Sabino Medina

DESDE LOS BALCONES

El Panismo-PRI: Contradicciones y decandencia

La renuncia de Felipe Calderón al PAN, después de la de Margarita Zavala y también los pasos dados por varios senadores, ahora ex senadores, Ernesto Cordero, Javier Lozano Alarcón, Gil Zuarth, mismos que se fraccionaron de la bancada de entonces en la llamada cámara alta; uno de ellos que ocupara, por breve plazo la presidencia del Senador y el segundo, que se pasara hasta la campaña del excandidato presidencial priista, en calidad de vocero del mismo, revela parte del fenómenos de crisis partidaria, si es que así pueda denominarse a estos saltos, por lo que atraviesa el PARTIDO ACCION NACIONAL desde los tiempos de Vicente Fox.

No hay que sorprenderse de ello, las superestructuras acusan, por largos períodos, el cambio de formas y contenidos políticos que afectan a las clases en el poder, o a los grupos que aspiran a alcanzarlo.

Nadie puede rehusar que el Estado Mexicano, hace tiempo, acusa problemas de esta índole, derivados del agotamiento del desarrollo económico que la Revolución Mexicana implantó en el país, frene a la cual, otras expresiones sociales que vienen del largo feudalismo mexicano, lucha y han luchado porque las cosas no cambien, tal y como aconteciera en otras latitudes, por ejemplo, en Europa: en Italia, Alemania y España, por nombrar a los países más conectados con nuestra realidad.

El PRI no está calcado de realidad extraña alguna, ni siquiera del partido liberal que le precedió en el siglo XIX; ES , si acaso, una continuación acentuada de lo que se intentara y no se pudiera hacer en los regímenes de la Independencia y luego de la Reforma, más el Porfirismo con sus ensayos neo latifundistas y los ojos de la política puestos en Inglaterra y Francia, con lo que la naciente burguesía porfirista quiso vacunarse de las consecuencias de la Revolución y la expansión norteamericana.

Algo de esto último les sigue pasando a todos los estamentos partidarios de México, inmersos como estamos en el capitalismo mundial, hoy poderoso imperialismo.

México no ha sido, ni podrá ser ajeno a lo que pasa en el mundo, ni ayer, ni ahora, ni mañana podremos sustraernos al embate mundial de las fuerzas productivas que se mueven en el mundo y lo transforman y, a su vez, se transforman esas mismas fuerzas productivas toda vez que no son fuerzas de la naturaleza, sino fuerzas históricas, pero no eternas y menos estáticas.

En el PAN no han existido cuadros con lucidez política que tome en cuenta este bosquejo de la lucha mundial que la burguesía comanda con los diversos espectros políticos del caso.

Al agotarse el desarrollismo nacional que enarbolara el PRI, subsumido al capital norteamericano, los cuadros de la misma que aspiraran a un desarrollo independiente más o menos acentuado, fueron perdiendo espacio y posibilidades de negociación, aparte de los bloques de parte de algunas burguesías regionales que, por su proximidad al mercado norteamericano, hicieran más caso, por fuerza, de la ganancia mundial que desde fuera se les impuso y que el Estado Mexicano, por su debilidad y emergencia histórica, tuvo que someterse a los dictados de la tecnología, de una mayor y descomunal concentración del capital, cuestión que sobrevino después de 1945 con mayor fuerza.

El PAN, desde sus orígenes, expresado por algunos de sus ideólogos, creyó que los viejos países, entre ellos Italia, Alemania y ya ni se diga España, serían el faro por donde se orientaría la historia nuestra. NO fue así y por eso habrá que considerar a todas estas expresiones políticas, como supérstites de esos fascismos, junto con las posiciones y condiciones que se derivaron del Tratado de Letrán. Para abreviar pormenores.

Tanto el PAN, como el PRI convergen en un mismo plano,  alejándose y acercándose como expresiones que son, más o menos, de la misma clase; otro tanto acontece con los agrupamientos de la izquierda, donde actúa la clase media.

Pero el PAN es el más viejo espejo que refleja la disforme imagen del país feudal que fuimos y que ya ni ellos comparten, como no sea en asuntos coyunturales en los que el PRI les llevó la delantera, hegemonía dirán algunos, venga o no venga al caso.

No es fácil sacarle el hilo a esta madeja histórica y política con que se enredaron ambas fuerzas a partir del arribo de los tecnócratas nuestros, rara mixtura de conservadurismo y modernidad con que se asimilaron a los valores de Chicago.

¿Está concluido ese proceso? Puede que así sea, pro no agotado, mientras el capitalismo vecino no experimente peores tumbos de los que ya se ven.

El PAN se agotó con Fox y Calderón, cada uno sucumbiendo a la entrega de las minas, 100 millones de hectáreas en concesiones, con la electricidad y la asociación contratista con los consorcios españoles y propios, surgidos al calor de tales créditos.

Salinas y Zedillo son, junto a los procesos que les dieron ascenso y poder, de alguna manera, los engendradores de la actual situación actual; sin estos esbozos es imposible intentar algún análisis de la crisis en que se debaten el PRI Y EL PAN, cada uno con sus particularidades que no afloran en su totalidad en el rejuego del poder el Estado.

¿Por qué se cayeron ambos ante el embate de MORENA y de Manuel López Obrador? Por la crisis económica y por haber subestimado a sus propias fuerzas productiva, especialmente a PEMEX Y LA CFE. No lo entienden, pero lo padecen y se rehúsan a querérsele siquiera plantear como problema. Es suficiente por hoy; sin habernos ocupado de la historiografía política de sus actores del oportunismo que los permea a todos ellos, sin que escape del todo MORENA, hasta ahora.  Ricardo Monreal no nos dejará mentir, aunque él ni siquiera se aproxime a los grandes, que los hubo, del movimiento democrático burgues mexicano, como el Gral. Francisco J. Mújica y cientos más, ninguno de ellos panista.

Comentarios

Comentarios