MACQ, LOGRO INDISCUTIBLE

En la segunda entrega de su recorrido por el Museo de Arte Contemporáneo de Querétaro, Juan Antonio Isla aborda el trabajo de artistas locales en las salas del nuevo recinto. En la foto, obra del queretano Ramsés de la Cruz. FOTO: SERGIO ARTURO VENEGAS ALARCÓN
En la segunda entrega de su recorrido por el Museo de Arte Contemporáneo de Querétaro, Juan Antonio Isla aborda el trabajo de artistas locales en las salas del nuevo recinto. En la foto, obra del queretano Ramsés
de la Cruz. FOTO: SERGIO ARTURO VENEGAS ALARCÓN

Partiendo del hecho de que el MACQ es un museo recién nacido y puede tener aún muchas carencias e imperfecciones, hay en el balance final un logro indiscutible: haber rescatado ese inmueble de las ruinas y destinarlo a un espacio museístico.

Me parece que el estupendo video y el interesante mural que describen la historia y el proceso de remodelación (cuyas autorías se deben a Dora Guzmán y Tatiana Vallejo respectivamente), pueden estar justamente en la entrada y no a la mitad de un pasillo.

La “curaduría” de la exposición ha sido deficiente porque no tiene un criterio ni un concepto bajo el cual se denomine la exhibición de obras, como tampoco hay un discurso museográfico coherente, las cédulas son confusas y algunas tienen errores. La calidad de la obra es irregular. Se me ocurre que existiendo hoy un “boom” de las artes plásticas en Querétaro, podría haberse hecho una referencia a este fenómeno cultural considerando ese tema. Además, así se hubiera permitido una mayor participación de artistas queretanos que por ahora quedaron excluidos.

A propósito, comento aquí algunas de las piezas de queretanos (considerando no sólo los oriundos sino los que viven aquí y realizan su obra en esta tierra generosa): Fabián Ugalde sigue en un proceso de evolución artística muy interesante, con su obra “Rafael expandido III” utiliza una técnica original y modernista; el cuadro de Rafael Rodríguez  con un cuadro que en el título lleva “16 damas”, las que uno cuenta y vuelve a contar y no son dieciséis sino menos, lo cual obliga al espectador a observar detenidamente los rostros que parecen mujeres sajonas extraídas de una revista norteamericana. Muy interesante la imagen y una técnica bien cuidada, muy a tono con su estilo de retratista de rostros extraños o misteriosos.

Una sorpresa  el cuadro de Fernando Garrido quien acostumbra el uso de colores ocres y fondos oscuros. Su pieza “Los bebe beri, señores de la adivinación” tiene un predominio de un azul deslumbrante; mientras tanto, su pareja, Jaqueline Sánchez está en plena madurez creativa. Su cuadro es simplemente genial. La pieza de Víctor Cauduro demuestra que ya encontró una veta extraordinaria pintando sobre el mármol travertino, ahora con piezas más de tipo escultórico, como los acetatos (hay que recordar aquella pieza suya en la que retrata al escritor Ignacio Padilla rodeado de una máquina de escribir, tableros electrónicos y de computadoras).

La ‘instalación’ del gran artista nacido en Huimilpan, Rubén Maya,  apenas es vista por los visitantes que no se atreven a ingresar bajo unas cortinas negras. Cuando uno entra es recibido por un fondo musical que subraya la escena de una belleza terrorífica: seres monstruosos y cabezas humanas en el piso y en aire, en lo que ya es una tendencia teratológica de este original y creativo artista. Ramsés de la Cruz, en cambio, se atreve con una pieza escultórica, sin duda interesante, cuando su genialidad como pintor es indiscutible.

Hay un exceso de ‘instalaciones’ que en su mayoría  caen en el esnobismo de una pretensión visual original y grandilocuente. Se salva la de Ericka Harrsch que es un homenaje a los migrantes. Propone una interacción con el espectador, invitándolo a hojear algunos libros que yacen en el suelo y que se refieren al tema. Su nombre es un poema de lucha por la libertad: “Bajo el mismo cielo…soñamos”.

Muy interesante el lote facilitado por ese gran coleccionista que es Iván Lomelí. Ya hemos comentado que entre algunas de las piezas que prestó se encuentra la del norteamericano Jeff Koons, una obra diminuta, mal exhibida, muy debajo de la mirada del espectador y con un capelo enorme, siendo que su obra importante es monumentalista. En la sala llamada “Coleccionistas” (sic), así sin más, destaca el descuido de no poner una separación (unifilares) entre la obra y el espectador. Me tocó ver cómo una niña quiso arrancar un palillo de plástico del trabajo de Joe Black dedicado a retratar a Albert Einstein (la técnica que emplea es de pequeños acrílicos que en su conjunto hacen la imagen). El papá, muy atento, se dio cuenta a tiempo y le dijo a la niña: “atrás de la raya” (un masking tape en el suelo). Ver imágenes abajo.

En general, para ser una muestra temporal de apertura tiene más aciertos que defectos. La gente la recorre con interés, sorpresa y gratitud. Pienso que no había prisa por inaugurar el Museo y pudieron cuidar más detalles como el de una cédula general informativa, mencionando préstamos, agradecimientos, créditos. Nadie sabe quién es el director del Museo, el curador, los responsables de la remodelación que es estupenda. La señalética es insuficiente y las cédulas particulares son imprecisas. Hay que recordar que un museo debe ser didáctico y mientras más explicaciones haya, el espectador aprecia y se educa.

No es ésta una reseña “criticona”. El gran paso se ha dado pero temo que hubo precipitación en la apertura. Ya habrá tiempo para que el proyecto se vaya consolidando. Hace falta una tienda que seguramente funcionará más adelante; hace falta información sobre las fuentes de financiamiento, esto es, si se trata de un proyecto de inversión estatal o federal. Tampoco se destacan logotipos institucionales.

En fin, es plausible y meritoria la gestión de la titular de Cultura estatal, Paulina Aguado, por haber motivado la voluntad política para que el espacio se rescatara y se destinara a un museo que le hacía falta a Querétaro. Así, con poco, ya hizo mucho.

POR: JUAN ANTONIO ISLA ESTRADA/ SEGUNDA PARTE

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