constitucionales que le dio el voto popular y dentro del orden constitucional que tiene el país.

¿Qué sigue después de este triunfo? Siguen indetenibles los procesos de articulación política y ajuste social, con las clases sociales, hay que decirlo y con las debilitadas organizaciones populares de obreros y campesinos del país entero.    

Históricamente, vivimos dentro de un proceso capitalista interno y mundial muy acentuado, que se refleja con el empobrecimiento atroz de la mayoría de los habitantes y con la enorme concentración, concentración originaria diríamos, del capitalismo mexicano dependiente y su composición y potencia variada y desigual, cuyas contradicciones acentuadas, cada vez más por los efectos internacionales que genera el capital especulativo y financiero, accionario y bancario.

Esto hay que verlo así. Pero no todos lo entendemos y este es en parte, uno de los problemas de la artificialidad política con que se llenan y se confunden, quienes de cierta manera permean y guían la opinión pública nacional y amplias capas sociales de arriba debajo de la República.

Andres Manuel López Obrador, se impuso a sus contendientes y al status quo político nacional, para resumirlo todo de algún modo, bajo la conducción de una campaña abierta frente a la “gente”, a quien expuso mediante un lenguaje sencillo y directo, los ángulos fundamentales que inciden en la pobreza y miseria de la gente, planteando por delante los fenómenos de la corrupción, de la inseguridad social y política, como causantes de la crisis en que está hundido el país.

Esto no gustó, ni gusta ahora repetirlo; tampoco lo entendieron sus oponentes en la campaña y algunas élites conservadoras que siguen insistiendo en los “detalles” de un autoritarismo inexistente y otros señalamientos ad hominem por estilo.

Un factor que no se ha querido analizar ni analizar, es el de nuestra relación internacional y frente a ella, AMLO fue en extremo cuidadoso, cauteloso podríamos  decir y lo sigue siendo a la fecha.

Sus adversarios no entendieron esta posición acertada de López Obrador, lo mismo que otras propuestas incluyentes y de apertura política que fueron las que nutrieron de fortaleza electoral y política a MORENA.

No hay que decir más a los agoreros de una tendencia y otra; sólo agregaríamos que México no está sólo y mucho menos aislado dentro de una problemática capitalista mundial y cuya estrategia frente a la misma no siempre se tiene un recetario económico y político seguro.

Esto último lo entendieron perfectamente los empresarios y de esa manera frenaron sus exigencias de reducirlo y negarlo. En eso no estuvieron ni están equivocados: el problema internacional capitalista, como país, nos envuelve y determina y sólo enfrentándolo organizadamente como Estado político, podremos salir avantes, péseles o no les pese a sus detractores ocasionales y nostálgicos posicionados desde su situación privilegiada.

De Francisco I Madero a Andrés Manuel López Obrador hay mucha distancia y el propio poderoso vecino es otro. ¿Lo entenderán los que lo atacan todavía y quienes solapadamente lo reprueban, soñando en revertir los procesos políticos de que también forman parte? Esa es la cuestión principal y tiene sus recovecos; pero valdría más que lo entendamos todos, acuérdense del General Calles, de Tomás Garrido Canabal y Cedillo, desde luego de la Expropiación Petrolera y del General Lázaro Cárdenas del Río. Hasta aquí nuestra conversación sobre el tema AMLO.

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