RAFAEL CARDONA / LAS CUITAS Y LOS FULGORES APAGADOS

EL CRISTALAZO

Aveces la vida nacional se asemeja a las películas del oeste o las hazañas justicieras de infatigables samuráis, quienes van por la vida, de pueblo en pueblo, en busca de los seis o siete asesinos de un padre o un hermano al cual se ha jurado vengar, pero aquí no hay una lista sino una fotografía, porque poco a poco el lazo de una peculiar justicia se cierra y estrecha en torno de quienes acudieron a una rumbosa boda, tan decadente en su fallida opulencia como la música de Julio Iglesias.

Ésa ni fue una fiesta. Fue una “fifí-esta”, como habría dicho uno de los asistentes.

Pero aquí el vengador justiciero no es un samurái de afilada katana sino el revisor de las cuentas de todo el mundo, el interventor de las finanzas ajenas, el hombre cuya naturaleza lo impele a perseguir, pues para eso es un fiscal de asuntos bancarios y financieros, así como en otro tiempo indagaba desvíos o malas operaciones en materia electoral.

Y junto a él, un fiscal independiente, autónomo, libre de la disciplina del Palacio Nacional, si bien cercano a ella con toda la proximidad de los hechos, los compromisos y la militancia remota y añeja.

Hoy el pueblo tiene dos diversiones.

Una; el stand-up informativo de cada mañana. La otra, el circo cuya arena ansía ver tinta en sangre. La concurrencia quiere ver cómo ruedan las cabezas.

Y mientras eso sucede, cuando los amagos y las filtraciones le quitan el sueño a la mitad de los poderosos de antes y los pasaportes se llenan de sellos en aduanas remotas, los bufetes no apagan la luz porque cuando no cae un asunto de peculado, se trata de una intervención bancaria y los trámites de amparos judiciales son el pan de cada día y las videoconferencias y llamadas desde Suiza, Alemania o Argentina, atiborran como zumbidos de colmena los servidores de la inteligencia, pues nadie puede creer aquella simpleza de un rubor nacional frente al espionaje, tan necesario, como cualquiera otra herramienta de investigación, incluyendo la tortura, porque alguien ha clasificado la captura de una madre como el tormento sentimental de quien por ese sólo hecho retira su solicitud de amparo y se acerca sin escapatoria a la esquina del cuarto.

Hoy se quiere averiguar si estas palabras son nada más un asunto de sintaxis: “La estafa maestra” o “La maestra estafa” o estamos frente a un asunto cuya cotización tendría alto puntaje: atrapar a un director general, así sea de la mayor empresa nacional, es distinto de ver caer a una secretaria del gabinete neoliberal corrupto y demás, antes de cumplirse el primer año de la transformación nacional.

Pero todo ese libreto se condensa a veces en un guión en cuyo texto se miran ciertas contradicciones o peticiones de principio, como decían los maestros de lógica:

“…desde que tomé posesión de la presidencia dejé en claro que no iba a haber persecución política, que no es mi fuerte la venganza…”

Y en otros momentos:

“El presidente Andrés Manuel López Obrador dijo que sigue pensando que Rosario Robles, exsecretaria de Desarrollo Social, es un “chivo expiatorio” y que los responsables de la tragedia nacional son los de “mero arriba”, aunque dejó en claro que deben concluirse las indagatorias iniciadas.

“Yo sigo pensando lo mismo, que los responsables de la tragedia nacional son los de mero arriba, tanto del sector público como del sector privado, nada más que ya no puedo llamarles como les decía antes (Notimex)”.

Sin embargo se señala a los de más arriba, a los superiores, y entonces se afirma:

“…En el caso del presidente Peña, hasta en el discurso de toma de posesión, incluso la misma noche de la elección, le hice un reconocimiento, porque a diferencia de otros presidentes, él no se metió para hacer un fraude como se padeció en el 2006, fundamentalmente; pero ni siquiera los que hicieron el fraude del 2006 los estamos persiguiendo, ¿o no hubo fraude en el 2006? 

