SOY EXCESIVAMENTE BARROCO: NACHO PADILLA

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Plaza Roja: Ignacio Padilla con Sergio Arturo Venegas Alarcón, entrando al estudio del escritor para ser entrevistado. Ayer se cumplió un año de su trágico fallecimiento. FOTO: ARCHIVO

Plaza Roja: Ignacio Padilla con Sergio Arturo Venegas Alarcón, entrando al estudio del escritor para ser entrevistado. Ayer se cumplió un año de su trágico fallecimiento. FOTO: ARCHIVO

Estamos en la “Plaza Roja” de Juriquilla, en su estudio que parece un pisito de Madrid o una buhardilla de Ámsterdam. Ofrece café y vamos por él al Oxxo de enfrente, “es muy bueno” dice y sí, sobre todo cuando se entrevista a un personaje como él.

Padilla, traducido a 15 idiomas, autor (entre otras novelas) de Amphitryon –con la que ganó en 2000 el Premio Primavera, otorgado por la editorial Espasa-Calpe- y de La gruta del toscano que hoy atrae como gran novedad en todas la librerías, nació en el De Efe en el paradigmático 68.

.Hace diez años, con otros miembros de su generación: Jorge Volpi, Eloy Urroz, Pedro Angel Palou y Ricardo Chávez Castañeda, lanzó desde Pachuca un manifiesto literario para romper con la literatura bananera y volver a las raíces del boom latinoamericano.

Hoy vive en Querétaro y es maestro de la universidad de las Américas, en Puebla. Doctorado en literatura inglesa por la Universidad de Edimburgo y en literatura española e hispanoamericana en Salamanca, ha sido lo mismo agregado cultural de México en Gran Bretaña que director de la revista Playboy y reo de muerte en Swazilandia acusado de terrorista y de haber estallado una bomba en Zambia.

El autor de El año de los gatos amurallados ha sido becario de la fundación John Simon Guggenheim y miembro del Sistema Nacional de Creadores. Acumula una docena de premios nacionales e internacionales, entre ellos el Juan Rulfo para Primera Novela, el Juan de la Cabada, el Malcom Lowry y el José Revueltas.

La celebridad no ha mellado para nada la sencillez de Ignacio Padilla que recibe a los reporteros en mangas de camisa, con una espléndida corbata verde y minimalismo de su rincón de trabajo. Sobre la mesa de granito una lámpara, su cuaderno, el celular, el vaso que hace las veces de cenicero y el libro La historia del fin del mundo de Jonathan Kirsch. Lee en inglés, idioma que habla como el español, francés, alemán, italiano, portugués y holandés.

Es un torbellino de ideas claras y palabras exactas. Ni sobran ni faltan. Habla como escribe. Responde como uno espera que lo haga el creador de Las tormentas del mar embotellado.

Un Grupo De Amigos

¿Cómo se ve y se siente hoy este protagonista del Crack? Le preguntamos, para abrir boca.

Bueno, lo veo como un acontecimiento feliz. Lo sigo viendo como uno de los rasgos o eventos más positivos de mi vida. Hay que recordar que el Crack, más que una generación, más que un grupo literario, es un grupo de amigos. En cuanto a tal ha existido o como tal ha existido desde mucho antes, desde hace 20 años. Entonces, pues yo festejo muchísimo mi pertenencia al Crack, porque festejo mucho mi amistad con todos los escritores, como con muchos más que han marcado, desde luego mi manera de escribir y mi carrera; pero, sobre todo, es una muestra importante para mí y para el ambiente literario en general, de que la literatura puede ser una experiencia colectiva, que no tiene que ser algo solitario.

Hay varias listas de la llamada generación del Crack que incluyen a cinco o seis integrantes ¿cuántos son en realidad?

