Francisco Javier Meré Alcocer, PH. D.

Francisco Javier Meré Alcocer

TEMPORAL

El Grito de Dolores (segunda parte)

La noticia del levantamiento del Dos de Mayo de 1808 en Madrid llegó a la sociedad novohispana en agosto, mismo mes en que el virrey Iturrigaray desconoció a la Junta de Oviedo, que se proclamó soberana del Imperio Español en ausencia de Fernando VII. Este hecho fue visto por la sociedad de peninsulares radicados en México como declaración informal de independencia por parte del virrey, propuesta condenada por el inquisidor Prado y Obejero y por el oidor Guillermo Aguirre de la Real Audiencia. La diferencia de opinión entre la Real Audiencia y el Ayuntamiento de México ocasionó que los opositores a la Junta encabezados por Gabriel de Yermo derrocaran al virrey Iturrigaray mediante el golpe de estado del 15 de septiembre de 1808, a quien pusieron preso junto con algunos de los líderes del Ayuntamiento, desterrando a otros de sus líderes, imponiendo la Real Audiencia como virrey a su títere Pedro de Garibay, lo que llevó a la élite criolla de la Nueva España a radicalizar su posición, comenzado un movimiento conspirador contra la ocupación francesa.

José María Morelos hace 204 años señaló en su documento “Sentimientos de la nación” en el primer punto: “Que la América es libre é independiente de España y de toda otra Nación, Gobierno ó Monarquía, y que así se sancione, dando al mundo las razones”, en el quinto punto: “La Soberanía dimana inmediatamente del Pueblo, el que solo quiere depositarla en sus representantes dividiendo los Poderes de ella en legislativo executivo y judiciario, elixiendo las Provincias sus vocales, y estos á los demás, que deben ser Sujetos Sabios y de Probidad” y en el onceavo: “Que la Patria no será del todo libre y nuestra mientras no se reforme el Gobierno” lo que no se ha cumplido.

El próximo 27 de septiembre celebramos 197 años de independencia y vemos que permanecen condiciones similares a las de 1810. La “Real Audiencia” se transformó en la Cámara de Senadores y en las Cámaras de Diputados, federal y estatales, apoyados por la democracia actual, causando sólo riqueza para políticos, servidores públicos y partidos políticos, incrementando con sus leyes la pobreza de la mitad de los habitantes del país, generalizándose la corrupción

Dentro de los antecedentes del Grito de Dolores jugó un papel importante el desarrollo del nacionalismo criollo, que exaltó la riqueza cultural de los indígenas, revalorando la tierra donde habían nacido y proyectándolo como un elemento de identidad. Los criollos de las colonias españolas ocupaban una posición inferior con respecto a los peninsulares (designados como gachupines) en la estructura de la sociedad virreinal.

La economía colonial de Nueva España era la explotación de esclavos. El comercio entre Nueva España y la Península Ibérica se realizaba exclusivamente por el puerto de Veracruz, beneficiando a los comerciantes de la Villa Rica de la Vera Cruz que tenían una grande influencia en la política y en la economía de la colonia. Las reformas borbónicas de finales del siglo XVIII generaron el crecimiento de una pequeña clase media de extracción americana y desarrolló nuevas ramas económicas en la Nueva España, pero no beneficiaron a las clases bajas, además de afectar a.las familias vinculadas con el comercio exterior.

La declaratoria de libre comercio entre las colonias y la abolición del monopolio veracruzano permitió el crecimiento del poder de cámaras de comerciantes en otros puertos de Nueva España. Uno de los factores que contribuyó al auge minero de finales del siglo XVIII, fue la incorporación a esta industria de las familias de comerciantes que vieron amenazadas sus inversiones e intereses. Durante la segunda mitad del siglo XVIII la producción minera vivió una de sus mejores épocas, triplicándose la producción de oro y plata en el período de 1740-1803 (Villoro, 1989: 594). El auge minero benefició a los grupos de comerciantes que controlaban el tráfico entre la colonia y España y a los dueños de las comarcas agrícolas que abastecían a los principales centros mineros o comerciales en todo el país (el Valle de Puebla asociado a la ciudad de México y el Bajío asociado a Zacatecas y Guanajuato).

La rebelión del pueblo de Madrid, el levantamiento de las armas en toda España y el nombramiento de Juntas de Gobierno Autónomas por el pueblo español, como resultado de la invasión francesa del 2 de mayo de 1808 y de la claudicación de los borbones dio origen a la agitación de la sociedad novohispana y a la pregunta: ¿Que Junta de Gobierno debe obedecer el Gobierno de la Nueva España?, respondiendo los licenciados Francisco Primo de Verdad, Juan Francisco de Azcárate y el Padre peruano Fray Melchor de Talamantes, miembros del Ayuntamiento de México, que ante la ausencia de los Príncipes Españoles prisioneros por Francia en la Nueva España la soberanía debía ser ejercida por el pueblo, tesis que como ya se comentó fue declarada herética y alborotada por la Audiencia relevando al virrey el 15 de septiembre de 1808.

