GREGORIO MORALES AVILÉS / LA SOCIEDAD CIVIL ANTE LA CRISIS

ENTRE LÍNEAS

Estamos en días aciagos, las crisis que el COVID-19 ha desatado son más profundas de lo que muchos piensan y requieren soluciones y liderazgos más innovadores que los que se ven en el panorama nacional. No sólo se trata de un nuevo sistema de salud fortalecido, sino de empleos, reactivación económica, cooperación y visión clara hacia el futuro. Nuevas palabras, como después del sismo del 85, deben reaparecer en nuestro vocabulario: solidaridad, cooperación, fraternidad, humanización, salud mental, reconstrucción, sostenibilidad, empleo y reformulación del modelo económico. No hay de otra.

Se deben abandonar la polarización, la descalificación y el egoísmo. El coronavirus está sometiendo a los países de todo el mundo a una prueba de solidaridad en un momento en que muchos ya estaban consumidos por duras divisiones políticas y sociales. En México, han resurgido viejas pugnas de los estados contra la Federación, en lugar de intentar buscar la unidad nacional para enfrentar la pandemia que amenaza no sólo la salud, sino la economía, el empleo y la viabilidad del país en el corto plazo. No hay coordinación, pareciera que el COVID 19 en vez de promover la solidaridad y la cooperación, desata la confrontación y la prelación de los intereses particulares sobre los generales para enfrentar la pandemia.

Por un lado, tanto los partidos políticos como los gobiernos, federal y estatales, han dado muestras de descoordinación y de búsqueda de intereses limitados por las ideologías partidarias o por objetivos particulares, y esto se está viendo también en el concierto internacional, Europa del Norte contra Europa del Sur, Estados Unidos Vs. China, Francia o Alemania. Un informe publicado por la Fundación Carnegie Endowment for International Peace, sostiene: “En la mayoría de los casos, la pandemia ha amplificado los ya de por sí peligrosos efectos de la polarización, con serias consecuencias para la salud pública, la gobernanza democrática y la cohesión social”. (Fuente:Emol.com- https://www.emol.com/noticias/Internacional/2020/04/29/984517/Coronavirus-informe-polarizacion-politica.html)

El problema es que los gobernantes no leen, ni este informe, ni la realidad. El resultado final de esta prueba de solidaridad es altamente incierto. Por lo que se observa, vamos en sentido opuesto de lo que sucedió en Sudáfrica cuando Mandela llegó al poder, lejos de apoyar los fuertes sentimientos de venganza por el Apartheid, Mandela buscó la unidad nacional: «He luchado contra la dominación blanca y he luchado contra la dominación negra. He alimentado el ideal de una sociedad libre y democrática en la cual todas las personas vivan juntas en armonía y con iguales posibilidades. Es un ideal por el cual espero vivir. Pero, si es necesario, es un ideal por el cual estoy dispuesto a morir.» Nelson Mandela. (Fuente:  www.elhistoriador.com.ar)

Independientemente del egoísmo de los gobiernos, manifestado tanto nacional como internacionalmente, la sociedad civil ha ido asumiendo progresivamente un papel más activo para enfrentar los efectos de la pandemia. La crisis social, política, de salud y, sobre todo, la económica, bien valen la pena un golpe de timón en el ánimo nacional. En vez de seguir pensando en términos de ganancia política para un partido determinado, o para un sector específico de la sociedad, aunque se trate de “primero los pobres”, lo que se requiere es la unidad nacional, sin dejar de lado a los pobres. Mandela con su triunfo buscó la alianza de los blancos para dar viabilidad a su proyecto nacional, no quiso polarizar, sino unir. No buscó la venganza, sino la comprensión. Esto es lo que debe empujar la sociedad civil.

El presidente López Obrador, aunque le costó mucho sacrificio la lucha por el triunfo para llegar a la presidencia, ésta no se equipara con los 27 años de cárcel de Mandela. Éste perdonó en aras del bien de la nación. López Obrador debe buscar la unidad nacional para que México, como país, sea viable después del pico de la pandemia. Por un lado, una grave emergencia de salud pública puede unir a un país y dar a los líderes la oportunidad de elevarse por encima e incluso curar las divisiones partidarias crónicas. Sin embargo, por otro lado, el aumento de la ansiedad pública, las capacidades de gobernanza tensas y el impacto diferencial del virus en grupos particulares pueden exacerbar las fisuras de larga data. ¿Cuál es el balance hasta ahora?

