SALVADOR GONZÁLEZ / ENTRE PATADAS Y GRITOS…

JUEGO PROFUNDO

En las últimas semanas han sucedido jugadas y eventos dentro y fuera de las canchas que han desnudado con facilidad la profunda polarización que existe al momento de medir, juzgar o simplemente, dar una opinión respecto a ellas. Y bueno, es normal y sano que cada persona las juzgue de acuerdo con su criterio; pero, lo curioso en estos casos es que la opinión no está basada en la acción como tal, sino en quien la ejecuta.

Esto, de manera individual, nos lleva a tener perspectivas diferentes sobre acciones similares en momentos y/o con personajes distintos y debido a eso, obviamente caemos en incongruencias que nos alejan de la objetividad: Nos polariza. Entendemos que el futbol es tan pasional que es una utopía pedir mesura e imparcialidad, pero no podemos ser tan extremos de juzgar una acción de cierta manera y a los pocos días, juzgarla de otra forma, quitándole o agregándole gravedad solo porque en esta ocasión el personaje es mas afín a nuestras preferencias o conveniencias.

La jugada de Briseño hacia Giovanni Dos Santos es un ejemplo claro de esto. La acción como tal, por lo aparatoso e impetuoso, ha arrastrado un cumulo incontable de descalificaciones personales hacia el defensor; de malintencionado y asesino no lo han bajado e incluso, muchas personas han abanderado el grito de inhabilitación y se vale; si en su criterio esto debiera ser así, claro que vale la pena externarlo. Pero el futbol, a los pocos días, da material para analizar, pero ahora hacia el lado contrario y ahí la mayoría guardo silencio o le quito importancia. En el juego de Cruz Azul vs América, hubo entradas igualmente desproporcionadas; la de Jorge Sanchez, jugador del América hacia los tobillos de Domínguez (que ni expulsión fue) o el artero codazo de Roger Martinez a Baca en la sien, no generaron el mismo ruido mediático que el que se generó una semana antes y eso que ambas jugadas probablemente eran más peligrosas por el grado de lesión que pudieron causar. Igualmente, en el encuentro de Queretaro vs Monterrey, la jugada de Pizarro, donde impacta con los tachones a Jimmy Gomez y que poco falto para una fractura, no tuvo repercusión mediática a pesar de ser claramente malintencionada. Y en ambos partidos, de mera situación anecdótica no paso y los que antes (sobre todo prensa y exfutbolistas ahora en su papel de analistas), se rasgaban las vestiduras, ahora simplemente dicen: “son cosas del futbol”.

Podría ser un tema sencillo y fácilmente olvidable, pero no lo considero tan así, ya que esta manera de evaluar, en base a la persona y no a la acción, pareciera que en algunas ocasiones incluso se ha trasladado a criterios institucionales. Esto, debido a que, si se juzgan y castigan ciertas circunstancias, jugadas o comportamientos en base a las preferencias o conveniencias, corremos el riesgo de alejarnos del orden que nos dan las reglas ya establecidas y a una flexibilidad no sana del reglamento. Por decirlo de otra manera, se presta a los favoritismos.

Pongamos otro ejemplo. El supuesto grito homofóbico: puto, ahora si tiene consecuencias importantes. A pesar de que no considero que de manera real sea un insulto especifico o discriminatorio sobre alguien, es una palabra que no cabe en el deporte y nos guste o no, si como publico continuamos haciéndolo, habrá consecuencias para nuestro equipo y la federación de futbol se encargara de aplicarlas. Pero, a su vez, esa misma federación, palideció y enmudeció ante la gran oportunidad de poner un castigo ejemplar cuando en el calor de la derrota y ante la prensa, uno de los directores técnicos más mediáticos y reincidentes en temas de indisciplina, profirió a manera de insulto directo hacia los árbitros, esa palabra: puto. ¿Y qué paso?, la realidad es que poco o nada, una tibia sanción y una insípida disculpa del DT.

Entonces, ante esto, ¿somos o no somos? ¿Por qué si hay una fuerte campaña de por medio para erradicar esa palabra, se permite que Miguel Herrera la vocifere con facilidad y que el castigo por ello sea insignificante? ¿con que valor moral se exige al aficionado la erradicación de esa palabra? ¿se hubiera castigado de la misma manera si la hubiese dicho otro director técnico? Lo dudo.

Ante la oleada de críticas por esa irrisoria sanción, estoy seguro de que la federación en breve querrá poner el ejemplo, querrá mostrar mano de hierro y aplicará la sanción a algún estadio para reafirmar su posición… si es el caso, ¿tendrá la osadía de castigar el estadio de un equipo mediático y poderoso? ¿O se ira a la fácil con un equipo menos popular? … pronto lo sabremos.

Escribeme por twitter y platiquemos.

@escritorsga

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