FERNANDO CORZANTES / UN OBSERVATORIO CIUDADANO DE LA CULTURA

ENCUENTRO CIUDADANO

La cuestión cultural constituye un espacio de suma importancia para los ciudadanos, tanto como la educación, la investigación científica o la salud.   En la edad de las democracias, la cultura se convirtió en un derecho (del hombre y del ciudadano), su acceso se volvió signo del desarrollo general de la sociedad, y la capacidad de participar, crearla y legarla a las futuras generaciones, devino en indicador de mejoramiento social y económico, así como en una muestra de que, de una generación a otra, el conjunto de una sociedad se ve envuelto en una dinámica de progreso.   La indispensable necesidad de pensar, reflexionar y actuar en cultura, requiere la participación no sólo de la denominada comunidad cultural, sino de un conjunto de actores sociales y políticos que pocas veces prestan la atención debida a este rubro.  La idea y necesidad de ciudadanizar y someter al escrutinio de la observación pública a la cultura, es un requisito de las sociedades denominadas “modernas”.   La tutoría, el mecenazgo y control de organismos e instituciones culturales nacionales, estatales y municipales, ha sido la tarea del Estado a lo largo del siglo XX y lo que va del presente.  Y en Querétaro no es sino hasta 1985, el que se le da el lugar e importancia que merece.  No solo la existencia de administraciones culturales dedicadas a un campo específico define una política pública cultural, ni la presencia de una población que se consolide profesionalmente por el arte (los artistas y todos los grupos especializados en el sector cultural).   Además de los anteriores factores, es sobre todo el consenso democrático el que permite hacer de la cultura un objeto de atención gubernamental, un sitio de inversión y de repercusiones económicas, un sujeto de la discusión democrática en general.   Pero de qué se puede dialogar, si no existen datos, números, estadísticas, etc., sobre la cultura en nuestro estado, ya que las instituciones responsables no los tienen, ni los buscan.  Y de la numeralia que da el INEGI y el Sistema de Información Cultural, es general, imprecisa e inconexa.

En la democracia, para que haya verdadero debate sobre las estrategias, las inversiones, las orientaciones y la satisfacción de los derechos y obligaciones de los ciudadanos, es ineludible la necesidad de información fiable, comprensible y bien difundida, adaptada a las apuestas de las políticas públicas y a las exigencias del acontecer democrático.

Por ello se insiste en la creación de un Observatorio ciudadano de la Cultura, el cual tendría cuando menos tres misiones o ejes disciplinarios: elaborar, organizar y difundir las estadísticas de la cultura; estudiar las prácticas culturales; y estudiar la economía del sector cultural.  Así definimos una herramienta indispensable para las políticas públicas culturales y, al mismo tiempo, determinamos un elemento que debe funcionar fuera del calendario político para ser eficaz. Este organismo debe ser capaz de acumular conocimientos, metodologías y resultados fiables para producir instrumentos rápidamente utilizables en las políticas públicas (planes, programas, evaluaciones, prospectivas, indicadores, estadística, proyección, numeralia, etcétera).

Es conveniente  pensar que al establecimiento concreto de un Observatorio Cultural, éste demostraría su utilidad al acumular conocimientos y datos, capitalizar los métodos, concentrar las iniciativas ya existentes. Marcaría nuestra realidad (datos) con otras semejantes o diversas.  En síntesis, la creación de un Observatorio de Políticas Culturales es un método sólido, que permite la mejora de políticas públicas culturales en el dominio incuestionable de las estrategias al servicio de un real desarrollo cultural, continuo y sostenido a los niveles gubernamental y cotidiano.

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