Raymundo Riva Palacio

AYUDA DE MEMORIA

Relevo de poderes

1ER. TIEMPO: Los relevos de unos años para olvidar. El cambio de paradigma en el último cuarto del siglo pasado llevó a la Presidencia a Luis Echeverría, el secretario de Gobernación del presidente Gustavo Díaz Ordaz, a quien la matanza de Tlatelolco marcó históricamente y la que le allanó el camino a Los Pinos. Echeverría se había distanciado de Díaz Ordaz desde la campaña, cuando guardó un minuto de silencio en la Universidad Nicolaita por los estudiantes caídos en la Plaza de las Tres Culturas, y en su primer discurso como Presidente, habló por la reconciliación. Eso nunca pasó. Se confrontó con los empresarios en la Ciudad de México, Monterrey, Sonora y Sinaloa, cooptó intelectuales de izquierda con un discurso populista y estatizador y, afirmando que la política económica no se manejaba en Hacienda, sino en la Presidencia, abrió el gasto público y se olvidó de cuidar el déficit y el endeudamiento. La economía mexicana se hundió. Su sexenio terminaba en medio del conflicto y la primera crisis en más de 20 años de desarrollo con estabilidad, que fue la que le dio la candidatura oficial y el poder a José López Portillo, que era el secretario de Hacienda. López Portillo, el mejor orador que se ha sentado en la silla presidencial, pronunció un discurso sobre la unidad nacional y la economía, que disipó la incertidumbre. Las cosas no salieron como las quería. Malas decisiones sobre producción petrolera y el uso de la bonanza que trajo a México, provocaron una crisis aún mayor que la de Echeverría. En su último año de gobierno hubo control de cambios y una política económica draconiana que coronó con la nacionalización de la banca, anunciada en su sexto año de gobierno con el Presidente electo,Miguel de la Madrid, presente en San Lázaro con la clara molestia de discrepar con esa medida. En agosto de 1982, había tanta incertidumbre y zozobra, que abundaron los rumores de golpe de Estado. Nunca estuvo cerca, pero a nadie le hubiera sorprendido que se diera.   

2O. TIEMPO: Los relevos de la alternancia. En el 2000, al iniciar el siglo y el milenio, México estrenó la alternancia en la silla presidencial. Vicente Fox rompió la hegemonía de 70 años del PRI y el cambio esperado llegó. Tenía la legitimidad de una victoria que fue rubricada la noche de la elección cuando el presidente Ernesto Zedillo lo felicitó y forzó al candidato oficial perdedor, Francisco Labastida, a reconocer su derrota. Fox abrigaba para muchos una revolución pacífica que purgara el viejo sistema político que nunca llegó. Sin embargo, comenzó con sorpresas. El día que tomó protesta en el Congreso, antes de ir a San Lázaro, borró la laicidad del Estado mexicano, al encomendarse a la virgen de Guadalupe en la Basílica. Las formas iban a cambiar, y desde ese día mostró los síntomas del énfasis en lo cosmético, no en lo profundo. Todos se la perdonaron. A su toma de posesión asistieron 15 jefes de Estado, incluido Fidel Castro, a quien le agradeció su presencia y con quien rompería años después. Fox se peleó con el candidato del PRD, Andrés Manuel López Obrador, y tuvo que apoyar, contra su voluntad, a que Felipe Calderón ganara la elección y le entregara la banda presidencial. Su toma de posesión se hizo en San Lázaro contra todo pronóstico. Tuvo que entrar por la puerta de atrás protegido por priistas y varios perredistas, que fueron contenidos, iban a estallar bombas molotov en el recinto. Las puertas fueron bloqueadas con sillas y cadenas, y la escena era más de un quiebre institucional que de un inicio de gobierno. El presidente de Estados Unidos, George Bushpadre, llevó la representación de su hijo, el jefe de la Casa Blanca, y junto con una pobre presencia de siete mandatarios latinoamericanos, atestiguó aquellos momentos que pusieron en riesgo el orden constitucional. La protesta persiguió a Calderón bien entrado su sexenio, caracterizado por la guerra contra el narcotráfico que, seis años después, en la toma de posesión de Enrique Peña Nieto, provocó gritos de “asesino”. Peña Nieto asumió el poder sin contratiempos en San Lázaro. La batalla estaba afuera, en las calles, donde cientos de personas, decenas de ellas perfectamente entrenadas y con tácticas paramilitares, se enfrentaron violentamente con la Policía Federal —la capitalina, bajo el gobierno deMarcelo Ebrard, no actuó— en las calles aledañas al Congreso y en Bellas Artes. Los intentos de desestabilización no se concretaron aquel día que, sin embargo, marcaría la tensión y el conflicto que vivió durante su sexenio.

3ER. TIEMPO: La última alternancia. Aún no se da, pero la toma de posesión de Andrés Manuel López Obrador será histórica. Es la llegada de la izquierda al poder que coloca a México en la ola mundial, donde el hastío y el rechazo a todo lo establecido ha provocado 61 movimientos antisistémicos, varios de los que terminaron con la llegada al poder de sus líderes. Será muy diferente a las tres anteriores de la alternancia. Él sí pronunciará su discurso en San Lázaro, ante los representantes populares, no ante una asistencia selecta en el Auditorio Nacional (como lo hicieron Vicente Fox y Felipe Calderón) o en Palacio Nacional (como lo hizo Enrique Peña Nieto). Ahí, ante más de 26 dignatarios —la asistencia más alta en una toma de posesión—, explicará el significado de la Cuarta Transformación. De San Lázaro se desplazará a la plancha del Zócalo, donde en su hábitat, la plaza pública, lanzará su primer discurso como Presidente, en donde muchas veces lo escucharon denunciar fraudes electorales. Dieciocho años le costó llegar al poder. No son muchos los que tienen esa persistencia y logran llegar al poder. Luiz Inácio Lula da Silva buscó la presidencia de Brasil en cuatro intentos y François Mitterrand la alcanzó en dos, en Francia. López Obrador tomará tranquila la mañana del sábado, desayunando en su casa con su familia. A mediodía todo cambiará. Comenzará el frenesí de lo que probablemente sea una campaña presidencial ininterrumpida.

TIEMPO EXTRA: Replican los embajadores. La semana pasada se publicó en este espacio que el equipo de transición del presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, había recibido denuncias sobre venta ilegal de visas para actividades empresariales en las embajadas de Filipinas y Turquía a nacionales chinos. Los embajadores Gerardo Lozano yBernardo Córdova negaron cualquier irregularidad en sus misiones. Ni el texto ni el equipo de transición, fuente de la información, cuestionaron la integridad de los diplomáticos, de impecable trayectoria en el Servicio Exterior. De cualquier forma, informaron que durante su gestión en Filipinas, sólo se han extendido seis visas a chinos, ninguna para realizar actividades remuneradas. En el caso de Turquía, sólo se extendió visa a una china, pareja de un diplomático asignado a Ankara. En la columna se recogió la afirmación de un miembro del equipo de transición que el embajador en Canadá, Dionisio Pérez Jácome, había presentado resistencia a dejar la misión, aduciendo que era el mejor para el texto. Pérez Jácome negó todo. Entregó su renuncia el 29 de octubre y ni cabildeó, ni contactó a nadie, aseguró, en el equipo de transición.

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