En términos de unidad para afrontar el futuro tenemos un saldo negativo. Gobernadores que buscan salirse del pacto fiscal federal, gobernadores y medios que descalifican a las autoridades de salud, acciones gubernamentales-partidarias que tiran en sentidos opuestos, egoísmos en el reparto de material hospitalario para la protección y de despensas, informaciones contradictorias, insuficientes o falsas. Liderazgos locales o federales que tratan de excluir a los adversarios en la solución de la crisis, radicalización de posiciones en vez de buscar moderar para unir.

Si Morena se encierra en sus posiciones, en sus luchas internas, desde luego que perderá toda capacidad de liderazgo y de triunfo electoral futuro. No tiene más opción que negociar, de ir al centro, de ceder para unir. Esto se refleja con claridad con la pérdida de puntos de los niveles de aceptación del presidente ante las acciones que toma para resolver los problemas de la pandemia. El líder de Morena que se corra hacia el centro será el que sume puntos para poder competir con posibilidades de triunfar. Esta es la gran oportunidad de Maximiliano García.

Por otro lado, es la sociedad civil la que asume nuevamente la iniciativa para ofrecer soluciones viables y duraderas. Aquí es donde entra la presión de la sociedad civil que salió a las calles cuando Miguel de la Madrid se quedó pasmado en los Pinos.  Como toda desgracia de las magnitudes de esta pandemia, será necesario restañar heridas, dialogar, hablar, hacer narrativas sobre la forma en que cada familia, cada ciudadano, cada barrio o colonia, cada estado, vivió la desgracia, sobre los muertos y el sufrimiento generalizado, sobre la exhumación de los valores humanos largamente enterrados por las luchas de todo tipo por la sobrevivencia.

La sociedad propondrá una nueva experiencia social múltiple, necesaria, cargada de nuevos términos, de las novedades tecnológicas con que se han solucionado los problemas inmediatos, del Zoom, del Blue-jeans, de las videoconferencias y el uso masivo de las redes y el whatsapp.

Propongo un nuevo acuerdo nacional, que eventualmente llegue a una nueva constitución, pero en lo inmediato debe hacerse un Pacto para la Recuperación Económica y el Empleo. No al estilo de los que hicieron Miguel de la Madrid y Carlos Salinas, sino uno que incluya los intereses de todos, de los más necesitados, pero también de todas las empresas, pequeñas, medianas y grandes, de los informales y desempleados, todos aportan a la salud económica de la república, que signifique un cambio radical de la estructura socioeconómica y se oriente hacia la resolución de las múltiples desigualdades del país. Sin sesgo partidario, ni de clase social o grupo de poder de facto. No se trata de ganancias partidistas, sino de dar viabilidad a la economía y al empleo.

El mayor partidismo en el contexto de la pandemia tiene amplias ramificaciones negativas para la democracia. La pandemia crea oportunidades para que los gobiernos no liberales manipulen los procesos electorales.

No es demasiado tarde para que las élites políticas y los actores cívicos de todo el país encuentren oportunidades en la crisis para reducir las divisiones y romper con los viejos patrones de partidismo excesivo. Es aquí donde entra la acción organizativa de la sociedad. En efecto, se han multiplicado las acciones de solidaridad de ONGs y fundaciones, se ha hecho presente la generosidad de empresas y ciudadanos particulares, se han ensayado formas nuevas de diálogo y de trabajo en casa, de estudio con apoyo de las TICs, de flexibilidad de empresas y autoridades educativas. Las lecciones de toma de conciencia y los artículos científicos e investigaciones que nos muestran que la humanidad, no sólo la economía, debe cambiar de rumbo son claras. Holanda apuesta por un modelo basado en el decrecimiento de la economía, hay que examinar de cerca sobre esta propuesta, que ya  había sido elaborada aquí por Luis Tamayo (Aprender a decrecer. Ecosofía, México, 2014).

Si sabemos que la sociedad y la economía no serán las mismas después de esta crisis de la pandemia, no hay porqué seguir haciendo las mismas cosas que serán disfuncionales después. El cambio está en nuestras manos.

A propósito de solidaridad, la Fundación Familia en Movimiento tiene a su disposición la atención gratuita de las personas que sientan algún trastorno derivado del confinamiento por el COVID-10. Habla a los teléfonos: 442 228 7129 y 442 228 7133 y busca en la página http://familiaqro.bz

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