Virginia Hernández Vázquez
¿Viste que el pasado 11 de octubre fue el Día Internacional de la Niña?
Seguramente encontraste alguna publicación felicitándolas o reconociendo lo importantes que son. Y está bien, pero creo que vale la pena preguntarnos por qué existe esta fecha.
En 2011, la ONU estableció este día para llamar la atención sobre los problemas que enfrentan millones de niñas en el mundo: violencia, discriminación, falta de educación y matrimonios infantiles. Situaciones que uno pensaría que quedaron en los libros de historia, pero que siguen ocurriendo, incluso en México.
A veces creemos que estas cosas pasan en lugares muy lejanos. Sin embargo, en nuestro país todavía hay niñas que son obligadas a vivir en pareja, que se convierten en madres a edades muy tempranas y muchas otras que sufren violencia desde pequeñas.
Y me preocupa que nos estemos acostumbrando a escuchar estas noticias. Vemos cifras de niñas desaparecidas, violentadas o abusadas y, muchas veces, la conversación comienza cuando el daño ya está hecho.
Según el INEGI, en México viven cerca de 19 millones de niñas y adolescentes menores de 18 años. Detrás de esa cifra hay millones de historias y sueños de pequeñas que merecen crecer en paz y tranquilidad.
Por eso creo que deberíamos hacernos preguntas más incómodas: ¿qué estamos haciendo para evitar que una niña sufra violencia? ¿Por qué todavía hay quienes no se sienten seguras en su casa, en la escuela o al salir a jugar? ¿Qué nos falta cambiar como sociedad?
Hemos avanzado con leyes y programas para protegerlas, pero todavía tenemos mucho trabajo pendiente. Desde los gobiernos debemos seguir impulsando acciones de prevención, protección y justicia. Y como sociedad también tenemos una responsabilidad: cuidar a nuestras hijas, hermanas, sobrinas, amigas y a todas las niñas de nuestro entorno.
Cada vez que llega una fecha como esta, pienso que ojalá algún día ya no hiciera falta recordarnos lo importante que es proteger sus derechos. Que cuidar a las niñas, escucharlas y darles oportunidades sea algo tan cotidiano que nadie tenga que exigirlo.
Mientras ese día llega, sigamos luchando, exigiendo respuestas y haciendo nuestra parte. Porque todas las niñas merecen crecer seguras y felices.






