FERNANDO DEL PASO POR QUERÉTARO

FOTO: LA JORNADA
FOTO: LA JORNADA

Apenas unos meses después de la aparición de su libro “Noticias del Imperio”, editado por Diana en noviembre de 1987, invitamos desde la dependencia gubernamental encargada de la cultura, la educación, el deporte y ‘chunches’ varios (Gutiérrez Vega dixit) a Fernando del Paso para que comentara su reciente novela y expusiera en una galería sus hermosos dibujos en tinta china.

Después de los actos invitamos al autor a cenar y una mesa prevista para cuatro se convirtió en una gran mesa porque el escritor asistió acompañado de su esposa Socorro, dos de sus hijas y dos personas más. Por si fuera poco, parte del público, que se había enamorado del estilo narrativo y la expresión de formas y colores delirantes de sus dibujos, quería escucharlo y estar cerca del escritor y pintor, sin imaginarse entonces que ese hombre sencillo y de voz clara y sonora sería reconocido como uno de los mejores escritores mexicanos del siglo XX.

Algunos sí llegamos a sospechar que el narrador de historias repletas de información enciclopédica y que había vivido en Londres trabajando como locutor en la BBC, sería algún día valorado en estricta justicia por una obra literaria original, sorprendente, ambiciosa (en el sentido de buscar y encontrar la novela total en sus narraciones) y seductora.

Confieso que años atrás había empezado a leer su novela “José Trigo” (1966) publicada por el Fondo de Cultura Económica, luego de que la editorial había hecho una tregua en su producción, debido al impacto producido en la clase gobernante por la edición de “Los hijos de Sánchez” (estudio profundo de los ‘olvidados’ de Oscar Lewis que provocó la ira de un presidente colérico y opresor como Díaz Ordaz). Confieso que no terminé de leer aquella  novela cuya estructura me distraía horriblemente (el texto incorpora una enorme variedad de discursos que hacen de la novela un argumento rico y multiforme, pero nada fácil de leer a pesar de que el tema es una interesante explicación sobre la tecnología de la industria ferroviaria, una recreación de los mitos prehispánicos y una  invención de floras, faunas y geografías fantásticas).

De cualquier modo, el curso avasallador de la narración me había parecido subyugante   (en donde el lenguaje es el  principal protagonista) lo cual se repitió en “Palinuro de México” (1977). Mamotretos llenos de semántica a manos llenas, imaginación a manos llenas, cultura musical y erudición a manos llenas.

No era ese ambicioso escritor el que teníamos frente a nosotros  aquel 9 de julio de 1988. Ya para entonces había concluido una novela que le llevó diez años investigar, redactar y corregir. Quien hablaba con voz pausada y perfecta dicción (no en balde había sido locutor) lo hacía con la humildad de un modesto burócrata, así se desempeñara entonces como consejero cultural en la embajada de México en Francia.

El que si tenía la certidumbre de que había escrito una obra formidable era el propio del Paso. Ahora cenaba unos tacos de cabrito rodeado de familiares, de lectores que no terminaron de leer sus relatos fantásticos y de admiradores que había cosechado de última hora.

El escritor nos agradeció la invitación a Querétaro, en donde antes sólo había estado de paso, no obstante que en esta ciudad transcurren partes significativas de la obra “Noticias del Imperio” (considerada una de las 25 novelas mexicanas más importantes según reciente encuesta de la revista “Nexos”),  firmándonos un ejemplar de su libro. Hoy le agradecemos su dedicatoria y que nos haya obsequiado con el exquisito placer de su lectura.

La novela es un recorrido formidable por una parte de nuestra historia a través de personajes que combinan ficción y realismo histórico. Gracias a ella se siente el extraño deleite de caminar por los senderos de la locura acompañando a María Carlota de Bélgica en su circunloquio delirante desde el Castillo de Bouchout, sesenta años después de la caída del Imperio.