En 1809 en Valladolid, el cura Miguel Hidalgo y Costilla se unió a una sociedad que tenía como objetivo reunir un congreso soberano formado por representantes de las villas de la Nueva España para gobernar en nombre de Fernando VII, junta soberanista que se reunía en casa del oficial de bajo rango José María García Obeso, presidida por José Mariano Michelena, oficial de bajo rango miembro del bajo clero, entre los que estaban José Mariano Michelena, José María Izazaga, Agustín de Iturbide, Manuel Villalongin, José Nicolás Michelena, Vicente Santa María, Antonio Soto Saldaña, José Manuel Lloreda, Manuel Iturriaga, José María Abarca, Francisco Álvarez, Pedro Rosales, Juan Bautista Guerra, Ruperto Mier, Manuel Muñiz y Manuel Ruiz de Chávez.

El cura Hidalgo en sus viajes a San Miguel y a Querétaro hizo amistad con el capitán Ignacio Allende, con quien comentaba entusiasmado la posibilidad de buscar una Junta de Gobierno en la Nueva España. La conjura de Valladolid fue descubierta en diciembre de 1809 y sus miembros procesados por conspiración, siendo libertados por intervención del virrey Lizana.

Al descubrimiento de los conjurados en Valladolid se trasladaron a Querétaro donde se reunieron con un grupo de letrados e intelectuales, pequeños comerciantes y militares del ejército colonial, pretextando reuniones literarias nombradas Academias Literarias, a las que concurrían muchas personas, todos criollos. En el grupo se encontraban el pequeño industrial y oficial del ejército novohispano Juan Aldama, su hermano Ignacio Aldana, militar del ejército novohispano, el cura Miguel Hidalgo y Costilla, los licenciados Don Manuel Lazo y Don Manuel M. Altamirano, los hermanos Eleuterio y Epigmenio González, el capitán Ignacio Allende, Don Miguel Lanzagorta y Arias, el corregidor de la ciudad José Miguel Domínguez y su esposa María Josefa Crescencia Ortiz Téllez Girón de Domínguez, estando de acuerdo el corregidor con los objetivos de la academia, quien en ocasiones no asistía y permitía que su esposa se reuniera en la casa familiar con Allende para comentar al respecto. Allende encabezaba en Guanajuato un grupo de conspiradores que promovía la independencia del país, dentro de los cuales se encontraban los capitanes Arévalo y Aldama y los presbíteros Casas del Cerro, Castelbraque y Zamarrita.

Las reuniones cuyo tema principal era compartir la idea de sublevarse y la Independencia de México eran encabezadas por el presbítero Don José María Sánchez y por el Lic. Don Francisco Parra, celebradas en ocasiones en una academia de la ciudad o en la casa del Pbro. Sánchez o en la casa del Lic. Parra.

El Secretario de la Junta, Mariano Galván, y el capitán Arias delataron la conspiración y al grupo en septiembre de 1810. El grupo, conocido como los Conspiradores de Querétaro, tuvo tiempo de prevenirse ante la intervención de las autoridades virreinales en la ciudad de Querétaro. El corregidor preocupado por la integridad de su esposa al saber el descubrimiento del grupo, la encerró en la recámara de su casa, hoy Palacio de Gobierno del estado de Querétaro, para que no se metiera en problemas. Estando encerrada doña Josefa golpeó el suelo de su habitación con la esperanza que alguien del primer piso la escuchara y la ayudara a salir para avisar a los demás que habían sido descubiertos y del peligro en que se encontraba el movimiento independentista, al encontrarse las tropas realistas en Querétaro. La esposa del Corregidor se comunicó con el Alcalde Ignacio Pérez a través de la puerta de su habitación informándole lo sucedido y lo envió a San Miguel El Grande para informar al capitán Ignacio Allende que habían sido descubiertos; al no encontrarlo Ignacio junto con Aldama se encaminaron hacia Dolores para informar de los acontecimientos al cura Hidalgo quien se encontraba con Allende.

Apremiado por la situación al saber la noticia del descubrimiento del grupo, el cura Miguel Hidalgo y Costilla ordenó al sacristán tocar intermitentemente las campanas del templo del pueblo de Dolores en la madrugada del día 16 de septiembre de 1810, para reunir al pueblo en el atrio del templo e informarles del plan de independencia. Hidalgo, en compañía de Allende, Aldama y varios de sus seguidores, comunicó a las personas del pueblo que acudieron al llamado de la campana sobre los acontecimiento y lanzó el grito de Dolores: ¡Viva la virgen de Guadalupe!, ¡ Viva Fernando VII !, ¡Muera el mal gobierno!; posteriormente, en compañía de los reunidos, un puñado de campesinos mal armados y peor preparados para la milicia, acudió a la cárcel del pueblo y liberó a los presos que estaban por delitos comunes, quitando el mando a los españoles, reuniendo una tropa cuya magnitud se señala como de 300 hombres, con los escasos pertrechos disponibles en la armería local y en espera de los refuerzos que pudieran proveerle Allende y Mariano Abasolo, oficiales del ejército.

