Sergio Centeno García

Sergio Centeno García
Sergio Centeno García

Palabra Universitaria

Ideas básicas de la filosofía práctica del Dr. Leonel Ayala (II)

¿Por qué el hombre mantiene relaciones de constante conflicto con los demás? Hay varias razones o causas que explican por qué el hombre no se lleva bien con los otros, pero una de las más importantes es que durante el proceso de socialización o adaptación social, el niño es “enfermado” o alienado y es obligado a alejarse de sí mismo. Esto ocurre debido a que ha vivido desde pequeño en un régimen social que le impide ser él mismo, y en cambio, es obligado a hacer y a ser todo lo que no desea ni le agrada.

Sin embargo, ante el constante empuje de sus tendencias naturales que lo impulsan a ser él mismo, actúa de modo contrario al impuesto por la sociedad y entonces es reprendido, condenado, señalado, castigado o rechazado, y todo esto lo lleva a vivir insatisfecho de su vida, ya que si por un lado actúa como realmente quiere hacerlo, entonces tendrá que actuar a escondidas, porque las metas emanadas de las convenciones sociales son siempre contrarias a sus impulsos naturales y como ha sido educado para buscar la aprobación social, para no perderla y al mismo tiempo ser él mismo será necesario ocultarse de la mirada pública, lo cual por supuesto no lo deja contento. Pero por otro lado, si actúa intentando obedecer y seguir el esquema social establecido, interiormente tampoco queda a gusto consigo mismo, ya que si bien evita así la desaprobación social, padece entonces un rechazo interno emanado de sí mismo, puesto que él bien sabe que eso no es lo que real y auténticamente quería ser y hacer.

En otras palabras, el hombre alienado (todos) se siente altamente insatisfecho de sí mismo, porque ni logra cumplir cabalmente con lo que la sociedad le exige, pero tampoco logra cumplir consigo mismo pues aun en contra de su voluntad, vive encadenado a las necesidades creadas por la sociedad y a sus esquemas.

El problema está en que esta insatisfacción personal y social lo lleva a caer en frecuentes estados depresivos o neuróticos que no pocas veces terminan en agresión contra el otro, la mayoría de las veces con su núcleo social más próximo (esposa, hijos, madre, padre, compañeros de trabajo, etcétera), en el peor de los casos, pero cotidianamente esto se traduce en una mala relación sobre todo con quienes él siente lo rechazan o lo desaprueban.

Otra de las razones por las que el hombre no mantiene buena relación con los de su misma especie, es que el niño al ser obligado por el régimen social a ser y actuar de modo distinto a lo que él auténticamente quiere, pero al mismo tiempo sentirse impotente para rebelarse a ese régimen que lo oprime y lo esclaviza, (no puede conjeturar, criticar y mucho menos agredir a sus padres, al maestro o aquellos que representa autoridad), entonces reprime sus emociones, sobre todo aquellas que lo impulsan a defenderse de quienes lo oprimen, y con el tiempo, acumula dentro de sí una especie de odio reprimido que ya adolescente o adulto, cuando consiga cierto poder físico o de cualquier índole, terminará sacando en forma de agresión, rechazo o neurosis contra los demás.

Otra razón  más es que la sociedad en la que vivimos, donde cotidianamente se trata de competir para ganar y en donde el ganador siempre es aprobado y en cambio el perdedor es rechazado, forma niños (que después serán hombres) inseguros, sin confianza en sí mismos, forma hombres que están buscando constantemente ganar o evitar perder, pero como casi siempre hay pocos ganadores y muchos perdedores, estos últimos en el futuro tendrán necesariamente problemas para relacionarse con los demás. En otros términos, la sociedad con su régimen educativo que alaba el triunfo y condena la derrota, pone más atención en los errores que en los aciertos, y así, al niño y al hombre se le aplaudirá poco un triunfo, pero el error o la derrota, se condenará hasta la exageración. Por esto mismo es que el niño u futuro hombre, aprenderá a juzgarse severamente en los errores, pero a aplaudirse muy poco los aciertos, de tal modo que un triunfo o acierto se le olvidará pronto, pero un error o un fracaso lo acompañará toda su vida. Es evidente que una persona que pone más atención en los errores que en los aciertos, crecerá sintiéndose siempre poco en comparación con los demás, lo cual se traducirá en una baja autoestima que se convertirá en un obstáculo más para relacionarse bien con los demás.

Otra causa más que explica por qué los hombres no se llevan bien con los otros es la obstinada pretensión de querer tener siempre la razón. Ahí donde dos personas con respecto a un tema o asunto cualquiera se niegan a otorgar la razón al otro y en cambio se aferran a tenerla ellos, ahí se dará inevitablemente un conflicto que no pocas veces termina en agresión. Lo grave del caso es que en virtud de que nuestras ideas o posturas solemos quererlas como a nuestros hijos, pensamos que son siempre las mejores, y de esto no se escapa nadie. Pero más que eso, la sociedad nos ha enseñado a aplaudir a quien tiene la razón y a condenar al que no la tiene, y por tanto, es muy difícil que alguien en una discusión o en una disputa por muy pequeña que sea abandone la razón, siempre cree tenerla, y como al otro le ocurre lo mismo, esto deriva necesariamente en una mala relación.

Estas son sólo algunas breves ideas planteadas por el Dr. Leonel Ayala, filósofo dinámico y práctico, por las cuales considera que los hombres y mujeres del mundo no nos llevamos bien entre sí, produciéndose lo que él piensa es la raíz de todos los problemas inter personales e inter nacionales existentes en nuestro Planeta, es decir,  la mala relación o relación inadecuada entre los entes humanos. Y la única salida a todos estos conflictos es sin duda su contraria, la buena relación. En la próxima entrega hablaré acerca de cómo es posible conseguir esta relación adecuada entre los hombres. =Continuará).

 

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