La Noche de los Museos es uno de los mejores inventos de la promoción artística y cultural. Fue en Berlín, en 1997, cuando apareció oficialmente con con el nombre de Lange Nacht der Museen (“Larga Noche de los Museos”). Los amantes del arte hubieran querido que fueran mil y una noches, pero tuvieron que conformarse con una larga noche, muy exitosa en muchas ciudades del mundo, en la que los espacios museográficos abren sus puertas en horarios nocturnos a bajo costo o de manera gratuita.
Querétaro no podía quedarse atrás y ha replicado esta maravillosa noche en todos sus museos. La cita es el próximo viernes 22 de mayo y su principal sorpresa será la inauguración de la muestra “Después de Warhol” en el Museo de Arte Contemporáneo Querétaro (MACQ).
Por lo que sé, la exposición de este icónico artista pop se centrará básicamente en los años que van de 1960 a 1968, los más productivos de su carrera, y el público podrá apreciar 37 serigrafías originales, botellas de una marca de vodka intervenidas por el propio exponente del pop art, un billete auténtico firmado por él, así como la recreación del espíritu de The Factory, el famoso estudio y taller neoyorquino del artista donde se daban encuentro la producción artística, las fiestas más excéntricas, junto con la experimentación cinematográfica y musical.
Warhol, es obvio, no era un artista convencional, y su faceta de animateur “contracultural” corre parejas con su producción, siempre polémica. Sus famosas fiestas son prueba de ello. En ellas podían coincidir disipados millonarios con los modistos del momento (Yves Saint Laurent, entre otros), estrellas de Hollywood, rockeros famosos como Mick Jagger, junto con artistas callejeros, escritores, poetas y toda clase de yonquis.
Algunos de los que no iban a sus fiestas eran sus más feroces críticos. Pienso en Robert Hughes, el gran crítico australiano, quien llegó a decir en uno de sus documentales sobre el arte contemporáneo que Warhol era “una de las personas más estúpidas que he conocido en mi vida”, porque según él no tenía nada profundo que decir y degradaba la seriedad del arte contemporáneo. Otro de sus críticos más famosos fue Hilton Kramer, quien desde The New York Times fustigó en diversas oportunidades a Warhol y su obra: “es vulgar, apesta a comercialismo y su contribución al arte es nula”.
Pero a Warhol le tenía sin cuidado. Se movía, es cierto, en la franja más exitosa y comercial del arte contemporáneo, acaso, efectivamente, la más superflua; y eso atraía millones, toda clase de comentarios, envidias, resentimientos e incluso odios viscerales y hasta clínicos, como el de la escritora y feminista radical Valerie Solanas, quien en 1968 le disparó a quemarropa dentro de The Factory.
Aparentemente Solanas estaba indignada y colérica por la pérdida de un guion teatral que ella le había dado a Warhol para que este lo produjera. Así que fue hasta The Factory y le disparó en tres ocasiones, pero solo uno de sus disparos dio en el blanco. Solanas se entregó a la policía y alegó que Warhol “tenía demasiado control sobre su vida”.
Warhol por poco pierde la vida. De hecho llegó clínicamente muerto al hospital. Esta experiencia lo traumatizó severamente y la fiesta se acabó, por lo menos como hasta ese momento se desarrollaba en The Factory. Ya no hubo libre acceso y la bohemia fue prácticamente desterrada.
Acerca del atentado más tarde escribiría: “antes de que me pegaran un tiro pensaba que estaba aquí más a medias que por entero: siempre creí estar viendo la tele y no la vida real. La gente dice a veces que las cosas que pasan en el cine no son reales, pero lo cierto es que lo que no es real son las cosas que pasan en la vida real. Las películas hacen que las emociones sean tan fuertes y reales que las cosas que te ocurren en la realidad son como si las vieras en la tele: no sientes nada”.
Esta forma de ver las cosas retrata puntualmente a quien fue capaz de tomar una lata de sopa Campbell’s y recrearla con absoluto realismo en un bastidor, para que fuera, supongo, “como si la vieras en la tele”. Quizá por la misma razón sus retratos son siempre “iguales”, pero de distintos personajes famosos. Por cierto, Warhol decía que “la gente que más fama tiene es la que tiene nombre de tiendas. La gente que posee supermercados que llevan su nombre es la que realmente envidio”.
@ArielGonzlez
FB: Ariel González Jiménez





