Se ha informado y dado a conocer por el INEGI los resultados de la población en México para el 2025, (resultados de la Encuesta Intercensal EIC del Instituto Nacional de Estadística y Geografía -INEGI.
De acuerdo a dichos resultados, entre 2020 y 2025, la tasa de crecimiento poblacional anual fue de 1.7%, por debajo del 3% registrado entre 2015 y 2020.
Si bien no se trata de una disminución en la población, si en cambio se nota una desaceleración en el ritmo de crecimiento.
Y quizá a algunas personas les preocupe, sobre todo a los que están ligados a las inmobiliarias, pues seguramente habrá menos demanda.
Pero lo interesante es saber que impactos ambientales tiene una desaceleración poblacional.
En términos generales se puede decir que una desaceleración en el ritmo poblacional de crecimiento, genera impactos ambientales predominantemente positivos a mediano y largo plazo, ya que alivia la presión generalizada sobre el planeta, país o municipio.
Dicho alivio se puede observar en la presión sobre recursos locales (Micro-nivel)
En la disminución de la demanda de agua dulce: Al frenarse el crecimiento demográfico, se reduce el estrés hídrico sobre acuíferos y ríos, estabilizando el suministro para consumo humano y agrícola.
En la reducción de la generación de residuos: Menos personas significan un menor volumen total de desechos plásticos, electrónicos y orgánicos destinados a vertederos o que terminan contaminando ecosistemas marinos y terrestres.
Pero también en la recuperación de ecosistemas y biodiversidad (Mesonivel)
Pues habrá una menor deforestación y cambio de uso de suelo, pues la necesidad de expandir las tierras agrícolas y ganaderas para alimentar a una población en rápido crecimiento se estabiliza. Esto detiene la destrucción de bosques y selvas.
Un Freno a la fragmentación de hábitats: Al desacelerarse la expansión de las manchas urbanas y de la infraestructura de transporte (carreteras, vías), las especies silvestres recuperan la continuidad de sus territorios, lo que reduce las tasas de extinción.
Y por otra parte, también habrá una reducción de emisiones globales y cambio climático (Macro-nivel)
Una Baja en la huella de carbonol: Aunque el consumo por persona sigue siendo un factor crítico, un menor número de habitantes se traduce directamente en una menor demanda absoluta de energía, transporte y bienes manufacturados, facilitando el cumplimiento de las metas de descarbonización.
Y una transición energética más viable: Es significativamente más sencillo y rápido cubrir el 100% de la demanda energética con fuentes renovables (solar, eólica) si la población se mantiene estable en lugar de crecer exponencialmente.
No obstante lo anterior, hay que considerar los siguiente:
Si la población disminuye, pero el poder adquisitivo y el consumismo aumentan, los beneficios de tener menos habitantes pueden ser anulados por una mayor huella ecológica individual.
Asimismo, puede haber un giro hacia la calidad, nutrición y reducción de desperdicios
Pues con una población estabilizada, el enfoque de la industria agroalimentaria cambiaría radicalmente. Y pasaríamos de la cantidad a calidad:
Ya que las inversiones tecnológicas dejan de priorizar el rendimiento masivo por hectárea y se centran en la agricultura de precisión (uso de drones e inteligencia artificial para usar menos recursos) y en mejorar el valor nutricional.
Y también habría un combate al desperdicio, pues actualmente se pierde o desperdicia cerca de un tercio de los alimentos producidos. Una población más estable mitiga la necesidad de sobreproducción y permite diseñar cadenas de distribución locales más eficientes y menos propensas al desperdicio.
Otro aspecto que se ve influenciado es la movilidad, ya que la desaceleración poblacional ejerce un impacto profundo en la movilidad urbana e interurbana, transformando los sistemas de transporte desde una lógica de saturación hacia una de eficiencia, sostenibilidad y adaptación al envejecimiento. Al reducirse la presión por expandir la infraestructura a gran velocidad, las ciudades y los gobiernos pueden concentrarse en optimizar y descarbonizar los sistemas existentes.
Otro aspecto es la vivienda, en tanto la desaceleración poblacional tiene un impacto sísmico en el mercado de la vivienda y el desarrollo urbano, alterando por completo la dinámica de la oferta y la demanda. El sector pasa de una crisis crónica por expansión descontrolada hacia un escenario de estabilización de precios, reconversión de espacios y un fuerte enfoque en la sostenibilidad.
Lo anterior se traduce en un freno a la expansión urbana y, protección ambiental
Fin del “crecimiento horizontal”: Al reducirse la presión demográfica, se detiene la necesidad de urbanizar tierras agrícolas o naturales en las periferias. Esto reduce drásticamente la destrucción de ecosistemas locales y los costos ecológicos de llevar servicios (agua, luz, drenaje) a zonas lejanas.
Y se pasa a la compactación de ciudades: El enfoque de las constructoras e inmobiliarias cambia pues se pasa de construir macro-fraccionamientos nuevos a rehabilitar, redensificar y reciclar edificios ya existentes en los centros urbanos.
Pero esta desaceleración poblacional trae consigo el rediseño arquitectónico para una población envejecida, ya que la desaceleración poblacional está intrínsecamente ligada al envejecimiento de la sociedad y a la reducción del tamaño de las familias. Por tanto, las viviendas del futuro cambiarán su estructura:
Habrá hogares unipersonales o más pequeños, pues disminuye la demanda de grandes casas familiares y se dispara la necesidad de departamentos pequeños, funcionales y de bajo mantenimiento.
También, se presentará, de forma primordial, la accesibilidad universal, en tanto la arquitectura se volverá inclusiva y de forma obligatoria. Pues se priorizan viviendas sin escalones, con pasillos amplios, baños adaptados y tecnología domótica (casas inteligentes con sensores de asistencia para adultos mayores).
Por todo lo anterior, podemos decir que la Desaceleración Poblacional, no es sólo un tema de cantidades de personas, sino que se relaciona con otros tópicos como hemos visto.
Así es que, al estudiar, analizar o simplemente ver las cifras que nos muestran una desaceleración poblacional, hay que mirar hacia el futuro y ver los pros y contras que ello implica.
La desaceleración no significa que la población esté disminuyendo hoy, sino que crece más despacio. Piensa en un automóvil: el conductor levantó el pie del acelerador, pero el auto sigue avanzando por inercia. La población mundial se estabilizará y comenzará a decrecer solo dentro de unas décadas (las proyecciones actuales de la ONU apuntan a la década de 2080).
Lo que cambia es la estructura, no solo el número (El Envejecimiento)
Lo verdaderamente importante no es que seamos menos personas, sino que la estructura de la sociedad se invierte. Pasamos de una pirámide demográfica (muchos niños, pocos ancianos) a un pilar o pirámide invertida (muchos adultos mayores, pocos niños). Esto transforma por completo:
Como reflexión general, diremos que el siglo XX se basó en el diseño de ciudades, economías y sistemas de salud pensados para un crecimiento casí eterno. El gran aprendizaje de la desaceleración es que debemos aprender a prosperar sin crecer en número. Las soluciones del futuro ya no consistirán en construir más, sino en gestionar mejor lo que ya tenemos.






