Sabino Medina

DESDE LOS BALCONES

18 de marzo 1938, General Lázaro Cárdenas del Río: Presente

Desde la década de 1980, que yo recuerde, hemos asistido y ha asistido, al Monumento a la Revolución, miles de mexicano a recordar la gesta expropiatoria del petróleo, llevada a cabo por los trabajadores de esa rama industrial, con el gran expresidente a la cabeza de ese enorme proceso, el más importante quizá de la historia de México, por tratarse de la poderosa fuerza productiva de uno de los recursos más caros a la vida transformadora del país.

Pemex es importante, como cristalización industrial, transformadora de una riqueza natural unida a la cuagulación del trabajo que se suma a una de las mejores administraciones públicas y políticas que ha tenido la república y el país.

Han desfilado miles, cientos de miles ante el recuerdo no suficientemente reconocido de quien fuera uno de los hombres más sencillos, modesto y dotado de una gran firmeza y honradez, como lo fuera durante toda su vida el general Lázaro Cárdenas del Río.

Me enorgullece haber pasado por los Internados de Primera Enseñanza, para Hijos del Ejército, el número 9 de mi tierra, que llevó el nombre del general J. Trinidad García de la Cadena, ex gobernador de Zacatecas y buen combatiente al lado del General Felipe Berriozábal y correligionario del General Jesús González Ortega, quien derrotara en Calpulalpan a Miguel Miramón. A esas generaciones de mexicanos excepcionales pertenece el general Miguel Auza, también gobernador de Zacatecas y quien protegiera a don Benito Juárez, en una memorable fuga y estratagema de camino con que despistaran al propio Miramón, que tan tenazmente persiguiera al Indio de Guelatao.

Lázaro Cárdenas del Río es un gigante histórico desde el ángulo que se le quiera ver; hay buenas semblanzas y biografías del hombre de Jiquilpan, pero todavía resulta insuficiente la investigación histórica para justipreciar en todo lo que va le y significa el gran hombre que naciera en Michoacán y que pertenece al país y a Latinoamérica como lo escribiera el bardo Pablo Neruda, como general de la huelga y el petróleo.

Hoy lunes 18 de marzo del año 2019, estaremos reunidos en memoria del General de Jiquilpan, del hombre que por su buena letra fue designado secretario del general García Aragón, alguien que luego influyera en los debates de la Convención de Aguascalientes, donde tantas gentes advirtieran las diferencias entre un Francisco Villa, Ángeles y Natera, enfrentados a Carranza, Calles y Obregón.

Son diferencias de clase, reflejadas en esa pequeña burguesía en embrión, procedente de todas las latitudes del país; hombres arrancados del anonimato feudal innombrado, intocado, pequeños rancheros algunos, mineros, peones y labriegos casi todos, incapaces de burlar la historia con proclamas y partidos políticos inexistentes o mal hechos.

Con Carranza militaron generales del tamaño de Francisco J. Mújica, hombre influyente en el quehacer político del general Cárdenas; Lucio Blanco, autor del primer reparto de tierras de la hacienda de Feliz Díaz, sobrino del dictador y gran protagonista del golpe de la Decena Trágica perpetrado contra Madero.

Lázaro Cárdenas del Río, nacido en el año 1895, año en que se publica el Segundo Tomo del Capital, apenas un año antes de que falleciera Federico Engels.

Engels y Carlos Marx constituyen otra de las grandes afinidades históricas, tan intensamente vividas y protagonizadas, como lo fuera la amistad que uniera al General Cárdenas del Río y a Francisco J. Mújica, el hombre de Tingüindín, pequeña población alejada y perdida por los rumbos de Cotija, Michoacán.

Acompaña al general Lázaro Cárdenas del Río, su compañera de Tacámbaro, extraordinaria mujer que tanto hiciera y colaborar por el buen desempeño que en la historia tuvo su compañero y esposo. Ella fue quien concurriera a todos los actos alusivos a la vida del general Cárdenas y la que con su presencia daba un toque de gran solemnidad en la guardia que se le hace al Presidente Mexicano, para muchos un presidente excepcional por su resonancia internacional al frente del Comité por la Paz y su defensa y fidelidad a la causa de los trabajadores ferrocarrileros y estudiantes de Politécnico metido en aprietos por la contrarrevolución que siempre se da en consonancia con la mediatización de todo proceso revolucionario que les preceda.

En cierta ocasión, sorpresivamente, al entrar en la vivienda de estudiantes compartido, en las calles de Rébsamen 543, Colonia del Valle, ví parado solo, en medio de la calle, en el camellón al general Lázaro Cárdenas del Río.

Me quedé estupefacto contemplándolo sin acertar a tomar la decisión de ir a saludarlo. Ese episodio no lo puedo olvidar, lo mismo que perdonarme la omisión frente a esa ocasión. Con esto resumo la profunda devoción de respeto y cariño que siento por el hombre más importante del siglo XX y de los que vengan, SI ACASO. Me canso ganso.

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