Sabino Medina

DESDE LOS BALCONES

El TLCAN y la sucesión presidencial

El centro de gravedad político internacional tiene que predominar sobre los diferentes centros en donde giran las economías nacionales. Ni modo de escapar de esta realidad.

Algo no empata, o no concuerda, entre el cambio de poderes, no de sistema, en EU, con lo acontecido en México y sus llamadas reformas estructurales. ¿Qué círculos de la economía capitalista que nos domina y predomina, aconsejaron e impusieron la entrega de los yacimientos petroleros?

¿Fueron las transnacionales del petróleo mundial, o los centros financieros bancarios y crediticios, donde se valoriza especulativamente ese capital?

No lo sabemos y nadie nos lo va a decir, pero “haiga sido como haiga sido”, nuestra clase política, nuestras élites oligárquicas pudieran haberse equivocado en esa instrumentación ante un relevo de poder en la Casa Blanca que pocos previeron y, aunque los hubieran previsto, es casi imposible conocer qué urgencias y apremios capitalistas pudieran estar guiando la política comercial y crediticia del Imperio.

Un ejemplo, si Rusia hubiera hecho con su petróleo, lo que nosotros hicimos y hacemos  con el nuestro, esa potencia no estaría contando en el medio oriente, ni en Asia. Pero la geopolítica de una y otra región, de un país y otro, son diametralmente opuestas. Las burguesías también lo son, sin perder su carácter y significación de clase en el campo internacional.

La relación de México con los gobiernos de Bush, padre e hijo, lo mismo que con Clinton y luego con Barack Obama, fue una relación de entendimientos tácitos y de total predominio de los intereses en turno en cada uno de esos gobiernos en la Casa Blanca. Ni modo de no ver y no atenernos a esa realidad.

¿En dónde radica la fisura y el desacuerdo, si es que los hay con cada uno de estos gobiernos? Al parecer estriba en la subsidiaridad en todo de nuestras propias fracciones gobernantes o aspirantes a gobernar, condición que se impuso y se ramifica de facto con los grandes capitostes nacionales nuestros, todos ellos hechos a imagen y semejanza del crédito mundial y de la tasa media de beneficio del mismo.

El PAN se echó en brazos de las corporaciones españolas, las que si bien giran en torno al capital bancario mundial, no por ello evitaron una crisis especulativa de las que no se han recuperado del todo. Cataluña es un reflejo político de lo que aquí se dice.

Pero llega un momento en que el centro capitalista mundial, no está dispuesto a que cada economía nacional se enganche por su cuenta a otros centros capitalistas, mediando el consecuente reparto de renta y beneficios internacionales, en desmedro de Norteamérica y su sistema.

Nos lo diga bien o mal el Presidente Trump, México se ha convertido en un “socio” incómodo o, por lo menos, la óptica de las cuestiones económicas de uno y otro país no concuerdan, por algo se ha diferido la firma del TLCAN y todo indica que esto pudiera prolongarse hasta después del 1º de Julio de 2018.

Hay demasiadas golondrinas en el Rancho de Fox y otras tantas con Salinas de Gortari. ¿Qué cartas económico políticas preferirá jugar el Presidente Trump con México? Jugará sus propias cartas, nos guste o no, le convenga o no, en particular, a sus socios menores, Canadá y México. Por eso la sucesión presidencial es todo un enigma, sobre el procedimiento y la forma como se tenga que resolver.

Si Trump ganó en EU, “haiga sido como haiga sido”, en nuestro país, la perra política electoral mexicana bailará también al son que lo toquen esos intereses.

México tiene una deuda del tamaño de su PIB anual, 10 billones de pesos, 800 mil millones de dólares más lo que se acreciente con la devaluación, en tanto que nos empeñamos en levantar negocios inmobiliarios, aeropuerto de por medio, etc.

¿Qué nos pasa? Diría un comediante nuestro, en uno de sus personajes caricaturescos de nuestra realidad.

Mientras tanto, las campañas presidenciales siguen como si fuera una carrera de galgos cansados, sordos y ciegos, sin que en el yermo de  nuestro país se vea correr  liebre alguna, como no sean  los imaginarios spots por millones, en medio de la pirotécnica verbal de aprendices de brujo que dizque debate, como los sabios de Constantinopla, antes de cayeran sus murallas a cañonazo limpio.

Sócrates no dialogaba en montón con sus interlocutores, sino que siempre lo hacia uno por uno y conducidos paso por paso, tema por tema.

Calígula hizo Cónsul a su caballo; aquí, nosotros, hacemos a nuestros hijos gobernadores y a la consorte, candidata presidencial. Otra vez: ¿“Qué nos pasa”? Otra cosa es la plaga de chapulines electorales que más bien parecen vampiros plurinominales y de eso rebosarán las cámaras legislativas. Otra vez.

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