Algunos lectores buenos, otros no tan buenos, pero todos, me advierten que soy muy iluso. Me dicen que como está el país a lo mejor no tendremos tiempo de decir ninguna frase célebre que nos garantice un lugar en la historia. Tienen razón.
Sea por una infeliz circunstancia: quedamos en medio de un fuego cruzado entre policías y malandros; un camión sin frenos en la carretera 57; un autobús que se pasa un semáforo; unas enchiladas queretanas que cenamos en la noche. ¿Cuál frase célebre? Nos morimos en medio de unos ruidos horribles: ay, grr, auch, chin; poco célebres.
Francisco Villa que, como buen mexicano, sabía lo importante que es la última frase para garantizar la posteridad, cuando en Parral sufrió el atentado fatal, le pidió un último favor a quien lo acompañaba: “Diles que dije algo”.
La otra posibilidad es que en nuestros últimos momentos nos dejemos llevar por la cotidianeidad. En la agonía decir: “Esto puntiagudo que siento en la espalda ¿Es la guadaña del final? ¿O a alguien se le olvidó el control de la tele?”.
En su caso también decir: “Los piquetitos que siento en todo el cuerpo, es como se anuncia la muerte, o han estado comiendo campechanas en la cama”.
Esta columna, que se preocupa por la trascendencia histórica de sus héroes lectores, tiene la solución: preparen su epitafio. Como escribe el destacado editorialista, Jesús Silva- Herzog Márquez (periódico Reforma 21- 10- 2026) citando a Anne Carson, la premio Nobel: “Ningún género de verso se preocupa más por ver lo que no está y no ver lo que sí está, es el epitafio”. Además, con el agravante que, por ponerse en el mármol, se piensa letra por letra.
Algunas sugerencias, ahora que Francia arde:
“Caminante no llores mi muerte: si yo estuviera vivo, tú estarías muerto”. (Robespierre).
“Si no viví más es porque no me dio tiempo”. (Marqués de Sade).
“Yace aquí el gran Cardenal que hizo en vida mal y bien; el bien que hizo lo hizo mal; el mal que hizo lo hizo bien”. (Richelieu)
El epitafio de uno de los primeros afroamericanos que llegó a Estados Unidos. “Aquí yace John, en el único lugar que no le han negado la entrada”.
Otros encontrados en cementerios estadounidenses, se aprovecha la lápida para un pequeño comercial: “Jared Bats. su viuda, de 24 años, que vive en la calle Elm No. 7, tiene condiciones para ser buena esposa y desea volver a ser feliz”.
De seguro el epitafio de un intelectual, hasta el final siempre curioso: “Groodfrey Hali. Falleció a los 40 años. Hasta aquí llegué en mi viaje. Lector, ¿Quieres decirme qué ocurrió después?”
Frank Sinatra: “Y todavía falta lo mejor…”
“Perdone Usted que no me levante a saludarlo” (Gerardo Deniz. También atribuido a Groucho Marx).
Si a usted le gusta el buen humor, el que en vida dijo Dolores del Río que pondría en su tumba: “Aquí se acabaron los dolores».
El de un cementerio de Durango: “Aquí yace doña Fulana de Tal. Excelente madre. Esposa regular…”
Ahora que están de moda las mascotas, quizá el más bello es el escrito por Lord Byron en la lápida de su perro: “Aquí descansan los restos de una criatura que fue bella sin vanidad, fuerte sin insolencia, valiente sin ferocidad y que tuvo todas las virtudes de los hombres sin tener ninguno de los defectos”.
Uno que leí en un cementerio de Querétaro: “Viajero. Sigue tu camino. Hay cosas más importantes que la muerte”.
El de Pablo Escobar Gaviria, el narco más famoso del mundo. En vida manifestó lo que deseaba que le pusieran como epitafio: “Pablo Escobar Gaviria, fue todo lo que quiso ser en la vida: un bandido”
Los españoles.
El encontrado en el cementerio de Santander: “Aquí yace Vasco Figueira, muerto en contra de su voluntad”.
“Sólo le pido a Dios que tenga piedad con el alma de este ateo”. (Miguel de Unamuno).”
“Fallecido por la voluntad de Dios y mediante la ayuda de un Médico imbécil” (Cementerio de Valencia).
“Todos tienen que morir, pero siempre he creído que en mi caso se haría una excepción” (W. Saroyan).
Aquí descansa Pancracio Juvenales: “Buen esposo. Buen padre. Mal electricista casero”. (Tumba en el Cementerio de Albacete).
“Mamá Gumersinda. Recuerdo de todos sus hijos. Menos Ricardo que no dio nada”.
