Martha Anaya

Martha Anaya

ALHAJERO

Somos fifís, pero también mexicanos

Si la manta que abría la marcha advertía: “¡No más consultas a modo!”; la que cerraba la protesta ciudadana exigía: “Ni fifís, ni camajanes, ni amlovers, ni chairos, ¡basta de polarización!”

El ánimo era contrastante. Consignas duras: “¡No a la dic-ta-dura/ Sí al pro-gre-so!”; mantas inquisitivas: “¿Austeridad? Terminar Texcoco 80 000 mdp. Cancelar Texcoco 120 000 mdp”; carteles exigentes: “¡Legalidad!”.

Y al mismo tiempo la alegría y el bullicio del andar juntos y de la protesta, con camisetas burlándose de sí mismos con la etiqueta Fifí, o portando caricaturas a color figurando un avión patito con el rostro –muy simpático, por cierto- de Andrés Manuel López Obrador y en la panza del avioncito la leyenda “Consulta NAIM”.

El escritor Francisco Martín Moreno avanzaba –a tropezones, obsequiando fotos a sus admiradores- entre las primeras filas. Iba, decía, “encantado de luchar por la democracia y acabar con la creciente tiranía y los embustes”.

Se veían aún pocos participantes en el Ángel de la Independencia cuando arrancaron (pasaditas las 11 horas). El propio escritor reconocía en ese momento: “Por lo menos está prendiendo algo…”

Sin embargo, esa participación que parecía inicialmente que iba a ser escuálida, fue robusteciéndose al paso de los minutos.

A medida que avanzábamos, la retaguardia quedaba más y más lejos, al punto que la avanzada cruzaba ya Insurgentes y el Senado, y en el Ángel de la Independencia todavía se disponía a avanzar un contingente más.

Fácilmente sumaron unas diez mil personas las que caminaron por Reforma entre las 11 de la mañana y las 12 y media del día. No así las que llegaron al Zócalo, pues muchos de los asistentes eran personas mayores –pintaban canas la mayoría-, algunos incluso acompañados de su bastón.

Clase media y media alta, buena parte de los participantes. Vestidos de negro muchos de ellos. Entre ellos, Guillermo Prieto Fortún, con sus 83 años. ¿Lo recuerdan? Fue subgobernador del Banco de México y subsecretario de Ingresos en Hacienda.

Él se mostraba incrédulo de la actitud de los constructores y empresarios, luego de la comida con AMLO: “No sé si de la alcachofa se fueron a comprar dólares… Yo no le creería (al Presidente electo), yo me iría al amparo”.

Daniel Pérez, Carlos Gómez Álvarez, Jorge Barajas ayudaban a cargar una de tantas mantas: “¡Sí al Progreso/No al retroceso!”. Su voz, como la de cientos de los asistentes, demandaba “legalidad”.

A su lado, un cartel inquiría: “¿Voluntad del pueblo con 1%? ¡Es una farsa!”.

María del Carmen y Cristina Celorio, doñas ellas, apuntaban: “Queremos que por lo menos el futuro presidente vea que tiene oposición, que estamos en desacuerdo con la votación. Queremos que haga las cosas de forma legal”.

“Necesitamos un aeropuerto que represente a México ante el mundo”, rezaba el cartelón que portaba Alejandro Patrón; al tiempo que Antonio Rojas –ambos meros ciudadanos- preguntaba:“¿Por qué nos fastidia a todos cancelando Texcoco? Si hay corrupción, que los castigue…; pero que no lo cancele”.

De traje y corbata, ya prácticamente cerrando la marcha, caminaba a paso cansino don Rafael Norma –nieto del doctor del mismo nombre-. El suyo era un grito radical, al igual que el de aquellos que engarzaban el tema de Venezuela con lo que aquí acontece.

Así, prácticamente sin liderazgos al frente, no fueron pocos los que salieron, marcharon, se sintieron fuertes y convocaron para el 2 de diciembre de nueva cuenta.

El mismísimo día siguiente de la toma de posesión, volverán a protestar. No darán tregua al próximo presidente.

GEMAS: Cartel en la marcha: “Somos fifís, pero también somos mexicanos”.

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