Raúl Castellanos Hernández

DEL ZÓCALO A LOS PINOS

Roma está ardiendo

Es clásica la conseja de que “el poder a los inteligentes los marea y a otros los vuelve locos”. La historia registra hasta qué excesos se puede llegar, contando con la complicidad o el silencio de súbditos y gobernados; entre los ejemplos más notables que se registran se encuentran los de los Emperadores romanos Calígula y Nerón; “La devoción de Calígula por su caballo Incitato (impetuoso) llegaba a extremos ridículos. En un primer momento mandó construirle una caballeriza de mármol con pesebres de marfil para su uso exclusivo, pero pronto llegó a darle toda una villa con jardines y 18 sirvientes para su cuidado personal. Dormía entre mantas de color púrpura, el tinte más caro en la antigua Roma, reservado para la familia imperial y llevaba collares de piedras preciosas. Según Suetonio, Calígula nombró Cónsul a Incitato, hecho que tradicionalmente ha sido considerado como fruto de la demencia del emperador, pero lo cierto es que la actitud servil y pusilánime de los senadores del reinado de Calígula, bien pudo haber influido en dicho nombramiento, volviéndolo un hecho irónico que denotaría el sarcástico desprecio de Calígula hacía las instituciones públicas del imperio”.

“El gran incendio de Roma que arrasó parte de la ciudad ocurrió durante el verano del año 64, reinando Nerón como emperador. Respecto al incendio, historiadores como Suetonio, Dión Casio cuentan, que, mientras Roma ardía, Nerón cantó, vestido para la ocasión el Iliou Persis (Saqueo de Troya) tocando la lira. Consumado el incendio, aprovechando el espacio generado por el fuego, Nerón se hizo construir un nuevo palacio conocido como la Domus Aurea (casa de oro); la cual diseñada por los arquitectos Severo y Celer, alcanzó dimensiones proverbiales. De lo ocurrido y para librarse de la acusación de haber provocado el incendio, Nerón (según versión de Tacito) condenó a los cristianos a ser arrojados a las fieras, los hizo crucificar y los quemó para que sirvieran de antorchas, culpándolos de ser los responsables de haber provocado el siniestro”.

En el siglo pasado, guardadas las proporciones, de forma, fondo, dimensiones, motivos y personajes, decisiones de poder han provocado hechos similares; desde el Holocausto (palabra de origen griego que significa ‘sacrificio por fuego’) persecución y asesinato sistemático, burocráticamente organizado y auspiciado contra seis millones de judíos, por el régimen Nazi;  llegados al poder en Alemania en enero de 1933, postulaban ser una ‘raza superior” y que los judíos, considerados inferiores eran una amenaza para la llamada comunidad racial alemana; cabe mencionar que durante el Holocausto, los alemanes también persiguieron a otros grupos étnicos, gitanos, polacos, eslavos, rusos; por motivos políticos y de comportamiento a los comunistas, socialistas, testigos de Jehová y los homosexuales.

Hasta la Guerra de los Balcanes conocida también como Guerras de Yugoslavia ocurridas entre 1991 y 2001; estas guerras tuvieron su origen en conflictos políticos, económicos, culturales, así como una gran tensión étnica y religiosa entre los pueblos de la ex Yugoslavia, fundamentalmente entre Serbios, Croatas, Bosnios y Albaneses; entre las causas detonantes podemos apuntar, la abolición de la autonomía  de Kosovo decretada por Milosevic; y la declaratoria separatista por parte de los Serbios de la región de Krajina de Croacia en 1991; decisión que llevo a la misma Croacia y a Eslovenia a declarar unilateralmente su independencia.

En este contexto de locuras del poder podemos apuntar a las dictaduras latinoamericanas del siglo pasado; tomando como referencia el recuento realizado por voxboxmag.com de “Los peores dictadores de América Latina del Siglo veinte” aquí se los presentamos; Maximiliano Hernández Martínez, Presidente de El Salvador entre 1931 y 1944, En 1932 asesinó a más de 20 000 campesinos e indígenas. Anastasio Somoza (padre) gobernó en Nicaragua durante 20 años de forma dictatorial, contaba con la guardia nacional para mantenerse en el poder, Amasó una enorme fortuna personal, asesinó a miles de opositores. Juan Vicente Gómez, dictador, hacendado y jefe militar venezolano, gobernó de forma autoritaria desde 1908 hasta su muerte en 1935. Ordenó el cierre de la Universidad Central y una represión brutal contra estudiantes en 1928. Leónidas Trujillo, dictador de República Dominicana desde 1930 hasta su asesinato en 1961 (la historia de su ejecución está magistralmente novelada por Vargas Llosa en su libro “La Fiesta del Chivo”). Jorge Rafael Videla, autor de la Guerra Sucia en Argentina, (golpista, asesinó, secuestró y desapareció a miles de argentinos). La Noche de los Lápices fue uno de los episodios más lamentables de su dictadura, en el que se dieron una serie de secuestros, asesinatos y torturas de estudiantes de secundaria, ocurridos durante la noche del 16 de septiembre de 1976 en la ciudad de La Plata. Alfredo Stroessner, Dictador en Paraguay entre 1954 y 1989. Violador permanente de Derechos Humanos, en su régimen encontraron refugio notables miembros nazis. Efraín Ríos Mont, generó una de las más sangrientas guerras sucias en Guatemala. El genocidio Maya ocurrió en la región petrolera del Triángulo de la Ixil, entre 1981 y 1983, según analistas en este solo hecho hubo más de cien mil víctimas. Manuel Noriega, depuesto en diciembre de 1989 por EEUU, luego de ser calificado por funcionarios estadounidenses como ‘nuestro hombre en Panamá’ en 1986 lo acusaron de narcotráfico, blanqueo de dinero y de ser un agente doble de la CIA y de los servicios secretos cubanos. Augusto Pinochet (la joya de la corona de los dictadores asesinos), encabezó el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 contra Salvador Allende; su dictadura está considerada como la más represiva y sanguinaria; no hay cifras totales de cuántas vidas humanas fueron sacrificadas, desaparecidas, torturadas. Es interminable la narrativa de sus crímenes. Y hablando de crímenes de lesa humanidad, mención especial merecen las matanzas de Tlatelolco y Tiennamen en China.

Ya en los tiempos actuales, no podemos ignorar las matanzas, atentados terroristas, secuestros, violencia provocada por el Estado Islámico, por Boko Haram, organización fundamentalista de Nigeria, los amagos de confrontación nuclear entre Corea del Norte y Estados Unidos, donde la locura total de Donald Trump puede llevarlo a activar el botón rojo nuclear en cualquier momento; y qué decir de Venezuela donde Maduro pone las balas y la oposición los muertos.

Por todo ello y por mucho más, en los momentos tan fúnebres y calamitosos que atraviesa nuestro país, es inadmisible tener una élite gobernante tan ajena a la dimensión de la barbarie cotidiana. Junio de 2017 ha sido el mes más violento al menos desde 1990. Haciendo analogías con otras  épocas víctimas de la frivolidad de sus gobernantes: Roma está ardiendo. Y la Corte Mexicana padece el Síndrome de María Antonieta. Inaugurando coliseos, encerrados en sus palacios, festejando sus cumpleaños o aspirando a gobernar este camposanto.

¿Alguien puede asegurar que esto ya está decidido?

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