Lo leí en un panteón, no recuerdo donde: “Por fin dejé de fumar”.
Me gusta el de Nicolás Maquiavelo en su tumba en Florencia: “Maquiavelo. Ningún elogio supera su solo nombre”.
Koestler en su libro “Espartaco”: “Zócimos. Un orador que amaba las palabras nobles y exigía un gobierno justo, yace junto a este camino. Caminante, recuerda que no puede haber nobles palabras ni gobierno justo mientras algunos vivan excluidos de la justicia”.
Concurso de la lápida más visitada, lo ganó W. Larsen de Logan, escribió un largo epitafio: “Cinco reglas a seguir por el hombre para una vida feliz.
1. Es importante tener una mujer que ayude en casa, cocine de tiempo en tiempo, limpie la casa y tenga un empleo.
2. Es importante tener una mujer que te haga reír.
3. Es importante tener una mujer que puedas confiar en ella y no mienta.
4. Es importante tener una mujer que sea buena en la cama y que le guste estar contigo.
5. Es muy, muy importante, que estas cuatro mujeres no se conozcan entre sí o podrías terminar muerto como yo”
ALGUNOS POSIBLES EPITAFIOS NACIONALES
AMLO: “Ramírez Cuevas: Te dije que el doctor que me enviaras fuera noventa por ciento capacidad y diez por ciento lealtad. Al revés era propaganda”.
Presidenta: “Ramírez Cuevas: No dejes de informarme cuando se muera Maru Campos.”
Morena: “No dejen sus oficinas, digan que hubo injerencia extranjera patrocinada por Calderón”.
Periódico Reforma: “No que no tronabas pistolita”.
Opinión Pública: “Son como los fantasmas de los castillos, no se ven, pero de que existen, existen”.
Andy López Beltrán: “Eso de morirse lo deja a uno exhausto”.
Amílcar Olán: “Esto es otro pedo”
Adán Augusto López: “Si me muero yo se mueren todos”.
Fernández Noroña: “La austeridad es una política pública. Conmigo no cuenten”.
Omar García Harfuch: “Yo sí tengo visa”.
Guadalupe Taddei: “Primero me enfrié yo, antes que los escándalos”.
Sociedad Civil: “Si no me apuro en resucitar esta clase política va a acabar con el país”.
ALGUNOS POSIBLES EPITAFIOS DE QUERETANOS
Josefa Ortiz de Domínguez: “Díganle al Corregidor que no fue mi culpa que me quitaran su apellido”.
Mi abuelo Constantino Llaca: “Ante la llegada de la muerte no es posible enrocarse”.
Don Antonio Pérez Alcocer: “¡Qué ganas de tener ganas!”.
Fernando Ortíz Arana: “No me juzguen por mis triunfos sino por cómo asumí mis derrotas: con dignidad”.
Santiago Nieto: “De esta tumba ya está pagada la hipoteca”.
Jorge Torres: “Kikín. No olviden reunirse el último viernes de cada mes a comer mole y a platicar”.
Mariano Palacios Alcocer: “Estén pendientes para recibir la paloma que solté hoy”.
Enrique Burgos: “En política es necesario estar preparado para ser, pero también para dejar de ser. Lo mismo en la vida”.
Ignacio Loyola: “Mi madre, Pita Vera, nos hizo hombres y mujeres de fe. Acepto lo que Dios me mande. Caminaré por las calles del más allá, libre y tranquilo, como lo hice como exgobernador en Querétaro”
Francisco Domínguez: “Quiero la revancha. Josecho, no juntes las mesas”.
Calzada: “No fue descontón, yo lo advertí”.
Mi amigo, el notario César Jiménez: “Evítense problemas, dejen constancia pública de todos sus actos importantes. Sobre todo, al final”.
Olimpia: “Cuando lloraba no dejaba de reír”.
El destacado escritor Augusto Isla: “Nada hay más allá del fondo oscuro de la muerte”.
Rectora. Silvia Lorena Amaya: “Iván Nieto. Deja de gestionar; en la rectoría se puede repetir, pero se muere solamente una vez”.
Mauricio Kuri: “No tengo límites, pero la vida sí”.
Felifer Macías: “Gracias Luis Nava”.
Sergio Arturo Venegas: “Sólo la muerte pudo desarmarme”.
Me adelanto a la solicitud de los lectores de cuál sería mi epitafio. Con gusto:
“Ya no amo. Ya no odio. Ya no ambiciono. Ya soy libre”.
Ustedes, estimados lectores ¿Ya pensaron en su epitafio”?