Posteriormente Hidalgo portando el retrato de Fernando VII se dirigió a Atotonilco el Grande, donde tomó el estandarte de la Virgen de Guadalupe para usarla como bandera, por lo que la primera bandera mexicana fue el estandarte de la Virgen de Guadalupe y el primer escudo el retrato de Fernando VII, donde nuevamente arengó a su tropa con el grito de ¡Viva la Virgen de Guadalupe, mueran los gachupines, viva Fernando VII! continuando a San Miguel el Grande donde llegaron los refuerzos de Abasolo y de Allende.

A su salida de San Miguel el Grande, la tropa insurgente seguía siendo mayoritariamente campesina, sumándose a su paso por las poblaciones del oriente de Guanajuato nuevos miembros. Pero la mayor parte de los criollos no veían con buenos ojos el levantamiento de los conspiradores de Querétaro. Incluso el mismo Ignacio Allende comenzaba a ver con recelo a Hidalgo, a quién más tarde acusaría de haberse dejado llevar por la plebe. El grupo Insurgente continuó a Celaya, donde obtuvo su primera victoria importante el 20 de septiembre de 1810. Enarbolando un retrato de Fernando VII y el estandarte de la Virgen de Guadalupe, la tropa tomó la ciudad y la saqueó. En Celaya Miguel Hidalgo fue proclamado Generalísimo de América, quedando al mando del ejército por encima de Allende, que sin discusión era más hábil y conocía de tácticas militares. De Celaya salieron con rumbo noroeste apoderándose de Salamanca, Irapuato y Silao llegando a Guanajuato el 29 de septiembre.

En Guanajuato el intendente Riaño se parapetó en la Alhóndiga de Granaditas, uno de los edificios más fuertes y gruesos de la ciudad que servía de fortaleza y almacén, donde el grupo insurgente presentó batalla a los españoles ahí reunidos, inferiores en número a los insurgentes, siendo muerto el intendente, unos doscientos soldados y todos los refugiados realistas y españoles que se hallaban refugiados en el edificio (De la Torre, 982), capitulando los españoles. En la Alhóndiga se gestó el hecho heroico del indio minero José Juan Martínez “El Pípila”, quien con una losa sobre la espalda para protegerse de las balas enemigas atravesó la calle e incendió la puerta de acceso, permitiendo la entrada de los insurgentes quienes tomaron la ciudad de Guanajuato y la saquearon.

Posterior a la toma de Guanajuato, Hidalgo con su gente se trasladó a Valladolid, llegando el 20 de octubre de 1810, al pueblo de San Miguel Chairo donde se reunió con el cura Don José María Morelos, a quien Hidalgo le encomendó la insurrección en el sur del país.

La ocupación y saqueo de la ciudad de Guanajuato fue el inicio de una serie de victorias que llevó a los insurgentes a ocupar ciudades tan importantes como Guadalajara, Toluca y Valladolid (hoy Morelia) que se rindió ante el temor de ser saqueada como Guanajuato, llegando los insurgentes a la Sierra de las Cruces, antesala poniente de la ciudad de México, donde los insurgentes propinaron una de las peores derrotas a los realistas, pero por razones aún desconocidas, el generalísimo decidió volver a la capital de Michoacán.

Once años después del Grito de Dolores, con la entrada del Ejercito Trigarante a la ciudad de México, el 27 de septiembre de 1821, se fraguó la independencia de México, fecha que deberíamos celebrar.

Durante la inauguración del Segundo Encuentro Académico “Iglesia e Independencia” en Morelia, organizado por la Conferencia Episcopal Mexicana el 24 de septiembre de 2009, el Arzobispo de Morelia Alberto Suárez Inda, mencionó que la independencia de México se basó en las ideas de caridad y respeto al prójimo que Miguel Hidalgo y José María Morelos conocieron durante su educación en el Colegio de San Nicolás y en el Seminario Tridentino de San Pedro de esa ciudad. El Obispo señaló encarar el encuentro “con base en el perdón y con ánimo de discutir los aspectos históricos de la Independencia de México para una mejor comprensión de ésta, la que a 208 años del Grito de Dolores aún no está consumada, al persistir grandes diferencias entre ricos y pobres”, recordando la obra magna del obispo Fray Juan de San Miguel en los tiempos en que Hidalgo y Morelos cursaron sus estudios sacerdotales en Valladolid. Suárez Inda mencionó que: “No seamos prisioneros del pasado, sino que emprendiendo el camino del perdón y la purificación de la memoria, los males de antaño no nutran el odio y sigan lastimando, pero sobre todo no se vuelvan a repetir”. “La tierra de Morelos, antes Valladolid, es la cuna ideológica de la independencia, porque más que las armas que desafortunadamente causaron muchas muertes y por qué hoy se sigue derramando sangre por intereses mezquinos, fue la fuerza del pensamiento, de la razón, una reflexión comprometida la que movió la conciencia de los insurgentes laicos y clérigos, quienes por razones superiores emprendieron el movimiento libertario que hoy conmemoramos”. Comentarios al correo electrónico   [email protected]

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