Sabino Medina

DESDE LOS BALCONES

Política: ¿Valen mas las demostraciones que las estimaciones?

Breve recuento preelectoral objetivo y subjetivo.

Seremos sintéticos. Existen candidatos nominales, porque los nombran o designan, y  candidatos reales con trayectoria propia, partidaria o no, pero firmemente afincados en la sociedad y en la conciencia de ésta.

La mayor demostración en la política es la capacidad de movilización popular, es decir de amplios sectores de clase y de abajo a arriba de la población.

Con Cuauhtémoc Cárdenas hubieron de quemarse padrones electorales enteros y de frenarse el proceso interno de computación electoral, a fin de alterar el resultado; también, para diversa contienda electoral, se reelaboró el padrón electoral nacional, de manera que distritos electorales que registraban 75 mil electores, hubieron de pasar a tener 150 mil electores, sobre esta base se logró la victoria de Ernesto Zedillo, sobre el hijo del general Cárdenas.

Prevalecían entonces otras circunstancias internas e internacionales; hoy son otras las condiciones; ¿cómo cuáles? Las fuerzas productivas del país eran, hasta entonces, el petróleo, el gas, el crédito público interno y externo, el agua y las organizaciones de trabajadores y campesinos, debilitadas y todo, pero viviendo en ese marco productivo. El peso por dólar sin tres ceros, se cotizaba en 12X1, hoy casi es el doble y los energéticos, la gasolina, entre ellos, el litro valía 3 pesos; hoy cuesta 19 pesos con tendencia al alza.

En el año de 1980 teníamos una deuda de 20 mil millones de dólares, sólo en campo energético, petróleo; hoy tenemos una deuda de 500 mil millones de dólares, que se expresan en valor en pesos de 10 billones y el precio internacional de nuestro petróleo vale 60 dólares, pero se produce con capital deuda dólar y cuya ganancia se distribuye en el lugar que nos corresponde en la producción mundial del mismo.

A muy grandes rasgos esas son las condiciones de producción y de vida en que vivimos los mexicanos, la mayoría de los mismos; esto, entre otros factores, es lo que se refleja en la superficie de la contienda presidencial del 2018.

¿Es fácil ignorar esta realidad y no tomarla en cuenta, independientemente de los resultados aritméticos de la contienda electoral, “haiga sido como haiga sido en el año 2006 y antes en el 2000? Los “triunfos electorales” que se anotara el PAN, se debieron más que nada a la firma conjunta de los compromisos del Fobaproa, como lo inmediatamente anterior sucediera con la caída de las Casas de Bolsa, pasivos que engendraron la descapitalización y el posterior incremento del endeudamiento público.

Hoy se miran acumulados y potenciados estos procesos de la falta de crecimiento y empobrecimiento nacional, más otros factores adversos del capitalismo mundial y de nuestra relación desventajosa con el mismo, no fácil de sortear.

¿Qué hacer frente a esta realidad? ¿Enredarnos otra vez en una conflictiva electoral sin sentido, en tanto las cosas empeoran sin un TLCAN y ante la necesidad de crecer hacia dentro y luego intentar ganar terreno en el mercado mundial?

Porfirio Díaz creyó que con la Ley de Terrenos Baldíos y el deslinde de tierras, podría sobrevivir frente a la primera crisis imperialista de finales del siglos XIX y principios del XX, concertando créditos con  Alemania y Francia, en tanto EU apremiaba por la transformación de un mercado capitalista en México y no el mercado de tierras y peones acasillados que no sobrepasaba una población total de 15 millones de habitantes.

Hoy estamos frente a un ciclo de crisis económica mundial, crisis de valorización del capital accionario industrial, comercial y especulativo nunca visto.

¿Qué hacer frente a esto? ¿Continuar con los mismos parámetros de descapitalización y transferencia de valor especulativo en todas las ramas de la economía, especialmente del sector industrial, agropecuarias, mineras y energéticas?

Este es el verdadero dilema nacional e internacional que tenemos enfrente y no las elecciones presidenciales, resuélvanse como se resuelvan, pero sin que signifiquen el atropellar a las fuerzas subjetivas populares que, a pesar de todo, buscan mejorar sus condiciones de vida y de trabajo en el marco del Estado Mexicano.

¿Es mucho pedir y exigir que esto suceda y se permita democráticamente? Yo creo que no y pienso que a todos conviene esto último, incluso hasta a los sectores mayormente beneficiados y con más poder de capitalización; también los grupos oligárquicos quedan englobados en un compromiso así: DEMOCRATIVO ELECTORAL.    

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