El FC Barcelona gana, gusta y golea. Así de simple.
No hace falta buscar una frase más elegante ni explicar cada movimiento sobre el campo. Esta vez tampoco habrá aforismos ni analogías. No hay que convertir el partido en literatura porque la literatura ya está ahí: en la manera de jugar. Hansi Flick y su flick-ball nos hacen disfrutar. Mucho.
No hablaremos de formaciones, presión, mediocampo ni espacios. Hoy vamos a lo simple, a eso que sentimos antes de intentar explicarlo: el Barcelona juega, juega bonito y uno quiere seguir mirando.
Esperar que el balón llegue arriba, sonreír ante una buena jugada, levantarnos del asiento, gritar un gol y querer que venga otro.
Para mí, la fórmula es sencilla: un entrenador que hace mejores a sus jugadores y jugadores que se hacen mejores entre ellos. El que corre ayuda al que piensa; el que recupera permite que otro invente; el que pasa hace bueno al que define, y el que define corona a todos. Se toca el balón con el más cercano para llegar al más lejano. Nadie juega únicamente para sí mismo.
El futbol se ha llenado de análisis y explicaciones. Sí, todo eso sirve para entender mejor un partido, pero antes está el impulso que nos acercó al juego: simplemente disfrutar. Eso nos está regalando este Barcelona.
Hoy no hay búsqueda de prosa porque la prosa está en el balón. Cada jugada parece una frase y cada gol le pone el punto final. Después de siete victorias y treinta y un goles a favor, ¿para qué intentar ponerle prosa a ese poema? El Barcelona gana, gusta y golea. Y nosotros disfrutamos.
Así de simple.





