Wilbert Torre

SERENDIPIA

Tiempo de definiciones

El tiempo es oro siempre y más en una campaña electoral. Es importante el tiempo que un candidato tiene en los principales noticieros de radio y televisión y el tiempo que logra extender su voz e influencia en la agenda del país y de la contienda por la presidencia. Es determinante ante la opinión pública el tiempo que un candidato pasa bajo metralla y el tiempo que logra salir exitoso de una y otra coyuntura.

El tiempo de esta campaña es diferente a otros tiempos electorales. En tres semanas comenzará oficialmente la guerra por la presidencia y los candidatos contarán entonces con tres meses para visitar plazas de pueblo, universidades, hospitales, ferias, foros políticos y empresariales.

La campaña terminará en junio, pero a la mitad del mes comenzará el Mundial de Futbol en Rusia, y es probable que gran parte de la atención no del llamado círculo rojo, pero sí de la gente, del ciudadano común y corriente, cambie de foco y de canal y haga un trueque de campañas por futbol.

Ahora, veintitrés días antes del inicio de la campaña, los candidatos y sus partidos enfrentan decisiones y estrategias torales que deberán tomar bajo el fuego de la presión y del tiempo. En los días siguientes, los tres candidatos determinarán el rumbo de sus respectivas campañas y entonces no habrá mucho tiempo para detenerse y rectificar.

El tiempo parece obrar a favor del puntero, Andrés Manuel López Obrador, pero se le viene encima el tiempo oscuro que el moralista francés Nicolas de Chamfort definía como “esos periodos en los que la opinión pública es la peor de las opiniones”.

La apuesta del PRI es que AMLO sea AMLO y que en la campaña sus declaraciones-anuncios-bravatas-ocurrencias le resten los puntos que ni la propuesta de amnistía ni sus críticas a los magistrados del Poder Judicial o al presidente Peña, a quien llamó huachicolero mayor, le hicieron mella en el periodo de pre campañas.

Hay tiempos de definición vitales y López Obrador está ante uno de ellos. Ha preferido no tomar una posición clara y contunde sobre las acusaciones de corrupción y de lavado de dinero dirigidas desde el gobierno contra el candidato de la coalición Por México al frente, Ricardo Anaya, y se ha escurrido del conflicto. También parece haberse tomado una Amlodipina para no atacar o hacer escarnio del presidente Peña. ¿Desaparecer en estos momentos le hará ganar o perder votos?

Para Meade el tiempo es el principal enemigo. Sus esperanzas de resurrección dependen básicamente de que los peores quince días de Anaya, acusado de corrupción y de lavado de dinero, se conviertan en el remolque que necesita su campaña para salir del tercer lugar.

Ricardo Anaya enfrenta un tiempo de tormentas que no cesará pronto. Su principal desafío no es solo hacer crecer la percepción de que el presidente Peña tiene las manos metidas en la elección, sino sacudirse el harponazo de corrupción que lleva colgando desde las revelaciones de la Procuraduría.

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