Luis Núñez Salinas

LA APUESTA DE ECALA

Encuentro de Cortés y Moctezuma

En la comarca Chichimeca de Comaco Los dos dioses principales de los Tenochcas -Quetzalcóatl y Huitzilopochtli- hijos de Tonacatecuhtli, que tenían dos hermanos más, habían dejado claro la existencia del ciclo de días de trescientos sesenta, y cinco más para vivir en las tinieblas, así como el de reconocer al disco de luz de día, como parte importante de su comprensión de los acontecimientos.

Cipactli – el dios lagarto que creó la tierra- lo hizo con siete niveles, siendo el más alto en donde las tempestades se forman, y el primero están la luna y las nubes – tierra de Tláloc- en los demás se forman las estrellas y el sol.

Por el contrario, el inframundo, existen nueve niveles, de los cuales, el primero es cruzando los cerros – por donde se llegaba a la gran Tenochtitlán- y en el último te esperaban Mictlantecuhtli y Mictlancíhuatl quienes son los amos del lugar de los muertos, luego de haber sido devorado el corazón de los muertos, el lugar de obsidiana y la chimenea de fuego sin salida, entre otros.

El cielo, la tierra y el inframundo están perfectamente delimitados, no solo por las estrellas y venus, sino por la propia tierra, el sol y la luna; los cerros son un mapa estelar y con ellos miden y presagian los ciclos, tanto de las cosechas, como de sus días, que pudieran ser catastróficos o bendecidos, según el número de sacrificios hechos a su gran cosmovisión.

La estrella de los vientos para los europeos -en estas tierras- estaba delimitado por dioses, el del norte Tezcatlipoca representado en color negro, y el del sur el Tezcatlipoca azul, el oriente en el Tezcatlipoca de color rojo y el poniente por Quetzacóatl… es decir… el hombre de piel como la luz y rostro con vellos, vino por el lugar de Tezcatlipoca rojo… ¡no era Quetzalcóatl!

            ¡no era el dios sino el mensajero!

¡Moctezuma razonaba perfectamente la profecía! y los hechos no le cuadraban, aunque el signo de Tloque Nahuaque – una cruz sobre un círculo- lo traían los señores de las casas de agua  -según la perspectiva totonaca- la coincidencia de los tiempos no pertenecía aún a su llegada.

-¿quién es tu verdadero mensajero mi amigo Tloque Nahuaque señor de todo universo? ¿mis mujeres muertas en el parto que acompañan al disco de luz una vez tarde son tus mensajeras?

¡envíame una señal mi dios de todo lo creado! ¡mi único dios! ¡mi único hermano! ¡mi gran compañero guerrero!

Pensaba el emperador mientras revisaba sus oraciones, y exploraba aquella posibilidad de lograr encontrarse con el señor del vello en el rostro.

Moctezuma había sido obligado en varias veces a dejar de creer en Tloque Nahuaque – el dueño de lo que está cerca y de lo que está en círculo- inclusive ha sido acusado de blasfemia, por no creer en el dios del ejército de los cuatrocientos guerreros, dirigidos por Coyolxauqui que asesinaron a Coatlicue -que antes había dado a luz a Huitzilopochtli- quien él mismo, y su serpiente de fuego, cortó la cabeza a la Coyolxauqui…

A Moctezuma el rito de Coatlicue -diosa de todo lo creado- siendo la madre de todos los dioses, tuvo como hijo a Tloque Nahuaque, y consideró el emperador, que en el cerro del Tepetlyactlco -cerro nariz- se levantara un templo para su adoración.

Para el emperador la importancia de una diosa madre y su hijo -único dios- Tloque Nahuaque, le permitían tener una visión de lograr que el imperio tuviera una mejoría para su salvación… ¡esperar una señal solamente! eso era lo que anhelaba.

¡ahora sería! ¿tal vez?

La reunión entre los señores de Hernán Cortés de Monroy y Pizarro Altamirano y el emperador Moctezuma, estuvo pactada, diseñada y perfectamente bien estructurada, debido a que no era un simple encuentro o la señal de propiciar un encendido de fuego, dos grandes señores – uno emisario de otro reino, Cortés- y el gran señor del valle de las dos lagunas, una de agua dulce y otra de agua salada, el dueño de la mañana y del cenit, el colibrí de blanco plumaje, el emperador de los cielos, de la tierra y del inframundo… ¡el joven creyente Mutezuma!

