Wilbert Torre

SERENDIPIA

AMLO y el paquete de la migración

La caravana del hambre, como ha sido nombrado el grupo de alrededor de 7 mil hondureños que emprendió el camino hacia Estados Unidos una semana atrás, se ha convertido en un conflicto que ya está replanteando o modificando en cinco países el debate sobre la migración y sus desafíos en el mundo global heredado por el sistema neoliberal.

Ayer, mientras miles de hombres y niños continuaban su marcha internándose en México para continuar hacia EU, los gobiernos de Honduras, México, Guatemala, El Salvador y Estados Unidos intentaban hacer frente a los retos políticos y sociales que implica la caravana migrante.

En México, después de que todo el fin de semana fluyera un torrente de críticas al uso de gas pimienta y bastones contra los inmigrantes que el domingo intentaban cruzar la frontera de Guatemala para internarse a México, el presidente Enrique Peña los exhortó a no cruzar ilegalmente la frontera.

“Difícilmente conseguirán su propósito de migrar a Estados Unidos o permanecer en México si mantienen esta actitud”, dijo Peña en un evento en Guadalajara.

El secretario de Gobernación, Alfonso Navarrete, prometió que el gobierno no utilizará la violencia para contener el avance de la caravana y que los agentes tampoco deportarán o repatriarán a los migrantes. Ante el avance de la caravana, el presidente Trump siguió comportándose como Trump y anunció que su gobierno recortará los programas y presupuestos de asistencia a los gobiernos de Guatemala, Honduras y El Salvador, en una impúdica represalia por no frenar el avance de la ola de migrantes centroamericanos –la mayoría hondureños– que se dirige a EU.

En el umbral del cambio de gobierno en México será importante ver cómo se comportarán el futuro canciller Marcelo Ebrard y Andrés Manuel López Obrador. ¿El gobierno obradorista liderará o entablará una alianza con los países centroamericanos alrededor del tema delicado y vital de la migración? ¿O se plegará, de alguna forma, como lo ha hecho el gobierno de Peña, a las exigencias de Washington? Los antecedentes del comportamiento de Trump no son nada prometedores para México. ¿Acaso no podría tomar la bandera del nuevo acuerdo comercial entre México, Canadá y Estados Unidos a manera de chantaje si su vecino no acata la sugerencia de detener a los migrantes que comenzaron su periplo el sábado 12 en San Pedro Sula? Lo peor de todo es que con Trump nada es imposible. Entre tanto, la administración del presidente Peña tiene una papa gigante en las manos, una papa que seguirá malabareando de aquí a que se le agote el tiempo a su gobierno, el 1 de diciembre.

Después de ese día, todo el paquete de la migración quedará en manos del nuevo canciller Ebrard, bajo las definiciones de Andrés Manuel López Obrador. Lo importante será ver si defenderán un replanteamiento del tema migratorio no sólo en la relación bilateral, sino a nivel regional.

Comentarios

Comentarios