Wilbert Torre

SERENDIPIA

¿Presupuesto obradorista?

En Andrés Manuel López Obrador se representa, en términos absolutos, la teoría de la construcción del mito. Solo que no lo construyó él, o no solo él, sino sobre todo sus adversarios o enemigos.

Del racimo de calificativos que le han dirigido (señor peligro, ignorante supino, fabulador de complots, manipulador profesional), el que lo define con más veracidad –el que más se acerca a un retrato aproximado de su gobierno– es el de populista.

Los días posteriores a la aplastante victoria de López Obrador, en el círculo de los miembros del futuro gabinete y el equipo de campaña comenzaron a definirse las principales aristas de la administración que llegará al poder en diciembre próximo. Para no remontarnos a su gobierno en la Ciudad de México, la campaña que lo llevó a recorrer el país y ganar las elecciones es un buen ejemplo de lo que será el gobierno obradorista.

Será un gobierno con un profunda raíz social, cuyos ejes más importantes estarán dirigidos a los protagonistas de los mítines de López Obrador: los viejos y los jóvenes, dos generaciones que indistintamente abarrotaban los actos de campaña.

A los viejos y los jóvenes, López Obrador les hizo dos promesas de campaña desde abril pasado: aumentar al doble las pensiones que reciben los adultos mayores y entregar a los segundos becas mensuales por 3,600 pesos.

Uno de los obstáculos más importantes que enfrentará el gobierno obradorista –el que pone a sufrir a cualquier gobierno– es la limitación del presupuesto. A López Obrador no le alcanzarían dos presupuestos anuales para cumplir todas sus promesas de campaña.

Pero sí le alcanzaría para atender las que considere más urgentes e importantes, y para el obradorismo éstas son indudablemente las becas y el aumento de las pensiones.

Entre este mes y noviembre, los meses previos a la entrega del poder, al equipo de López Obrador le espera un trabajo descomunal para elaborar los censos y hacer toda la planificación financiera en la idea de que en el presupuesto de 2019, que comenzará a negociarse en septiembre, tres meses antes de la toma de protesta del nuevo presidente, se definan partidas presupuestarias específicas para comenzar a cumplir las promesas de la campaña obradorista.

La negociación del presupuesto correrá a cargo del secretario de Hacienda José Antonio González Anaya y de los nuevos diputados federales que tomarán protesta el 1 de septiembre, de modo que lo que se espera es una colaboración estrecha entre los colaboradores del presidente Peña y de López Obrador para que el presupuesto del próximo año sea un reflejo de algunas de las líneas acción del nuevo gobierno.  “¡Si por ellas me llaman populista, que me apunten en la lista!”, dijo López Obrador en Monterrey, en un acto de campaña en abril pasado, cuando reiteró las promesas de duplicar las pensiones de los adultos mayores y entregar becas a los jóvenes.

Todo indica que esas promesas ya están en la cocina del presupuesto 2019. López Obrador tiene prisa.

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