Luis Núñez Salinas

LA APUESTA DE ECALA

El joven Miguel de la Madrid

En la tristeza que embarga a una familia que pierde al padre de familia – y más cuando uno de los hijos tiene apenas dos años- la nostalgia invade los corazones, y el recuerdo profundo de lo que pudo haber sido, le dan al joven secretario colimense de Programación y Presupuesto, valía y voluntad de seguir adelante.

No solo es uno de los mejores abogados de México, sino cercano a las necesidades de una clase política, sus abuelos, tíos y antepasados, lucen en la historia de México como grandes héroes, gobernadores, militares de cepa, la estirpe de un joven con futuro se sienta en la tradición del ser, más que de tratar de ser.

Su Madre, la señora Alicia Hurtado, siempre a su lado, aconsejándolo, llevándole y dejando claro que por su sangre corre lo mexicano, que nunca olvide, si es que un día la historia le pone en un lugar de privilegio, lo que de niño siempre le dijo:

“antes que nada eres una persona, un mexicano, igual y nunca menos que cualquier otro, igual que un campesino que se levanta temprano… el de un obrero que mantiene a su familia con el sudor de su frente… nunca olvides la raíz de nuestro país: la constante pobreza, que, gracias a ella, muchas familias trabajan para dejarla atrás…”

… un recuerdo más.

Una lágrima corrió por su mejilla, mientras guardaba una fotografía de su padre – tal vez la única que tenía- dentro de su pequeña cartera de piel color vino, abrió su solapa del traje y la guardó en casi automático dentro de la bolsa interna izquierda, se tocó el pecho, como asegurándose que no se le cayera.

Caminó unos pasos hacia su oficina.

La espera era larga, la promesa de que el presidente José López Portillo le haría una llamada importante había dejado al joven funcionario el tiempo de echar hacia atrás toda su agenda del día ¿el motivo? ¡era lo que le mantenía el enfoque!

Entre el nervio y la duda de qué noticia le esperaba -el recuerdo de su padre- le arrinconaba el corazón.

Cuando sonó el teléfono, se le heló el cuerpo.

-¡Buenas tardes Señor Presidente!

-Ah que cosa! pensé me iba a contestar Claudia… ¡le tenía una buena broma hecha!

-¡Estoy atento a su llamada!

-¡mira Miguel me urge que te vengas a Palacio Nacional!… ¡pero a la voz de muévete!

-¡voy para allá!

Joaquín Hernández Galicia, más bien delgado, ameno – fumaba solo Del Prado- con un manejo del inglés excelso, una educación pública que lo formó desde dentro y cercano a las necesidades de la gente menos protegida, le hacía parecer hasta pacífico, no por más, era el líder del poderoso e intocable sindicato de petroleros de México.

Varios problemas ya habían tenido con presidencia, desde Luis Echeverría en 1975 cuando le pararon un buque petrolero – en Veracruz- lleno de armas y licores de “fayuca”, que “disque” para sus amigos.

Otro más con el presidente López Portillo, cuando el 7 de mayo de 1979, le pararon también un buque petrolero de PEMEX, con armas de grueso calibre y municiones, ¡como para encender una guerra!, el encargado de la operación el teniente Jesús Cortés Gallegos, quien lo interceptó, fue removido de su cargo y puesto a otro puerto.

El joven Miguel de la Madrid Hurtado, secretario de Programación y Presupuesto se entrevistaría con Joaquín Hernández – quienes sus más cercanos le apodaban La Quina, por su manía de tomar el wiski con esa bebida- con Fidel Velázquez – líder de la CTM- y con el propio presidente de la república, José López Portillo.

Cuando llegaron a la oficina de presidencia, pareciera que el día era especial.

Un radiante sol permitía que la luz entrara por sobre los pisos pulidos del salón principal de Palacio Nacional, haciendo un juego de colores dorados por todas partes, las maderas estofadas en oro reflejaban la esperanza y el fulgor de los óleos que rodeaban las pinturas de los afamados Juan Ascencio, o los óleos de La Muerte de Lucrecia y el Juramento de Bruto, obras del pintor Felipe Santiago 

Es el 25 de septiembre de 1981.

Al ingreso caminando veían ya acercándose a los sillones estilo francés – del porfiriato- Fidel, La Quina y Miguel de la Madrid.

-¿Qué pasó Lic Miguel?… espero la noticia no le espante.

-¡En nada Sr. Fidel! al contrario, espero buenas nuevas.

-¡así serán!

Cuando voltearon ya venía caminando López Portillo, portando un elegante fólder de piel – hecho en León- unos finos zapatos cafés, y un lustroso traje café oscuro, con una corbata roja, que le hacía mirar sus ojos claros radiantes, además de contar con una cadena de oro en su mano derecha, con el signo republicano.