“Eso ahí se los dejo. Hasta lo reconocieron, además se sentían hasta orgullosos.

“Pero no, mire, yo tengo un concepto de justicia amplio y creo que hay que castigar a los que cometen errores, pero, sobre todo, hay que evitar que se continúe con el régimen de saqueo. Y más que a la condena a los hombres o que la condena a los hombres, pienso más en la condena al régimen, al modelo neoliberal, porque eso es lo más dañino, mucho más dañino.

“Entonces, no hay persecución para nadie. Tampoco hay impunidad.

“Si ustedes recuerdan lo que dije en el discurso de toma de posesión es que era partidario del punto final, pero que eso aplicaba para los que se fueron, no para nosotros. En el caso de nosotros cero corrupción, cero impunidad”.

Y así van rodando los días. Así se pasa la vida, no tan callando, como nos dijo Manrique, sino tan gritando, como nos dicen los tiempos de ahora en los cuales el gobierno pretende (dice su PNDD) legalizar todas las drogas menos el “cristal” (no se aclara la opción del mortal fentanilo, cuyo consumo ha matado más gringos adictos de cuantos el Viet Cong pasó por las armas, pero quizá se deba a una omisión metodológica), mientras emprende un combate —uno más— contra las adicciones.

Y uno se pregunta si a fin de cuentas el asunto de las drogas no es otra cosa sino un mercado de vendedores y compradores, cómo se puede combatir ese mercado si se facilita el acceso a estimulantes, enervantes y estupefacientes.

Se disminuiría, quizá, la violencia originada por la persecución de productores y distribuidores, pero los efectos de las sustancias sicotrópicas y demás, son los mismos con legalidad o sin ella.

De todos modos el fentanilo mata y la mariguana apendeja.

Y si se pretende envolver todo en discursos como éste, pues como dijo aquel: me doy. Esto dijo el subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, Subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud de la SSa.

“..No hay un mecanismo de construcción de la identidad, de construcción de la personalidad en una sociedad armónica, en una sociedad generosa, incluyente, participativa, en donde el sentido de pertenencia es el que viene de la acción altruista, de la acción compasiva…” Faltó decir, amados hermanos…

Y esto anuncia el nuevo comisionado nacional contra las adicciones, Gady Zabicky Sirot:

“…quiero comentar es que la Organización Mundial de la Salud ha considerado que casi el 75 por ciento de las personas que tienen algún problema relacionado con sustancias también tienen cuando menos un otro problema de tipo siquiátrico; y en ese sentido queremos que el consumo de sustancias no se vea como una parte ajena a la salud mental…”

Y aquí las cosas se pueden decir de otra manera: si los adictos tienen, en 75 por ciento de los casos, problemas de insania mental, estamos frente a una gran concurrencia de orates. Pero el huevo juega con la gallina: ¿los adictos son enfermos mentales cuya insania se manifiesta en los consumos, o los consumos detonan otros desórdenes malignos de la mente?

Si la economía es una cuestión tan delicada como para dejarla en manos de los economistas (el SP dixit), la salud mental corre riesgos en manos de los siquiatras.

“…En este momento queremos que la cara de esta estrategia sea humanista, sea médica, sea diseñada para ayudar a la población; y en ese sentido también hay un espacio para que se ejerza la fuerza pública, la acción legal, pero queremos que eso se lleve a su mínima expresión…”

Pues mientras todo eso sucede, regocijémonos todos por el error de agosto: la recesión técnica pronosticada por los adversarios, no llegó: el 0.1 por ciento salvó el honor nacional y la reputación de la economía, aun cuando para apuntalarla sea necesario ir con los ricos más ricos y decirles, oigan, echen la mano, no nos dejen solos… separemos el poder económico del poder político, como dijo LC.

Todo ha cambiado, excepto lo inmutable: la humana condición.

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