Desde una calle ancha y hermosa, llena de flores y aromas de incienso puro y refrescante, doscientos guerreros ataviados con sus plumajes y sus pieles de jaguar, así como la cabeza cubierta de un antifaz negro, fuertes espaldas de musculatura sobrenatural, escoltan al Emperador, que en cada paso que da, le son puestas como alfombras, plumas de quetzales y rojos pétalos aromáticos, como si fuera una larga alfombra de bálsamos.

Al caminar le son entonados cantos de alabanza y cubren su piel una fina y brillosa capa de polvo de oro, que, al juntarse con el aceite de su cuerpo, le hacen parecer del propio metal del sol.

Su rostro bravío y ceñudo, su cuerpo delgado, pero bien entonado en músculos, sus ojos negros de un solo tono -en donde no se distingue la apertura de su iris- su hermoso y delicado rostro, como el de un niño, de grandes pestañas y nariz grande – como si un águila te mirara pensaba el fraile mercedario Bartlomé Ochaita- se acercaba en un vaivén, que demostraba el ritmo de que ¡todos lo hacían al unísono!

El capitán Cortés no dejaba de admirar tan suculento paisaje, al bajar de su montura descubrió que no distaban en mucho las estaturas, y aunque nadie de sus soldados le vio, se notaba nervioso y extraído, como si la magia de aquellas tierras le causaran sus temores más infantiles, sus sudores más recónditos y sus miedos, de los cuales ha sido cautivo durante años.

El compás de la música de percusiones y caracolas, los cantos de los cientos de guerreros que postraron una rodilla en el suelo al paso de su Emperador – y que respiraban afanosamente como en éxtasis- le dejaba claro al europeo que la casta a la que se enfrentaba era de otra dimensión, de otro mundo… ¡nunca visto ni enfrentado!

Las mujeres que escoltaban al Emperador – hermosas doncellas de color de piel como el tabaco, al cual ya Hernán era adicto- cantaban odas al emperador y lo bañaban con incienso de olor a frescura del agua…

… una brisa proveniente del lago, volaron las plumas de quetzal que estaban en el suelo, levantando una nube de color verde dorado que impacto a los españoles que a caballo esperaban una orden par atacar…

Nadie de la peregrinación se inmutó ante los hombres de a caballo, nadie se sorprendió de las condiciones de los guerreros de vello en el rostro… ¡nadie temía ese día!

¡solo el capitán Hernán sudaba y se remolinaba las manos!

Si se hubieran enfrentado, los europeos hubieran salido deventurosos, ¡el pueblo entero ofrecía a su emperador la carne y la sangre de sus vidas!

-¡gloria al sol Moctezuma!

¡gritaban los guerreros jaguares que soplaban incansablemente ante los europeos!

¡el capitán Hernán no se echó hacia atrás! aunque sus rodillas lo deseaban hacer.Masticando el tabaco que le enseñaron los indios Cohibas en la isla La Española, se envalentonaba, pero sabía que estaba ante el gran señor… ¡ya no era el mito ni la supuesta presencia!

¡era el propio Emperador! de todo lo que había pisado desde su llegada por la Vera Cruz.

El emperador tenía por protocolo de su casta no dejarse tocar ni tocar a nadie – el viento desaparecerá joven emperador si la carne de un desigual tuviera el atrevimiento de osar postrarse ante ti- así que, caminó hacia el centro de un gran tapete circular de dimensiones descomunales – construido solamente por plumas rojas del quetzal- y se quedó de pie… ¡la música paró!

¡eres el centro del universo! aclamaban los guerreros jaguares, a la vez que resonaban sus cetros en el piso, sin levantar la mirada y permanecían de rodillas detrás de su gran señor.

¡eres el centro del lago mi gran señor Moctezuma!… respiraban y al ritmo subían de tono los señores jaguares… ¡cantaban!

¡Cuando Moctezuma levantó la mano derecha todos callaron!… solo el agua se escuchaba… y desde la punta del basamento del centro de Tenochtitlán – el gran templo- se escuchaba el caracol de saludo…

Así el emperador le hizo la señal al señor embajador del reino de los hombres de casas sobre el agua, y de aquel reino más allá del mar de las caracolas de color púrpura…

¡levantó su rostro y con su mano hizo el gesto de que se acercara a Cortés!