La idea del crack muchas veces ha sido percibida como una especie de club para el cual hay que pedir un ingreso. Hay toda una mitología al respecto. Se ha llegado a decir que el Crack es una generación de escritores latinoamericanos nacidos en los 60 que escriben novelas sobre nazis; a ése grado ha llegado el absurdo grupo de la mitología, particularmente favorecido por los medios de comunicación. Desde luego no es grave que lo consideren así, pero tienen que pedir permiso a los otros para incluirlos en el Crack. El grupo, en realidad, es un grupo de amigos; tiene mucho de quienes somos o hemos sido amigos. Existe un núcleo inicial, una especie de proto-crack y es la amistad que emprendimos en la preparatoria –en el Centro Universitario México-Eloy Urroz, Jorge Volpi y yo, y a partir de allí hemos ido haciendo amigos. El Manifiesto del crack fue presentado por cinco autores: Pedro Ángel Palou, Eloy Urroz, Jorge Volpi, Ricardo Chávez Castañeda y yo mismo. Más adelante, se incorporó, aunque de alguna forma ya pertenecía al grupo de amigos, Vicente Herrasti y ha sido incorporado también Alejandro Estivill, como una especie de antiguo miembro del Crack, pero como no es un grado cerrado y no pretende, de ninguna manera, ser un núcleo específico lo dejamos abierto y eso favorece a que cada quien ponga o haga sus cracks como Carlos Fuentes lo ha hecho

Exorcismos Del Lenguaje 

En este grupo se advierte y especialmente en tu literatura un compromiso con el lenguaje ¿hasta qué punto la literatura es el camino para encontrar las fuentes del significado?

Es muy difícil ser especialmente un narrador obsesionado por la forma, por el lenguaje, por la estructura que he sido siempre, quizá he realizado exorcismos de esta obsesión que tengo por el lenguaje; el mayor de ellos sería mi novela “Si volviesen sus majestades”, que es una novela esencialmente lingüística, tan lingüística, tan de forma que ha dejado de contar; este aprendizaje me ha llevado a darme cuenta que lo que me gusta si bien es la forma y el lenguaje, me gusta contar historias. Contar historias es una forma de darle sentido también a las cosas.

Decía Ludwig Wittgenstein que “los límites del mundo son límites del lenguaje” ¿cuáles son los mundos que describen una novela?

Yo creo que todo mundo es susceptible de ser novelado o literalizado: mundos reales, mundos imaginarios, finalmente todo mundo es real e incluso un poco más fantástico; insisto: todo tema, todo asunto puede ser, debe ser, asunto de la novela.

  La Novela Infinita

¿Cuáles son aquellos mundo que solamente los implica o los supone o los sobreentiende?

Lo mismo. Cualquier mundo puede ser insinuado, sobreentendido por la novela. Es importante utilizar o invocar la ambigüedad; la novela que no lo dice todo, fomenta la participación activa del lector.

Yo no creo en los lectores pasivos, creo que ninguno de mis compañeros y ninguno de los escritores a los que admiro da todas las pistas; sobreentiende mucho porque uno espera que el lector participe con uno en la lectura, entonces se dan las pistas para que el lector construya esa novela infinita que tiene guardado en su imaginación.

Ignacio Padilla, la literatura, el arte y la ciencia se ven desvinculadas de la política; sin embargo la literatura es una de las fuentes más seguras de la transmisión de valores democráticos, sea que un personaje encarne la intolerancia, o que otro represente el diálogo y la prudencia. La literatura divierte, entretiene, educa, forma personas y, en el mejor de los casos, es un placer que carece de intenciones pedagógicas ¿Tiene alguna finalidad a la hora de crear? ¿O es más bien la necesidad de una vocación literaria?

Yo creo que escribo porque ya no tengo más remedio que hacerlo, no tengo ninguna otra finalidad que la de provocar en mis lectores el mismo sentimiento de maravilla y de adentrarse en el alma que a mí me han producido grandes libros que he leído o que me han sido leídos. Respecto de la política o el carácter a veces pedagógico de la literatura, hay que recordar que pertenezco a una generación estigmatizada por su falta de compromiso social, político, falta de involucramiento, de su obsesión del arte por el arte; creo que hemos cambiado con los años conforme hemos madurado, hemos entrado en conciencia de la importancia quizá de nuestro papel de ser humano como padre de familia y de ciudadano. Procuro participar activamente en la política, opinar como cualquier ciudadano en la política, la sociedad y la cultura; participar particularmente, en la promoción de la lectura y, sin embargo, procuro al mismo tiempo que esos aspectos de mi vida no se inmiscuyan, en mi literatura.
   George Steiner es un confeso de la grandilocuencia. En Tolstoy o Dostoievski formula el compromiso crítico de elegir entre lo mejor, ¿es él buen ejemplo para un buen lector, elegir siempre entre lo mejor?
  Yo creo que uno elige, pero casi siempre es elegido por temas, por obsesiones, por personajes; en mi caso, soy un escritor que se deja mucho llevar, soy un lírico en mi escritura; ignoro, en la mayoría de las ocasiones, hacia dónde va mi novela; qué, quiénes son los personajes; hacia dónde van a llevarme. Hay escritores que tienen muchísimo más claridad, que son los que eligen, son escritores demiurgos, escritores omnipotentes que quieren manejarlo todo. En mi caso, yo soy elegido por los temas, soy elegido por las ideas y no a la inversa.

