Sabino Medina

DESDE LOS BALCONES

Encuentro de López Obrador y Mike Pompeo

Sorprendente, en verdad, la sencillez con que acudieron a una “modesta” y vieja casona de una de las calles, también añosas, de la antigua Colona Roma, de la Ciudad de México, lugar de residencia de las familias “poderosas” de aquel entonces en México

Doblemente sorprendente que un personaje de la vida política internacional, Mike Pompeo, Secretario de Estado del Gobierno Norteamericano, hayan llegado hasta ahí y bajo que circunstancias tan excepcionales de la política internacional, acompañado o acompasado por un séquito de poderosos funcionaros de nuestra potencia imperial vecina.   

Ni la prensa nacional e internacional ha querido o ha podido dimensionar el acontecimiento. ¿Cómo es que un poderoso y arrogante Secretario de Estado, por sí mismo y por el cargo que ocupa y representa, de pronto se apersone con su Comitiva a esa  llamada “Residencia” de antaño, para sentado al centro de los filas de sus acompañantes, realizar el primer encuentro con Andres Manuel López Obrador, virtual Presidente de México, sin que lo sea todavía por las formalidades escritas; pero ahí ya de lleno, de plano apersonado en la historia  así admitido por sus poderosos visitantes.

Encuentro cordial de principio a fin, relajado y distendido con sonrisas y cordialidad a flor de piel, propias de la usanza diplomática más acendrada. ¡Ver para creer!

Dirían algunos, pero las cosas sucedieron así y no se alcanza todavía a entender su significado y signos políticos.

Algo que llama la atención de ese encuentro, es el lugar y las circunstancias, lo mismo que los detalles puestos en la sala donde se saludaron AMLO y Mike Pompeo.

En primer término, se ve la efigie de un cuadro de Benito Juárez, puesto al fondo de la pequeña estancia, luego abajo, puestas en una modesta mesa, alineadas se miran varias estatuillas, por delante a la izquierda la del general Lázaro  Cárdenas del Río, luego otra que parece ser la de Emiliano Zapata, en seguida la don José María Morelos y Pavón, “El Siervo de la Nación” como se le conoce, en seguida otra que no alcanzo a identificar y, al final, la gran efigie ecuestre de Francisco Villa.

¿Qué reporteo, si los hubo, registro estos detalles donde se hayan condensados los personajes y los hechos de nuestra historia? No lo sé, como tampoco si alguien reparó en ello.

La historia no busca a nadie, te encuentras en ella, con ella, lo quieras entender o no. En la reflexión propia yo contrasto la reunión de AMLO Y POMPEO, con la de los gobernadores de los Estados (CONAGO) que estuvieron con Andrés Manuel López Obrador y el mar de reservas, cruce de miradas, sospechas, reticencias y cálculos que se vieron a la cara en cada uno de esos gobernadores, dos de ellos que no quisieron o no pudieron concurrir al encuentro, amparados en aquello, “ de que todavía no es declarado Presidente Electo” y bajo está misma conseja formal abstracta, se amparan infinidad de calculadas hipocresías de clase y comportamientos  de quienes se saben privilegiados ante todo y por todo.

La historia ya ocurrió y seguirá discurriendo del modo que sea, y no es el lugar y  el momento para que alguien se las cuente y pase revista pormenorizada de lo que ya pasó, sigue pasando y así ocurrirá. Ni modo.

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