DE TODAS LAS VIOLETAS, LA PARRA ES LA MEJOR

FOTO: AGENCIAS
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De cielo en cielo, corre o nada o canta/ la Violeta terrestre/ la que fue, sigue siendo…. Fragmento. “Elegía para cantar” Pablo Neruda.

Fue un domingo del otoño de 1967, el reloj marcaba la 17.50. p.m. en Santiago de Chile, un disparo terminaba con la existencia de la más grande compositora chilena. Violeta Parra. Su mano que ejecutó el charango, la guitarra, el cuatro, la arpa, la que venció la hoja en blanco, jaló del gatillo para poner el final a su canto. Fue un domingo chileno, de esos que se quedan para siempre en la historia.

Gracias a la vida/ que me ha dado tanto/ me dio dos luceros/ que cuando los abro… “Gracias a la vida” V. P.

Tenía cincuenta años, un repertorio propio y otro rescatado que le otorgaban el título bien ganado a partir de 1962, de insigne folclorista, compositora e intérprete; pero sobre todo de artista popular, no sólo por su tarea sino por su compromiso con los anhelos del pueblo sediento de justicia y libertad. La Violeta nació el cuatro de febrero de 1917, en San Carlos, Chillan, ciudad ubicada 375 kilómetros al sur de Santiago de Chile y a 26 kilómetros al norte de la capital de la provincia. Su lugar natal crece entre los ríos Ñubia y Perquilanquén y se distingue por ser una zona agrícola donde conviven los dos polos sociales, los ricos y los campesinos explotados. Su padre Nicanor Parra Parra, músico y maestro de música y su campesina madre Clarisa Sandoval Navarrete fueron ejes desde temprana edad cuando dio muestras de sus aptitudes musicales interpretando boleros y canciones españolas, era su primavera donde las vocaciones se definen, los ideales crecen, la rebeldía florece.

Volver a los diecisiete/ después de vivir un siglo/ es como descifrar signos/ sin ser sabio competente.” Volver a los diecisiete” Fragmento V. P.

Tenía veintiún años cuando se casó con Luis Cerecedo, militante del PCCH, defensor de los desposeídos, con la cual formó una familia que dio vida a Ángel – recientemente fallecido en Paris- y a Isabel, los dos cantores sobresalientes e integrantes de la Peña de los Parra, sitio emblemático de Santiago, donde la canción popular fue la estrella y, el canto nuevo chileno encontró un sitio de difusión único. A su separación de Luis, tiempo después se unió a Luis Arce, continuando con su tarea musical, la cual combinaba con el bordado, el tejido, la escultura, la elaboración de artesanías, oficios que ejecutó con destreza admirable; en uno de sus temas músico-literarios señala: “No existe empleo ni oficio/ que no lo haya ensayado…

Me gustan los estudiantes/ jardín de las alegrías/ son aves que no se asustan/ de animal ni policía/ y no le asustan las balas/ ni el ladrar de la jauría, / Caramba y zamba la cosa/ que viva la Astronomía. “Me gustan los estudiantes” Fragmento V. P.

La cantora inmortal, originaria de una provincia del país austral, es de nacionalidad chilena y de identidad latinoamericana, muestra de que el arte auténtico supera los regionalismos por su compromiso con el mundo al que pertenece; estos elementos convierten a la Parra en universal, y su canto en patrimonio intangible de todos. Paula Miranda Herrera, académica, investigadora y autora señala a propósito en su estudio:”Décimas autobiografiadas de Violeta Parra. Tejiendo diferencias”. Su identidad no está fijada de una vez y para siempre por el hecho de haber nacido en el campo o haberse rodeado de manifestaciones y costumbres campesinas desde la infancia, sólo cuando se halla en la urbe, Violeta descubre la necesidad e inevitabilidad de revivir ese arte y sus condiciones de producción. Por eso su labor está relacionada con su producción original y con sus décimas.” A esta producción pertenece su canción: “La jardinera” de la que recuperamos una parte:

Para olvidarme de ti/ voy a cultivar la tierra/en ello espero encontrar/ remedio para mis penas/. Aquí plantaré el rosal/ de las espinas más gruesas/ tendré lista la corona/ para cuando en mi te mueras…

Cien años cumplió la Violeta y en su honor la cultura de la nación del heroico Caupolicán, instauró el cuatro de octubre, fecha de su natalicio como el Dia de la Música y de los músicos chilenos, su repertorio continúa viajando por su patria y por el mundo como lo hizo ella, afamados cantores lo interpretan cautivando multitudes o solitarios, algunos e sus títulos son: “Arauca tiene una pena/ Maldigo el alto cielo/ Run Run fue pa´l norte/ Arriba quemando el sol/ Qué he sacado con quererte/ Qué pena siente el alma/Casamientos de negros/ Al centro de la injusticia/ ¿ Qué dirá el Santo Padre?/ Travesuras/ Porqué los pobres no tienen/ Miren como sonríen/ tal y tal, nosotros la celebramos cantando, lo que sólo la Violeta pudo crear, lo que nos pertenece, los que nos dejó como legado. En su centenario la República de Chile, pueblo y gobierno han programado más de 350 actividades, se han editado cancioneros con su obra, conferencias, coloquios. Se han reeditado producciones discográficas con su voz y sus ejecuciones musicales, bien merecido por ella y por los receptores de su canto. Entonces como forma de unirme a su homenaje comparto otros fragmento de “Elegía para cantar “de Pablo de América, escrita el 19 de enero de 1970: Cuando naciste fuiste bautizada/ como Violeta Parra:

El sacerdote levantó las uvas/ sobre tu vida y dijo/ Parra eres/ y en vino triste te convertirás/ En vino alegre, picara alegría/ en barro popular, canto llano,/ Santa Violeta, tú te convertiste,/ en guitarra con hojas que relucen/ al brillo de la luna,/ en ciruela salvaje/ transformada / en pueblo verdadero/ en paloma de campo, en alcancía./ III Bueno Violeta Parra me despido/ me voy a mis deberes/ ¿ qué hora es?/ la hora de cantar/canto/ cantemos. Feliz cumpleaños y que tus canciones continúen siendo de todos y de Violeta Parra.

POR: MARIO ARTURO RAMOS

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