Salvador González

JUEGO PROFUNDO

Mundos paralelos. Mundos opuestos

El escritor argentino Jorge Luis Borges, en uno de sus cuentos menciona que todos los pueblos son iguales, que todos tienen las mismas pretensiones y que lo único que los diferencia son sus recursos y lo que hacen con ellos. Cada pueblo se siente diferente y especial, e incluso,  hasta en eso de creer que son distintos y especiales, son iguales.  Y a veces creo que tiene razón. Y es que si lo analizas un poco, cuando piensas en cualquier pueblo o ciudad y lo comparas con el tuyo, hay aspectos en los que te identificas ya que encuentras aspectos similares, por ejemplo, en todos los pueblos hay tienditas en las esquinas; en todos hay un viejo que cuenta cuentos y da consejos, hay fiestas patronales, plazas para ir a dar la vuelta, glorietas, niños corriendo en los parques y campos de futbol llaneros, etc. Ante estas situaciones obvias es difícil contradecir lo de Borges. Y sin embargo, a pesar de todas las similitudes, siempre cada uno de nosotros, en nuestro interior, seguimos pensando que no, que no son iguales, que nuestro pueblo es mejor y tiene algo que los demás no tienen, algo que, pase lo que pase, nos hace regresar cada vez que podemos.

Muchas veces hemos hecho el ejercicio mental de comparar a nuestros equipos de futbol con otros de otra liga, realizamos el ejercicio de imaginarnos en qué lugar se situaría nuestro equipo de futbol en una liga extranjera. Comúnmente y abusando de un desbordado positivismo, creemos que harían un papel más que digno o que incluso tendrían una participación destacada; nos gusta compararnos con los grandes. Cuando lo hacemos, comparamos nuestro futbol y nuestros equipos con ligas más desarrolladas y equipos poderosos y regularmente dicha comparación la hacemos con la liga española. ¿Por qué no nos comparamos con ligas más pequeñas? ¿Por qué no nos comparamos con alguna liga centroamericana o sudamericana? No, así no nos sabe bien ya que ahí nos imaginamos que nuestros equipos llegarían a romper la liga y así, (según nosotros) no tiene caso compararse.

Siendo sinceros, en realidad no tenemos factores como para intentar compararnos con los equipos de la liga española. La diferencia es tremendamente abismal; casi como la que nosotros imaginamos tener con respecto a las ligas centroamericanas; y por esa razón, todos esos ejercicios mentales son casi siempre ociosos. Con cierta gracia y ternura, observo como algunos medios de comunicación en Monterrey comparan a sus equipos con los equipos más poderosos de Europa, y sorprendentemente, dentro de sus pasionales análisis, sus equipos y jugadores nunca quedan mal parados.

La vida y el futbol son caprichosos y fruto de eso, en algunos momentos suceden cosas similares  y es inevitable no ejecutar el ejercicio de comparación. Por ejemplo, La semana pasada, tanto en la copa, como en la liga, se dio el enfrentamiento de los dos equipos más populares de la liga española (y del mundo), Barcelona – Real Madrid; y curiosamente, en nuestra rocambolesca liga mexicana, una semana después, en las mismas instancias se dio el cruce de los dos equipos más populares de México: Chivas – America.

Si hablamos de la calidad de los jugadores, el resultado de dicho ejercicio de comparación  es aplastante y  doloroso y de cierta manera no tiene ningún sentido hacerlo. En ninguno de los 22 jugadores de nuestro “clásico” existe la calidad para estar en las filas de los equipos del “clásico” español y si comparamos la actitud de los jugadores, seguimos encontrando diferencias enormes.  En España, el Barcelona salió victorioso en ambos encuentros; en uno de ellos mostró pegada efectiva y en el otro mostró un juego más estético, efectivo y virtuoso y su rival, El Real Madrid, a pesar de mostrar destellos prolongados de calidad,  fue señalado fuertemente por la prensa española, se le criticó que algunos jugadores tuvieron poca ambición y sobre todo, se criticó el desorden y estilo de juego que mostraron, mencionaron que nada de eso es digno de un club con tal envergadura e historia. La prensa y su público cuestionan y recuerdan las malas decisiones de la directiva dejando ir a su jugador más importante a Turín, se criticó el poner a entrenadores que al parecer no entienden lo que significa estar al mando de ese equipo; directivos orgullosos que toman decisiones pensando en todo, menos en el éxito y en la continuidad deportiva. … ¿y aquí en México? dos partidos con una calidad mediocre, jugadores sin corazón, partidos miserables tácticamente hablando. En los dos partidos, el America con un futbol escaso fue merecido e inobjetable ganador y las Chivas, con una directiva de risa siguen dando pena. Una directiva igualmente cuestionada por la prensa y sus aficionados por las decisiones en cuanto a la venta de jugadores emblemáticos y la salida por la puerta trasera de un director técnico que estaba totalmente identificado con el club y directivos con afán de protagonismo en twitter. Las Chivas no solo en estos dos partidos, sino en las últimas temporadas, con un estilo de juego pavoroso se han convertido en un especialista en romper el corazón de sus aficionados.

Perder o ganar un clásico es una oda a la exageración. La línea entre ser el mejor y el peor es muy delgada, no hay medias tintas. Este tipo de partidos te convierten en el mejor o en el peor en cuestión de minutos. Hace una semana, el Madrid seguía vivo en sus  competencias. Hace una semana el Guadalajara seguía vivo en sus competencias, y hoy, ambos equipos están prácticamente sin posibilidades de ganar algo en esta temporada. A pesar de la opulencia y campeonatos de su club, el aficionado del Madrid ha tenido una semana funesta. A pesar de los campeonatos e historia de su club, el aficionado de las Chivas ha tenido una semana funesta. Te llames Real Madrid o Chivas las derrotas duelen y el aficionado las sufre.

Si trasladáramos las palabras de Borges al futbol sería lo mismo: los equipos de futbol son iguales en todo el mundo, todos tienen las mismas pretensiones: Ganar. Lo único que los diferencia son los recursos y las formas para hacerlo.

America y Chivas son iguales. Real Madrid y Barcelona son iguales. Monterrey y Tigres son iguales. River y Boca son iguales. U de Chile y U Católica son iguales. Gallos Blancos y San Luis  son iguales… Y nosotros, los aficionados, en nuestro interior, seguimos pensando que no, que nuestros equipos no son iguales, que nuestro equipo es mejor y que tiene algo que los demás no tienen, algo que, pase lo que pase, nos hace regresar a ellos cada vez que podemos.

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