Inventor De Palabras

Ignacio Padilla es el más escrupuloso escritor de la generación del Crack, se ve un trabajo literario pausado, meticuloso, paciente. El lenguaje no llega solo, pero hay que lanzarle algunas provocaciones, ¿Cuándo se escribe una palabra, esa palabra sale en busca de otras, Ignacio?

No sé si sea yo el más escrupuloso, ya veo que hay muchísimo escrúpulo en muchos de mis compañeros, sí se te decir que soy minucioso, quizá soy probablemente el más lento, quizá al mismo tiempo que Vicente Herrasti que tal vez sea el más obsesionado por la forma; sí tengo un interés especial por encontrar siempre, en la medida de lo posible, la palabra correcta y si no encuentro la palabra correcta, la invento, pero esa palabra a su vez, aunque sea inventada, ya viene de otras. Hay una estructura mental, hay una resonancia de palabras en los lectores que pretendo compartir con ellos.

Algunos escritores escriben imaginando lo que hubiera podido ser. El novelista español Javier Marías lo llama “la negra espalda del tiempo”, el azar. Paul Auster es un escritor del azar, escribe lo que ocurre, pero es aterrador lo que hubiera podido ocurrir y corre en forma paralela a lo que se narra ¿cuál es tu opinión?

Desde luego soy un devoto tanto de Javier Marías como de Paul Auster. Me parece que son dos de los más importantes escritores de este principio de siglo. Coincido con la obsesión que tiene, particularmente, Auster por la cuestión del azar, poner en duda el azar ya había hecho Tolstoy y que lo hace mucho en la literatura rusa; Auster lo lleva a su máxima expresión. Javier Marías es otro obeso del lenguaje, es un estilo prácticamente hipnótico, creo que son representativos del tipo de literatura que a mii me gusta: literatura exigente, legible y al mismo tiempo exigente de un lector activo.

Las novelas de Ignacio Padilla poseen una significación especial para las personas individualmente consideradas a fuerza de realizarse hasta la pulverización parece que los individuos, desaparecen, ¿habría que escribir nuevamente literatura con un explícito compromiso social?

Desde luego que no, yo creo que de ninguna manera el escritor tendría que estar comprometido socialmente; pongo en serio cuestionamiento la idea de la literatura comprometida expuesta por Jean Paul Sartre. Creo que toda buena literatura es comprometida, y que mientras menor sea la conciencia y el compromiso social del escritor, menos le va a estorbar esa idea para escribir algo que sea realmente importante para una sociedad, para una cultura, para la historia.

Celebrar La Globalidad

El ser humano moderno vive lleno de perplejidades; sin embargo las realidades del mundo se han vuelto irreales gracias a los medios de comunicación de modo tal que, en apariencia, ya nada nos sorprende ¿cómo recoge la literatura de nuestros tiempos de fenómenos de la globalidad y de la sociedad de las comunicaciones?
  Yo creo, comunicador –finalmente esa ha sido mi formación- así como escritor, estoy convencido de que el mundo todavía puede asombrarnos, nos asombra para bien y para mal un acontecimiento tan terrible y tan enfático como el del día 11 de Septiembre (de 2001), por un lado viene a decirnos que todo es posible, que todavía podemos asombrarnos, de la misma manera en que un fenómeno como el éxito de la saga de Harry Potter también demuestra que la gente todavía está dispuesta a maravillarse. Creo que los conceptos de globalización y del mundo interesantemente comunicado, imbricado, son un aspecto de globalización y del mundo intensamente comunicado, imbricado, son un aspecto que debemos celebras y que la lectura puede perfectamente asimilar y reflejar en cualquier sentido.

De los escritores de tu generación, tú y Eloy Urroz son los que han permanecido distantes de la vida pública y de la crítica política. En general, los escritores importantes de hoy escriben artículos políticos, ¿has pensado hacer crítica política sobre partidos y personajes de la política, sin desconocer tu paso por la revista Playboy y sus contenidos críticos?