¡todo se pusieron de pie!

-¡Gracias por venir! seré claro y preciso, pero, ante todo, por favor la discreción del acto, les solicito a los tres.

Con el paso de la plática, desde aquellas andanzas de los setentas, hasta la fecha, se delinearon los procesos para la mejora de las políticas del país, los planes de presidencia – nunca se mencionó la nacionalización de la banca, aunque en esa cuarteta tres sí lo sabían- y se llegó al momento.

Ya se retiraban, las manos se estrecharon, los abrazos se dieron, los parabienes a todos y cada uno de los asistentes, cuando el presidente les hizo una seña con la mano, así como para que se quedaran un poco más.

-¡espera Miguel no te retires!… ¡se me olvidaba decirte algo cabrón…!

De la Madrid se asombró de las palabras, en casi treinta años de conocer a López Portillo, nunca le había dicho directamente a él, una sola mala palabra.

Él sabía que esos gestos, eran para los más cercanos, los amigos del presidente o de alguna otra manera, sus enemigos, los que más le caían mal… ¡difícil establecer en cual estaba!… se preocupó.

-Mira Miguel, ya la Quina y Fidel habíamos tenido la atención de fijarnos en ti, para que seas el próximo presidente de México… ¡felicidades cabrón!

El asombro del abogado no paraba…

-¡este…! ¡gracias presidente… Fidel… Don Joaquín…!

-¡Ah que ojete! a la Quina si le dices Don y ¡a mí no!

-¡perdón Don Fidel!

-¡no te creas!… felicidades Lic. y dar ¡por México todo…!

Los abrazos no se hicieron esperar.

La preocupación más grande de Miguel de la Madrid Hurtado -el seguro próximo presidente- era el dólar, que había pasado de 27 pesos a 49 en un solo día -17 de febrero de 1982-, y que para el mes de agosto, en el mercado negro de México, el dólar costaba 150 pesos, aunque en los bancos era el costo de 75…

3 de septiembre de 1982.

En una reunión con su nuevo gabinete -en el Sanborns de la calle de Madero- en la ciudad de México -que fue acondicionado para dicha ocasión- el ya electo presidente De la Madrid, no soportaba el problema que se avecinaba.

Con la orden de no dejar entrar a la prensa, el próximo mandatario fue enfático:

-Tengo a todo el sistema cambiario hecho un desmadre, el dólar se ha triplicado y la economía en picada, será probable que recibiremos el país en franca devaluación y crisis apoteósica.

Estaban en la reunión Manuel Bartlett Díaz – que sería su secretario de gobierno- Bernardo Sepúlveda Amor -el de relaciones exteriores- y el militar Juan Arévalo Gardoqui, quienes solamente se veían entre sí.

-¡austeridad! decía Barlett.

-¡perseguir a los corruptos!- le reviraba Sepúlveda.

-¡bajar el gasto público y disminuir el sueldo a los burócratas!- le volvía a revirar Barlett.

-¡no!… ¡no!… nos echaríamos a todos encima.

Mientras les servían el café a todos y les dejaban los platos con el almuerzo, llegó Silva Herzog -quien sería su secretario de hacienda-

-¿qué me perdí?

-¡empezamos a las nueve!

La reunión dio por resultado, diez acciones en contra de la crisis y la devaluación.

Al salir, Silva Herzog se le acercó y lo separó del grupo…

-¡presidente! ¿qué acaso López Portillo no te avisó de la nacionalización de la banca?

-¡No! ¡y no me este chingando! ¡nos llevará más de dos sexenios tratar de dejar todo como estaba…!

A partir de ese día, el presidente Miguel de la Madrid Hurtado, les dio la orden de que el nombre de José López Portillo estaba vetado de presidencia, se quitaron los retratos de él, los nombres y de la galería de presidentes, solo se dejó un espacio con una placa: “Presidente de 1976-1982”

“Vamos a tener menos dinero, por tanto, menos inversión y menos crecimiento. Crecer menos conlleva muchos problemas de carácter social y político. No hay que engañarse y pensar que nada va a suceder en el país”.

Dijo Jesús Silva Herzog, mientras el secretario de la defensa nacional, el General Juan Arévalo, recibió la orden por escrito de puño y letra del nuevo presidente De La Madrid:

Aprende al “general” Durazo y me lo tres… ¡vivo por favor!

Lo aprendieron hasta el 1 de julio de 1984, en Puerto Rico.

¿Qué me cuentas a mí que se tu historia?

Luego entonces amigo lector, no nos quejemos del México que estamos viviendo, porque en ello quede claro: ¡Tenemos el País que queremos!? Esa es mi apuesta ¡y la de Usted?…

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