Sergio Iván Arellano Ramos

TIEMPO NUEVO

Políticos de oídos sordos

El discurso sigue siendo el mismo rodeo, la realidad es muy diferente.  Cada político busca posicionarse como el salvador del pueblo, su gente cercana lo defiende y lo encasilla para apoderarse de una cúpula de poder que solo afecta al ciudadano que honestamente busca participar en el servicio público.

Una parte que no ha quedado lo suficientemente clara, es que el funcionario está para atender al ciudadano, no para atender a sus amigos, compadres y demás personas que representen un beneficio para el mismo. Cualquier persona puede y tiene que ejercitar el derecho de la libertad de expresión, por tanto, están para escucharnos. Si el político no está cumpliendo con su labor, si el político no tiene experiencia y si el político solo está concentrado en sus intereses, es nuestro deber demandar y exhibir al que solo cobra un salario, que por cierto es muy arriba del promedio de una remuneración normal.

Nuestra óptica como estudiantes de derecho y como ciudadanos, versa sobre la falta de confianza en las instituciones y la poca credibilidad del servidor público. Bien ganada. El que nos representa no es un “semi-dios” que debamos alabar y respetar como si fuera una deidad. Es un privilegio y una distinción ocupar un cargo público, desafortunadamente lo toman al pie de la letra, aún y cuando no los elegimos y entran por vía del “dedazo” o en otras palabras, por vía plurinominal.  Las futuras generaciones necesitan crecer con un ejemplo a seguir. De que nos sirve la democracia si solo se ocupa para la simulación y por atrás del telón se monta toda una estrategia para heredar el poder. Estimado lector, el futuro de México no se puede negociar entre ciertas personas, se tiene que formar. Si formamos con rectitud a los jóvenes de nuestro país evitaremos tener gobernadores presos y diputados que exigen jubilación, evitaríamos tener servidores públicos con título nobiliario que rara vez puedes tratar.

Nuestro país forjo sus cimientos con un solo objetivo:  evitar las arbitrariedades y respetar los derechos como persona de todos y cada uno de los que aquí habitamos. Exijamos lo que es debido y removamos a quien solo se sirve del erario. Piensan que son reyes, pero son nuestros representantes. México ya no puede posicionarse como un país de tercer mundo, no es necesario demostrar el enorme potencial de esta nación y sus alcances.  La política desde la antigua Grecia concebía principios que deberían verse como inviolables, retomemos la educación cívica y volvamos a preguntar si estamos haciendo algo por cambiar nuestra situación.

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