Sabino Medina

DESDE LOS BALCONES

La sucesión presidencial, ilusión formal de Estado

¿Por qué tiene este fenómeno político tal formalidad estadística, replicada una y otra vez con encuestas abstractas?

Si no fuera así, habríamos de presenciar campañas presidenciales tan enconadas, como las que librara la derecha personificadas entre Juan Andrew Almazán y don Manuel Avila Camacho, de otro modo repetida en la contienda que libraran Miguel Henríquez Guzmán y la no tanto polarizada que tuvo lugar entre Miguel Alemán y Ezequiel Padilla. El, PAN  apenas si figuró en estos procesos, al Gual que la candidatura testimonial del talentoso Vicente Lombardo Toledano.

El Estado Mexicano le daba a estos procesos un matiz democrático de continuidad del proceso democrático burgués que se expresaba en la Reforma Agraria, la electrificación del país, en la política de comunicación y el gradual aprovechamiento de la electricidad y el petróleo; por eso los procesos sucesorios del poder presidencial, si bien se enconaban hasta cierto grado a nivel popular, tales campañas significaron cierto redimensionamiento político a tono con el crecimiento económico nacional. También hubo retrocesos reaccionarios, denominémoslos anti agrarios y anti obreros, represivos en una palabra, procesos que se fueron acentuando a medida que el Estado Mexicano empezó a depender del crédito mundial y sus intercambios con el exterior se centraran en unos cuantos productos: Azúcar, petróleo y minerales industriales, etc.

La crisis de 1929 que se prolongara hasta la década de los 40 y 50,  en cierto modo favoreció al desarrollo nacional y esto convino que ocurriera así, dado que la contradicción con la URSS, tuvo su reflejo fundamental con Europa y luego en Asia con la guerra de Corea y luego Vietnam; después de tales contradicciones en donde los países latinoamericanos soportaron gobiernos duros y sanguinarios; en tanto México continuó su gradual transformación sin que la derecha nacional tuviera mayores asideros internos e internacionales.

Las crisis económicas de la década de 1970, que se anuda con las que experimentó al capital por los años 1980 y, finalmente la crisis de 1998, pusieron punto final al desarrollo más o menos independiente de México, dentro del fenómeno de acumulación interna de capital, ciclos que se cerraron para dar acceso a los fuertes endeudamientos externos y la privatización de más de mil 200 empresas, cuyos activos y pasivos. pasaron a endeudamiento externo. Secundados por el crédito interno y la desvalorización del peso, proceso este último que se ha acentuado.

La derecha nacional aupada por el capital mundial, aprobó el Fobaproa, esto mismo marcó la caída de la URSS y de las economías del Este de Europa de economía planificada, los que tuvieron  que ceder ante el empuje del capital Alemán, Francés e inglés, con fuerte composición de inversiones directas norteamericanas.

Frente a estos procesos, México dio pasos atrás desistiendo de alcanzar un desarrollo propio e independiente al modo del concurso mixto entre la inversión pública y la privada.

Los gobiernos de Reagan y de los dos Bush, al igual que sus transiciones de poder entre demócratas y republicanos, se fijaron como objetivo la descapitalización nacional de la economía mexicana y lo propio hicieron frente al resto de los países mal llamados en desarrollo o del tercer mundo.

Para ello hubieron de reanimar a las clases subsidiarias de derecha, abriéndolos espacios directos de negociación económica y crediticia, que englobó lo político y de este modo nos recetan dos gobiernos sucesivos, sino tres, mismos que crearon las condiciones para que la derecha ascendiera al poder y desmantelara la renta agrícola, la banca, los caminos, el petróleo, el gas y la electricidad, hasta perder toda posibilidad de iniciar todo ciclo de reproducción económica que no ´pasara por los circuitos de la economía global, como le llaman a la actual dependencia comercial, crediticia con todo lo que le acompaña de adverso.

Por eso las candidaturas presidenciales se ciñen al cartabón que le dictan las condiciones mundiales del capital financiero hoy en aprietos otra vez; por eso el costo elevado, inflacionario de los insumos energéticos, en tanto agoniza Pemex, la CFE entre una vorágine de contratismo privado trasnacional a cuenta de nuestro país y sus pasivos de deuda que suman 10 billones de pesos.

¿Qué campaña o candidato presidencial puede abordar o insinuar siquiera el tema de la raíz de nuestros problemas, como no sea volatilizar todo en los conceptos de inseguridad y corrupción, como si todo ocurriera en la esfera de un Estado político disminuido, atrofiado, desalojado y alejado de los procesos que conforman las condiciones sociales y políticas de un país, reduciendo todo el proceso de esta artificial contienda a cifras de encuestas y publicidad adulterada a más no poder. ¿Quién y cómo se podría frenar y acaso revertir tal tendencia congénita al capitalismo financiero y sus soportes accionarios globales?

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