Luis Núñez Salinas

Luis Núñez Salinas

LA APUESTA DE ECALA

Compromisos en el matrimonio

                  Hoy en día amable lector, uno de los temas que mayormente nos llama la atención, son las tradiciones que, aunque utilicemos el concepto de diferentes maneras, en su mayoría, las asociamos con festividades, cultura, historia, e inclusive, con aspectos muy particulares de nuestras familias.

Cuando dos personas están cercanas a casarse – poco común hoy día- las tradiciones de cada familia se ponen en negociación.

Un ejemplo.

La familia del novio tiene por tradición, ver la tele cada domingo a la hora de comer; por otro lado, la familia de la novia tiene por tradición, los domingos, salir a correr y después hacer un día de campo.

Sucede que estos dos chicos se casan, y el primer problema es poner a prueba lo que van hacer el domingo:

¡Vamos a ver la tele y comer! – dice el novio.

¡No! ¡Imposible eso es un sacrilegio!, vámonos a correr y luego a un día de campo. – dice la novia.

Y como no se ponen de acuerdo, ¡comienza la batalla! Y se bautizan como esposos, con este pleito.

Ella se va a casa de sus papás (ya ve que en México esto no pasa), les llora, les dice que se arrepiente de haberse casado con ese glotón -la verdad dicen más feo, pero no lo vamos a escribir-que es un bueno para nada, ¡Que hasta feo ya lo ve!, que le apestan los pies… etc.

Por el otro lado, el novio se va con su Mami (ya ve que tampoco eso pasa en México) y le dice que es una ¡vieja loca! (su esposa, no vaya a creer amigo lector que la mamá) que solo quiere hacer ejercicio, que solo le interesa que si se le ve bien o mal ese pantalón.

Que se obsesiona con la salud, que ¡Hasta la ve ya gorda! Que ya no le atrae… ¡que la odia!…

Y así los recién casados se enfrentan a dos opciones:

A la novia el papá le dice que deje de andar molestando, que ya es grande, que se haga responsable de sus acciones, y que ¡De inmediato se regresa y arregla los problemas con su esposo! Y se deja de andar con boberías.

Y sin más, el mismo papá, toma a la hija y la lleva a su casa de recién casada.

Por otra parte, al muchacho la mamá le pone una buena regañina, acerca del respeto y aceptación que debe de tener con su esposa.

Que varias veces, se le había dicho que, si realmente se quería casar, y que él había contestado que sí, y que ahora se hiciera responsable de sus actos, y que aprendiera a platicar, comunicarse, y tomar en cuenta, que los problemas y las diferencias se arreglan, hablando, como la gente decente.

¡Y lo corre!, ¡Vete a tu casa hijo! – le dice su mamá.

Y así, los recién casados, se ven, con timidez se meten a su casa, y aprenden que el matrimonio es estar juntos, solucionando los pequeños detalles que, si no se pone atención, se hacen más grandes.

Ellos platican, se arreglan y deciden ponerse de acuerdo que van hacer los domingos, y lo que mejor decidieron, fue que no iban a comer viendo la tele, ni a salir a hacer ejercicio y día de campo.

¡Ellos decidieron hacer sus propias tradiciones!, ir a comer a un restaurante, y al terminar, ver una película en el cine.

Pero…

¿qué hubiera pasado si el papá de la novia se pone de su lado y decide que no regrese su hija con el esposo?

¿Si la mamá del novio se pone de su lado y le dice que deje ya a la “vieja loca” que es su nuera? ¿Cómo su “jenruchito” se casó con semejante lagartona? ¡Qué mejor se hubiera casado con una Alcocer! Que aparte de ricas, ¡guapas!

… y si ponemos atención amable lector, en ocasiones, somos los papás quienes damos al traste – en el afán de ayudar- con las relaciones de nuestros hijos e hijas.

¿Qué acaso papá debe ser inmune a lo que acontece a su hija en el matrimonio? ¡no!, por supuesto que no debe ser así.

Pero hay límites.