No estoy seguro de haberme mantenido al margen de la vida política, yo creo que de mis compañeros que se han metido al margen de la vida pública y política son fundamentalmente Vicente Herrarsti, Eloy Urroz y Ricardo Chávez Castañeda. Por lo que hacen Alejandro Estivill, Jorge Volpi, Pedro Ángel Palou  y yo mismo no sólo hemos participado en la política sino hemos trabajado, yo mismo en la Secretaría de Educación Pública, estuve dos años en el Servicio Exterior en un movimiento político importante y ahora mismo en Querétaro participo con toda con la mejor de la voluntad y la mejor de todas las intenciones junto con la gestión pública. Siempre tratando de mantener la autoridad intelectual, porque de otra forma me convertiría en un burócrata y perdería un poquito cierta autoridad. He escrito, sobre todo recientemente, bastantes artículos sobre política, tanto nacional como internacional. He escrito, sobre todo recientemente, bastantes artículos sobre política, tanto nacional como internacional al grado de que prácticamente ya no escribo de literatura, sino que hablo sobre todo de política y sociedad.

En ese sentido, ¿cómo te deja la realidad política de estos días en México, la polarización, la desmesura, el cuento de nunca acabar?

Desde luego que me tiene infinitamente preocupado; hay una decepción, incluso vista desde dentro a raíz de mi participación en los principios del gran proyecto del cambio, el haber pertenecido al Servicio Exterior justamente en los años del desencanto me han marcado y afectado profundamente, de la misma manera en que estoy preocupado por el destino de la izquierda, de los efectos sobre el pensamiento auténtico de la izquierda y  de la democracia social está teniendo la manipulación del discurso de la izquierda, de la ignorancia de la gente, de la crispación, de la agresividad, de la falta de sentido común, de la rotunda negación para cualquier tipo de intento de llegar a un acuerdo. Me parece que es grave, preocupante y que no deberíamos permitirlo.

¿Qué tan cercano te sientes con Octavio Paz, con los contemporáneos y que tan lejano te asumes de la literatura desgarbada de los años 60 y 70 en México?

Me siento, por supuesto alejado, no a nivel personal sino alejado en términos de mi idea de la literatura, da la de los años 60 y 70, particularmente la de la onda, de la literatura realista, de la literatura que escribieron mis inmediatos antecesores, de la misma manera en que me siento infinitamente más vinculado de autores como Octavio Paz, Carlos Fuentes o contemporáneos a los que sin duda admiro profundamente. Creo que en los años 60 y 70 se estaba escribiendo una literatura muy importante con la que me siento identificado, pero no fue tan reconocida en su momento, es decir, de la generación de Medio Siglo: Salvador Elizondo, Sergio Pitol, Juan José Arreola, en fin, todos esos autores que estaban escribiendo en los 60 y los 70, lo que pasa es que no los veíamos tan claramente por la nube del sexo, la droga y el rock and roll.

¿Qué hay después de La gruta del toscano, Ignacio Padilla?, ¿cuál es tu próxima expedición? Antes y después siempre estarán mis cuentos, soy un autor fundamentalmente cuentístico. Siempre estoy escribiendo cuentos, de vez en cuando estos cuentos crecen y se convierten en novelas, pero lo hago siempre en la conciencia de que mi gran proyecto, mi gran obsesión, el género con el que más a gusto me siento, son los cuentos; de ahí que ahora siga escribiendo la segunda parte de una tetralogía de libros de cuentos, la primera de ellas fue las Antípodas y el siglo, son cuentos sobre viajeros; llevo trabajando un par de cuentos sobre Mujeres, muñecas y autómatas y yo creo que seguiré haciendo ese proyecto y se me irán atravesando ensayos, se me irán atravesando novelas como siempre.

Querétaro y Cervantes

¿Tu relación con Querétaro y los queretanos? ¿Tu relación con Francisco Cervantes (cruz)?

Bueno, mi relación con Querétaro, es una relación feliz, obsesiva, me siento profundamente orgulloso de esta ciudad, enamorado de esta ciudad. Me considero un queretano de adopción absolutamente fervoroso, un auténtico converso de esta ciudad, de este estado que siempre me ha recibido con los abrazos abiertos, después de haber conocido muchísimas ciudades y muchísimos países en el mundo. Mi relación con Francisco Cervantes siempre fue de gratitud y de profunda admiración como lector suyo desde hace mucho tiempo. Su poesía, su trabajo translaticio me resultaron profundamente admirable; su generosidad personal dentro de su carácter y de su temperamento siempre fue hacia mi, aún sin conocerme, de un entusiasmo desmedido para el que solo tengo palabras de agradecimiento.