¡el capitán vaciló en el primer paso!… – sus soldados lo notaron y no faltaron las burlas con muecas del ya llamado Tonatiuh.

¡el fraile mercedario no dejaba de rezar y encadenarse! a que el capitán no cometiera una de sus tantas estupideces, como alzar la voz o rascarse la entrepierna y olerse la mano.

Así Cortés camino haciendo ruido de su armadura en cada paso, a lo que los señores jaguares – solo la fila de adelante- levantaron el rostro y siguieron respirando profunda y ruidosamente- el capitán se paró, en rato temiendo que le atacaran, pero al no hacerlo ¡volvió a titubear!

Ya el joven español apodado Tonatiuh -Pedro de Alvarado y Contreras- volteaba los ojos ante el ridículo que hacía Cortés delante del emperador.

Cuando llegó Cortés ante el emperador, quiso darle un abrazo y los doscientos jaguares se levantaron… ¡paró de inmediato la intención!

¡Solo quedó de frente!

El emperador le tendió su mano – no para saludarle sino para indicarle que lo siguiera- y caminaron entre los guerreros para dirigirse al palacio… ¡los señores jaguares cerraron el cerco!

¡el capitán Hernán se sintió desprotegido y no quiso voltear a sus hombres!

Los españoles de a caballo – no más de cincuenta- esperaron a que la multitud regresara al palacio, y les siguieron.

-¡mira Pedro! hermosas calles de piedra y cal se juntan para hacer sólida esta estructura!

-¡anda que estos saben de ingeniería y peso mejor que muchos de los que nos acompañan!

Al pasar por los puentes el ruido de las olas que chocaban con los muelles ponían nerviosos a los caballos.

¡así lograron ingresar al palacio de Moctezuma!

Cuando los españoles bajaron de sus monturas, los nativos cercanos se alarmaron ¡la peste era tremenda!… ¡la brisa podía distinguir que no habían tenido contacto con el agua en semanas!

¡varios sirvientes y doncellas volvieron el estómago del asco!

Los europeos se olían entre sí para distinguir el fétido aroma…

-¿sois vos la peste Bernal?

-¡no Pedro!… seguro ha de ser una calle llena de estiércol!

En el centro del patio principal del palacio, había un aposento para el capitán Hernán y otro para el emperador Moctezuma… ¡como se dieran a entender!

Se le ofreció fruta y comida de la zona, suculentos manjares de pan de hueva de insecto del lago, aves asadas y doradas, así como carne de ciervos perfectamente preparada… ¡a montones!

El comienzo de la reunión había dejado claro el poderío y la consumación de que el viajero, estaba – si no ante el imperio de mayor impacto visto por sus ojos- sí seguro que ante algo que nadie había visto antes…

¡no había en todo el mundo conocido una civilización así!… ¡llena de tantos matices! ¡escondida! ¡llena de oro y plata!…

¡a su vez salvaje y bruta! ¡llena de infinidad de violentos ritos paganos! ¡de sangre y de antropofagia!

En ello meditaba… ¡de inmediato llegó a sus pies la joven esclava! – que es ahora su amante- Malintzin, quien se encargaba de hacerle entender.

¡una plebeya en el palacio de Moctezuma! ¡una hija del río! ¡sin descendencia del sol o la luna!…

Una hermosa doncella bailando se acercó a Hernán Cortés, danzando llevaba en sus manos una charola de plata pura, reluciente, con un suculento manjar, en el cual se observaba – de reojo- una carne rosada, envuelta en masa de maíz, cubierta con una salsa o potaje de color rojo puro…

La doncella vestida tan solo con un velo fino de tela de cocuy, que le hacía ver su anatomía completa y pura, resaltando lo fino y delineado de su figura…

Cuando depositó la charola delante del capitán de los reinos de más allá de las aguas saladas, el hombre de rostro de luz entró en pánico…

¡se sobresaltó!

¡distinguió el rostro de uno de sus compañeros desaparecidos Nepomuceno de Almonte! aquellos que durante las primeras expediciones y que habían caído cautivos, no habrán tenido noticias de ellos…

El rostro era distinguible claramente…

¡había sido sacrificado y ahora es el manjar del día! cubierto de aromáticas fragancias y suculentos olores…

¡el capitán Cortés contuvo la respiración y sudó frío…

Continuará…

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