Hoy domingo, Ariadna Montiel asume el control de Morena con una dirigencia nacional débil y un partido confrontado al interior, rumbo a la elección de 2027.
Lo hace también en medio de escándalos, no sólo por los excesos en lujos y acciones autoritarias de algunos de sus cuadros, también por los señalamientos contra morenistas por sus presuntos nexos con el crimen organizado.
La orden de la Presidenta Claudia Sheinbaum de enviar al partido a la funcionaria que controló un billón de pesos anuales para programas sociales a 20 millones de mexicanos provoca la preocupación y descalificación de la Oposición y académicos, por el uso clientelar de esa institución.
Sin embargo, al interior, una decena de morenistas consultados, entre ellos legisladores, ex integrantes de otros comités nacionales y líderes locales señalan que “empatar” la estructura gubernamental y partidista logrará “el engranaje” perfecto para la elección del próximo año.
Además, afirman, deberá hacer una mancuerna eficiente con Citlalli Hernández, quien se encargará de la relación con los aliados.
Al interior, ambas deberán resolver, principalmente, la confrontación interna por las candidaturas a 17 gubernaturas. Montiel deberá dar manotazos para hacer respetar reglas y frenar excesos. Así como conciliar y escuchar a la mayoría de los liderazgos, tanto los de cepa morenista como “los rescatados” de otros partidos.
En la elección del 2027, Morena tiene el reto de mantener la mayoría en la Cámara de Diputados, ratificar 13 de las 17 gubernaturas que están en juego y arrebatar a la Oposición alguna de las otras cuatro.
Aseguran que tienen posibilidades en Nuevo León y Chihuahua, y reconocen un panorama complicado en Aguascalientes y Querétaro.
También deben elevar el número de Alcaldías, pues actualmente gobierna unos 900 municipios, sin los aliados.
Sin embargo, la primera misión de Montiel será la elección de Coahuila, el próximo 7 de junio, donde, reconoce, de los 16 distritos en disputa, hasta el momento tienen una ventaja real sólo en dos.
UNA DIRIGENCIA DÉBIL
En septiembre de 2024, la elección de Luisa María Alcalde, quien era la Secretaria de Gobernación, como dirigente de Morena, y del hijo del ex Presidente Andrés Manuel López Obrador, Andrés Manuel López Beltrán, como secretario de Organización, generó gran expectativa.
Sin embargo, afirman morenistas, aunque lograron rehacer su caótico padrón de afiliados y elevarlo a casi 13 millones de militantes, así como crear 71 mil comités seccionales, descuidaron la convivencia interna. Para empezar, aseguran, ambos tenían una mala relación, cada uno realizó giras de trabajo por su lado.
La percepción es que ambos fracasaron en sus primeras elecciones, de Veracruz y Durango, en junio del 2025. Aunque ellos aseguran que ganaron en número de votos y municipios importantes.
En el último año y medio, los escándalos en Morena se multiplicaron, y Alcalde reaccionó tarde a casi todos. La acusan de no frenar las campañas adelantadas ni la intromisión de Gobernadores en su sucesión; no impulsar castigos por los excesos en lujos; y desairó escuchar liderazgos locales.
Además, consideran, sus “circunstancias personales” también influyeron en su remoción.
¿Y EL DESTINO DE ANDY?
Para los morenistas, el futuro de López Beltrán es incierto. Algunos aseguran que al ser Montiel “consentida” de López Obrador, lo mantendrá y podrán hacer mancuerna.
Sin embargo, otros advierten que podría anunciarse su salida después de la elección de Coahuila.
Existe coincidencia en que fue un desacierto su designación. Al interior se pensó que estar arropado por el nombre de su padre bastaría, pero, afirman, se le ve “a disgusto” en el puesto. Y no ha logrado quitarse de encima las críticas por su viaje a Japón.
ALIANZAS CON PVEM Y PT
Para los morenistas, en la salida de Alcalde sí influyó su falta de operación con el PVEM y PT en la reforma electoral. Además de que minimizó las fracturas en Veracruz y Durango, lo que provocó que liderazgos locales fueran candidatos de esos partidos y ganaran.
Ahora, Montiel y Hernández deberán garantizar que la repartición de candidaturas no se subestime a líderes locales para favorecer a aliados, además de “conformar” a quienes no alcancen posiciones.
Líderes del PVEM y PT consultados aseguran que la relación con Alcalde “no era mala, pero sí lejana y no había fluidez en el diálogo”.
Ahora, confían, que Hernández, quien será la voz de Sheinbaum en las negociaciones, les dé el peso que tienen.
Ven uso de Bienestar rumbo al 2027
Para politólogos, el traslado de Ariadna Montiel de la Secretaría del Bienestar a Morena es una estrategia para intensificar el uso de los Servidores de la Nación en la promoción del partido.
Gustavo Martínez Valdés, profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, advierte que en política no existen “las coincidencias”, sino “las claras intenciones”.
“Buscan un control territorial, tiene acceso a los padrones (de beneficiarios), a la estructura gubernamental, conoce a detalle cómo está repartida la sociedad, sabe quiénes reciben y con quiénes puede negociar”, afirma.
El politólogo de la UAM, Luis Eduardo Medina, asegura que como operadora de los programas sociales, que se reparten a más de 20 millones de mexicanos, sabe en qué comunidades están los votos seguros y las estrategias a ejecutar.
“Conoce a detalle la aplicación, distribución y organización de la estructura de los Siervos de la Nación. Lo que falta ver es si logrará trasladar esa estructura de carácter administrativo a una organización partidaria. Eso no siempre ha sido fácil ni es tan sencillo de llevar a cabo”, indica.
Por su parte, el investigador de Estudios Políticos del CIDE, Javier Aparicio, advierte: “Hoy el presupuesto de programas sociales es mayor, y la rendición de cuentas mucho menor que antes. ¿Cómo sabremos si los programas sociales no se controlarán ahora desde el partido?”.
Los tres coinciden en que la Presidenta Claudia Sheinbaum removió a Luisa María Alcalde porque no le garantizaba eficacia en las elecciones federales y locales de 2027, y una vez que cerró el periodo legislativo, lo más importante es la organización de dichos comicios.
“Viejas prácticas se repiten en el nuevo partido gobernante: una línea borrosa entre partido y gobierno. La puerta giratoria, o escalera ascendente, entre cargos de elección popular, puestos clave en el gabinete y las cúpulas partidistas. La designación unipersonal de dirigentes y candidaturas”, añade Aparicio.
También perciben que durante el año y medio que Alcalde estuvo al frente de la dirigencia, hubo un enfrentamiento directo con Andrés Manuel López Beltrán.
Martínez considera que Sheinbaum quiere regresar a la práctica del PRI en la que el Presidente de la República en turno también era dirigente del partido, por ello la necesidad de mejorar el diálogo al interior para atender sus instrucciones, y facilitar la comunicación con los aliados.
“Los ajustes son para que Sheinbaum tenga a gente cercana a ella. Lo hace para mejorar el diálogo, la operación y la interlocución con los aliados. Que con Alcalde no ocurrió. No confió en que (para el 2027) Alcalde pudiera resolver conflictos internos por candidaturas, negociar las coaliciones, repartir posiciones”, dice Martínez.
Medina insiste en que la dirigencia actual estaba poco articulada, Alcalde y López Beltrán nunca llegaron “a embonar”, por lo que ante su fracaso en la dirección, la única opción era “reconfigurar las fuerzas al interior”.
“El asunto es que era una dirigencia débil, muy poco articulada, muy poco organizada, con muy poca experiencia también, y, por lo tanto, incapaces de conducir la organización”, considera Medina.




