Sabino Medina

DESDE LOS BALCONES

Simplificar las formas del federalismo ostentoso y sus sujetos

La propuesta del presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, ha pegado en los pilares más visibles de los diferentes núcleos oligárquicos, cuya cáscara burocrática radica en la multiplicación en una casta de poderosos privilegiados, que han crecido al amparo del crédito público, interno y externo, que tiene su reflejo en el Presupuesto Federal de todos los años.

Nada tiene de atentatorio ni de menoscabo de la soberanía de los Estados de la República, pero algunos personajes de la vida pública y política, han puesto el grito en el cielo por esta medida de control federal en cada entidad alegando sofismas y argumentos sin fin, para que no se afecte sus parcelas de maniobra a expensas del gasto público federal del que tradicionalmente dispusieron algunos mandatarios, no todos, pero la excepción es parte de la regla.

A nadie se le oculta que atravesamos por una crisis económica y social, y que algunos de sus efectos habrá que paliarlos y suavizarlos al menos: quitar las altas percepciones de los altos cuadros de la burocracia; hay que reducirlos y suprimir cargos y puestos, eso es algo tan elemental de entender, ante la exigencia de que los intereses generales de la población y que tutela el Estado, efectivamente se amplíen y se cumplan con mayor eficiencia.

Un intento de austeridad republicana es lo que se quiere con estos cambios, pero los privilegios y prebendas que han sentado sus reales, desde hace años, en la administración pública federal, en desmedro de los objetivos sociales, por lo pronto ha puesto el grito en ese cielo encantador de los gastos de representación, viáticos, choferes, automóviles último modelo  el contratismo de obras  servicios, asesorías ficticias, etc.

El diferendo tiene una fuerte raíz económica, que los distintos estamentos burocráticos fingen ignorar. Esta reorganización del aparato federal en todos los Estados, la deforman y disfrazan de mil maneras para que sus enclaves de poder  de beneficios no experimente un ajuste; pero las circunstancias por las que atraviesan las dependencias federales en todas las entidades, donde los servicios no llegan y se han tornado deficientes, se advierte en todos los ámbitos de la salud, el agua, la educación pública y los bajos salarios de esos sectores y su falta de seguridad y expectativas de retiro y pensiones aseguradas.

Estos es, en síntesis, parte de los cuestionamientos que se le hacen a la propuesta del Presidente electo por el voto popular, Andrés Manuel L´pez Obrador, aparte de otros odios enfermizos larvados con que intenta frenar el impulso renovador frente a los desafíos de todo tipo que sobrevendrán a esto y todo lo sea democratizar el país entero.        

Para qué hacer una narrativa sociológica de todos nuestros males y vicios que padecemos por la falta, entre otras cosas, de un Estado Moderno, al que no hay que confundir como apéndice de la capitalización extranjera bajo la equivocado planteamiento de que ese capital foráneo lo es todo, un semidios de la pobreza,  el abatimiento social y político del país entero, con sus mandarines sexenales en turno y sin tiempos políticos. Expresado en este contexto, es de advertirse que los empresarios nacionales y extranjeros, lo entenderán cabalmente mejor frente a sus cuotas de ganancia a la baja en el marcado.

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