¿Qué mamá no debe sufrir por lo que a su “junior” le pasa en el matrimonio?, pues la verdad ¡no debería sufrir!, no es su vida.

Pero las relaciones de los matrimonios de jóvenes, hoy día, se separan más por la intromisión de los papás, en sus propias decisiones, que lo que realmente ellos se pelean.

Los padres deben ser custodia del matrimonio de sus hijos, ¡no el lavadero!

Si la frase de Don Benito Juárez la analizamos: Entre las naciones, como entre los individuos, el respeto al derecho ajeno ¡es la paz!

La traducimos al “mexican curios”: ¡No te metas en lo que no te incumbe!

¡Fuerte sí! Pero cierto.

¿Por qué proteger al matrimonio de jóvenes?

Según el INEGI, los jóvenes hoy día se casan ellos de 30 y ellas de 27 años, promedio.

Los matrimonios que más duran son aquellos en donde el hombre le lleva promedio 3 a 4 años a su pareja.

En grado de escuela, el 47% tienen el mismo grado, es decir, si ella tiene licenciatura, él también.

En el 33% la mujer tiene un grado mayor académico al hombre (son quienes mayores problemas tienen y terminan divorciándose en un 67%)

De cada 100 matrimonios de jóvenes 19 se están divorciando al año, 23% a los dos años y después de cinco años, baja la tasa.

Donde más se divorcia la gente es en la CDMX y donde menos Quintana Roo.

577 mil matrimonios hay en México por año, si promediamos los últimos 5. Fuente: INEGI. Población, Hogares y Vivienda/Nupcialidad/Divorcios/ Divorcios registrados por entidad federativa y tipo de trámite, 2013.

En el 2015, estos matrimonios nos regalaron a México 1 192 795 varoncitos y 1 160 760 de chiquillas traviesas.

De los números anteriores, el 18% también nos lo regalaron las luchonas y trabajadoras mamás solteras, esas a quienes la sociedad, les debería de hacer un monumento.

Las causas que originan la mayor mortalidad en hombres, y que colapsan en algunas cuestiones a la familia, son con un 68% problemas del corazón.

Y la mayor causa de fallecimiento de las mamás, igual con un 30% por problemas del corazón y un 8% por cáncer. Datos del INEGI 2016.

Y ahora, les pregunto a los papás y mamás de los recién casados: – o próximos a serlo-

¿Alguien se metió en su matrimonio cuando ustedes recién se casaron? … ¿verdad que no?

¡Es más!, que ni permiso les pidieron a sus papás para casarse, con eso de la onda “jipy”, se matrimoniaron delante de un árbol, que fue su testigo universal.

¿cuántas de ustedes se echaron el pleito con sus papás porque no querían a su novio?, que por prieto y pobre, aunque ustedes lo veían como el mismísimo Andrés García o Jorge Rivero.

¡No se hagan! Cuando ustedes se casaron no tenían ni donde dormir, ahí un buen amigo les prestó un cuarto por unos días.

¿Todo lo anterior consecuencia de qué? Pues de que eran libres, tomaban sus propias decisiones, y lo que es mejor, no dejaban que nadie se metiera en su matrimonio.

Por ello los jóvenes que se casan, aunque ustedes los vean chiquillos y tiernos, tienen más edad para casarse, que la de ustedes.

Y algo que a los papás más les duele: ¡dejar ir!

Para que tengamos una mejor y mayor sociedad, arraigada en tradiciones frescas e innovadoras, que recuperen los valores familiares, debemos dejar volar a nuestros hijos e hijas, hacerlos responsables de sus actos, y convidarles a ser mejores personas cada día.

Acompañados de algo valioso que tenemos: La Libertad de decidir.

¡Porque la verdad nos hará libres!

Luego entonces amigo lector, no nos quejemos del México que estamos viviendo, porque en ello quede claro: ¡Tenemos el País que queremos!? Esa es mi apuesta ¡y la de Usted?…

                  Correo: [email protected]

                  Twitter: @LuisNSDG

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