Wilbert Torre

SERENDIPIA

Semejanzas

Era marzo de 2006 y la campaña de Felipe Calderón iba en picada. La crisis había empezado en enero, cuando el candidato del PAN vio aterrado cómo los invitados a un mitin en el Toreo abucheaban a la dirigencia panista. Cuando la primavera llegó –narra Ernesto Núñez en Crónica de un sexenio Fallido (Grijalbo, 2012), las encuestas y los informes de la casa de campaña eran absolutamente catastróficas.

Entonces, Juan Camilo Mouriño le dijo a Calderón que si no quería perder debía sustituir la estrategia fallida de Josefina Vázquez Mota, jefa de la campaña vista con recelo por los calderonistas, y volver a un esquema previo en el que, entre ñoñadas y juegos, el grupo íntimo de Calderón tomaba decisiones.

Calderón aceptó dar entonces lo que él mismo llamó “un golpe de timón”.

La estrategia de Vázquez Mota fue sustituida y a partir de marzo las decisiones las tomaron los hombres más próximos al candidato. A partir de entonces comenzó un curso irrevocable en la contienda por la presidencia en 2006: Calderón comenzó a subir y Andrés Manuel López Obrador empezó a bajar en las intenciones de voto.

“Entre las almas y entre las rosas / hay semejanzas maravillosas”, dice la canción del genial Ricardo Palmerín. En las campañas de Calderón en 2006 y de José Antonio Meade en 2017, hay semejanzas, pero peligrosas.

El conflicto mayor es el mismo: Joséfina Vazquez Mota, escribió Núñez en uno de los mejores recuentos de un sexenio en las últimas décadas, fue la jefa que nunca fue. También, como ocurre en la campaña de Meade, abundaban los generales. Sentado en el sitio clave de la línea ofensiva de la campaña, Aurelio Nuño es el jefe que no embona (Peña redixit) en el círculo de lógica, discusión y toma de decisiones del candidato del PRI.

Pero hay más semejanzas desatadas por las circunstancias.

En el último año, urgido por relanzar su gobierno, el presidente instauró unas reuniones llamadas “Sistema PAN”, a las que asistían el líder  del partido y los dirigentes de los grupos parlamentarios en el Senado y la Cámara de Diputados y los gobernadores del partido albiazul.

En esos encuentros, Calderón y los panistas discutían lo que por lógica política no reconocían en público (los resultados de las encuestas que los tenían en la lona). Debatían los errores en el gobierno, las políticas fallidas y las circunstancias que como gobierno los tenían a punto de naufragar.

En Los Pinos, desde la derrota de junio de 2016, cuando el PAN ganó siete gubernaturas, el presidente Peña instauró unas reuniones de revisión crítica, a semejanza de las de Calderón.  Esas reuniones, los lunes por la tarde, se han multiplicado con carácter de urgencia, Ayer el presidente anunció una agenda privada de varios días, después de que Meade anunciara eventos privados.

En Los Pinos está en marcha la cirugía de reconstrucción mayor de la campaña.

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