Wilbert Torre

SERENDIPIA

Felicidades, doctor Mancera

El dilema sobre el orden de aparición del huevo y la gallina es tan antiguo como una de las eternas discusiones mexicanas: ¿Qué necesita México: nuevas leyes o que las leyes se cumplan?

En México es normal que un mandato de cualquier orden pueda ser eludido con artificios de interpretación legal. Esta naturalidad para darle la vuelta a las leyes y evadirlas sin simulación ha sido un recurso del sistema de partidos, antes de que el país se sacudiera en la borrachera populista de Echeverría.

En los 70 algunas voces críticas ya advertían el riesgo nacional que suponía normalizar un sendero de falsa legalidad, ante las decisiones autoritarias que inundaban la vida política. Desde el centro del país los gobernadores eran destituidos y nombrados otros para relevarlos, en una clara violación a la Constitución y en un golpe de muerte al valor democrático del voto.

Solo en el salinismo existieron 17 concertacesiones, eufemismo de las imposiciones que en un cuarto sin luz se acordaban (Salinas, El Jefe Diego, Carlos Castillo Peraza) para destituir a quienes habían sido electos y nombrar a otros electos en un trueque de socios. El fin,  lavar las elecciones fraudulentas del PRI, justificaba el agravio a la ley y a la democracia.

Yucatán es una de las regiones que lleva la delantera en los malabares legalistas que han dado legitimidad a decisiones políticas fraudulentas. En solo siete años, cayeron dos gobernadores.

A la caída del primero, un general viejo y enfermo llamado Graciliano Alpuche, fue nombrado Víctor Cervera Pacheco. Un año después, Cervera eludió convocar elecciones conforme a la Constitución. El ex gobernador Carlos Loret de Mola Mediz, reprobó el desacato constitucional con una profecía que hoy es una realidad aterradora:

“¡Violentar la Constitución es el principio del fin de la patria!”.

Cuando Cervera violó la Constitución y el poder central se lo permitió, Loret escribió una columna que tituló: “El Ejército mexicano no da golpes de Estado, los recibe”. Tras gobernar como interino cuatro años, un cambio a la carta magna de Yucatán abrió la posibilidad de que Cervera pudiera ser electo gobernador constitucional. Es el único mexicano que ha gobernado dos veces un estado, 10 años.

Desde entonces, en México hemos vivido bajo una tempestad de golpecitos de estado legales en todos los niveles de gobernanza y para satisfacer ambiciones e intereses personales, de grupo y partidistas. La treta más reciente para trucar la ley como un mago que desaparece palomas y hace brotar murciélagos ha sido ideada por un doctor en derecho, Miguel Mancera, el jefe de gobierno de la Ciudad de México, quien pretende aprovechar una omisión de la Constitución para postularse como candidato.

Si logra su objetivo, el sistema político estará abriendo la posibilidad de que los gobernadores en funciones puedan ser postulados al senado o a la Cámara de Diputados: fuero e impunidad al instante. Felicidades, doctor Mancera, no esperábamos menos de usted.

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