En aquel paso circunstancial por Querétaro, del Paso estaba a dos décadas de que la FIL le hiciera justicia al entregarle el Premio FIL 2007, que cada año otorga la Asociación Civil Juan Rulfo en el contexto de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

Según las crónicas, del Paso recibió el premio en silla de ruedas, con sus setenta y dos años y con un flujo nasal que no lo abandonó durante el acto protocolario. Al tomar la palabra expresó: “En el uso de todas mis facultades mentales y delante de todos los testigos, declaro aceptar de buenísima gana, con la conciencia limpia, con un gran entusiasmo y un inmenso orgullo, el decimoséptimo Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo, ‘alias’ segundo Premio FIL de Literatura 2007”.

Sus palabras hicieron recordar que hace dos años el premio no se entrega con el nombre que le dio vida: Premio Internacional de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo, por una pugna entre familiares del autor de Pedro Páramo (ofendidos porque Tomás Segovia, uno de los ganadores de la presea, declaró sobre Rulfo que éste no fue un gran estudioso, ni tuvo una vida muy deslumbrante, pero nació con el don de la escritura)  y los organizadores de la feria del libro más importante del mundo de habla hispana.

Del Paso estaba recién operado y se dudaba acerca de su asistencia al acto inaugural de la Feria. Finalmente llegó, aún con dolores, acompañado de familiares y amigos escritores. No obstante que hizo un esfuerzo por llegar hasta el presidium,   tuvo que esperar unos minutos a que arribara el primer mandatario que fue recibido con un tibio aplauso que cuando terminó fue aprovechado por una mujer que gritó con potencia: “¡Felipe Calderón es un presidente espurio!”. De inmediato la acalló el sonido del presentador y fue arrastrada a la salida por un grupo de hombres de seguridad; afuera, otras mujeres exhibían una pancarta con la leyenda “Si Arreola viviera contra El Espurio estuviera”.

Del Paso ofreció un emotivo discurso que combinó los recuerdos de su amistad con Rulfo (quien fue su tutor en el Centro Mexicano de Escritores y su amigo de toda la vida), la tristeza que le produjo no haber sostenido una correspondencia con el autor de Pedro Páramo y los lazos que lo unen a Colombia (país que asiste como invitado especial a esta edición de la FIL). Recordó a los escritores jaliscienses más notables de los últimos años: Arreola y Rulfo.

Sobre el arrepentimiento por no haberle escrito una sola carta a Rulfo en todos los años en los que se habían frecuentado, aun a sabiendas de que ambos padecían de una especie de alergia a la correspondencia, se recuerda que en alguna ocasión del Paso preparó un programa de radio que se llamó Carta a Juan Rulfo. El sábado, en su discurso, reactivó esa correspondencia para decirle que México y el mundo son un desastre. “Pero más bien para lo que hoy te escribo en esta segunda carta, Juan, es para decirte dos cosas: una, que soy de los que pienso –¡qué digo ‘pienso’, estoy convencido!– que tú, más que un hombre de letras, más que un académico, fuiste un iluminado”.

Cuando del Paso dijo que México era un desastre, el presidente Calderón levantó las cejas y las devolvió a su lugar, cuando se percató que el escritor no aprovecharía la ocasión para un discurso político (y olvidó por un momento que el novelista había declarado su simpatía por López Obrador).

No desperdiciaría el escritor su momento. Esta vez se trataba del festín, del banquete de la cultura que reúne anualmente a cientos de escritores y miles de lectores, codo a codo, como estuvimos en Querétaro con Fernando del Paso aquella noche en donde él comió unos maravillosos tacos de cabrito, a unos metros en donde una mañana de junio, un pelotón de fusilamiento había acabado con los sueños y la vida del Emperador y acrecentado la locura de Carlota, Emperatriz de México, “…mujer de Fernando Maximiliano José, Archiduque de Austria, Príncipe de Hungría y de Bohemia, Conde de Habsburgo, Príncipe de Lorena, Emperador de México y Rey del Mundo, que nació en el Palacio Imperial de Shönbrunn…”

POR: JUAN ANTONIO ISLA ESTRADA

Comentarios

Comentarios