Wilbert Torre

SERENDIPIA

Diálogos de paz fracaso y desafío

La cancelación de los Foros de Paz en cinco de los estados con más asesinatos y violencia es el primer descarrilamiento significativo del gobierno (anticipado) de Andrés Manuel López Obrador.

Si había una parte de la maquinaria de transición que no podía darse el lujo de fallar, era justamente sobre la que descansaba el diálogo de pacificación que los últimos dos gobiernos ni siquiera intentaron.

El fracaso de los Foros de Paz es resultado de la ausencia de coordinación hoy convertida en una plaga que a su paso va sembrando pifias y grietas en el equipo de transición.

¿Cómo es posible la cancelación de una discusión vital en Sinaloa, Veracruz, Tamaulipas, Tabasco y Morelos, cinco de los estados con más personas muertas y desaparecidas? ¿Qué falló en esta parte delicada del proceso de relevo de gobiernos?

Todo empezó de la peor manera: dividiendo responsabilidades, en lugar de conjuntar esfuerzos. La tarea de organizar los Foros de Paz fue puesta en manos de Alfonso Durazo, próximo secretario de Seguridad Pública, con la anuencia de Andrés Manuel López Obrador.

Esa decisión provocó un primer desencuentro: las organizaciones de familiares y víctimas habían solicitado que la oficina encargada del diálogo de paz no fuera la Secretaría de Seguridad Pública, sino la Subsecretaría de Derechos Humanos, en donde López Obrador nombró a Alejandro Encinas.

Durazo y su equipo se hicieron cargo de la organización de los Foros de Paz, que pronto comenzaron a ofrecer signos de que algo andaba mal. Los familiares de las víctimas se quejaron en repetidas ocasiones de que el diálogo no lo era, además de que nunca dejaron de ver con recelo que fuera un secretario de Seguridad y no un funcionario de Derechos Humanos quien encabezara estos esfuerzos.

De acuerdo con las versiones, era normal que Durazo y su gente llegaran a los foros y no tuvieran ni el tiempo ni la paciencia de escuchar a las familias; solían retirarse sin registrar todas las voces, sus reclamos y exigencias.

La cancelación de los Foros de Paz es preocupante porque muestra división o la falta de cohesión en el equipo de transición. ¿Hubo una coordinación entre Durazo y Encinas para que los diálogos se realizaran de la mejor manera? ¿Quién retomará la responsabilidad en el equipo del Presidente electo?

Varias organizaciones de familiares anunciaron ayer en Tamaulipas que continuarán por su cuenta los diálogos de paz, porque no es comprensible en ningún modo que se tome la decisión de cancelarlos en cinco de los estados más azotados por la violencia.

Este nuevo entuerto en el equipo de Andrés Manuel López Obrador supone un desafío importante para la sociedad civil. Si el próximo gobierno carece del tiempo, tacto y método para ordenar estos diálogos, lo importante será probar otros cauces para los familiares de las víctimas, que saben de lo que hablan y (lo que han vivido) sean escuchados.

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