Santiago Carbonell pinta el mundo (y afuera del mundo) desde Querétaro. Como a ti, se le ve alejado de los localismos y de las influencias de la época, ¿qué lees hoy y con quiénes te identificas?

Leo hasta los papeles que me encuentro en las calles, como diría Cervantes. Leo de todos y soy lector bastante abierto, hasta de la literatura que es considerada menor y la subcultura. Soy un devoto, analítico y crítico espectador de la televisión, soy un devoto del cine y también de la literatura de historietas, de la policíaca, de los subgéneros; de la gran literatura, estoy abierto a cualquier tipo de lectura porque constituye la cultura de hoy.

¿Y algún libro en particular?

En este momento estoy leyendo un libro maravilloso de Jonathan Kirsch que es La historia del fin del mundo. Tengo una inclinación a ciertos temas, entre ellos la escatología, la cultura medieval, el concepto del Apocalipsis, la historia de las religiones y me interesan últimamente muchas historias de cosas extrañas, la historia del lápiz, la historia de los androides, la historia del fin del mundo, la historia del miedo, la historia del espejo. Este tipo de libros me dejan, además, muchas ideas y conocimiento para la ficción.

El Libro Objeto

¿Qué te deja, Ignacio Padilla, la internet como agente de cambio de la creación literaria? ¿Supera o superará el peso del pape?

Yo creo que no lo superará y no es necesario que lo supere. Hay que recordar que la literatura es un arte que tiene muchos medios para expresarse, uno de ellos es el libro objeto, otro de ellos es la palabra hablada, otro de ellos es internet, es decir, la cibernética surge como un medio más para la expresión de la literatura, no compite con la literatura y tampoco creo que compita con el libro. Mientras sigamos siendo fetichistas, mientras el libro siga siendo ergonómico la cibernética no cambiará aunque si afectará, desde luego como lo hizo la aparición del cine. Como lo hizo en un momento la escritura misma.

¿Cuál dirías que es el panorama de literatura mexicana?

Yo creo que la literatura mexicana se encuentra en un magnífico estado de salud. Creo que en pocas épocas en la historia de la literatura ha habido tantos escritores de tan buena calidad, con tanta disciplina, ambición y tanta inteligencia, creo que el problema atañe más bien a los lectores, lo cual ha provocado que la mayoría de los escritores –como la mayoría de los artistas- publiquemos, difundamos nuestra obra en el extranjero. El panorama de la literatura mexicana seguirá siendo sano y no óptimo, hasta que hayamos tenido lectores para que pueda haber un auténtico flujo y marcado en la promoción de la literatura seria en México

En la presentación de Amphitryon en España, Jorge Volpi dijo que es una de las novelas más ambiciosas y certeras de la literatura latinoamericana y que, aunque no encuentra el realismo mágico ni la reflexión sobre América latina, sí descubre en tu relato la riqueza prosística de García Márquez y la valerosa universalidad de Borges.

Bueno, hay que matizar siempre las opiniones de los amigos; tengo amigos inteligentes porque son inteligentes, no son inteligentes porque sean amigos. Sé que la opinión de Jorge en ese sentido es importante, me conoce desde hace mucho tiempo, sabe que si hiciéramos un árbol genealógico de mis influencias literarias, en el sentido latinoamericano, pues indiscutiblemente llegaríamos por un lado a García Márquez, por otro lado a Borges y todos los  caminos en ese sentido llevan a Cervantes. Le agradezco, por supuesto, sus palabras; espero ser dignos de ellas.

De Cuentos e Insomnios

Has hablado en algún momento de cuentos que te contaba tu madre antes de dormir, ¿cuáles son los cuentos que hoy te quitan el sueño?

Los cuentos que tengo que escribir, los cuentos que quiero escribir. Últimamente casi no conozco buenos cuentistas, mexicanos no demasiado. Me quitan el sueño los que quisiera escribir para un día devolver la moneda a los cuentos de Nikolai Gogol, a los cuentos de Antón Chéjov, a los cuentos de Jorge Luis Borges, Julio Cortazar, Juan José Arreola, y toda esa caterva de escritores maravillosos que me convirtieron en un cuentista.

¿Con qué sueñas?

Sueño despierto con hacer lo que hago, hacerlo de la mejor manera posible, y que la vida me siga permitiendo hacerlo

¿Quién dirías que hoy es el mejor escritor de México y por qué?

“Es una pregunta muy difícil. Yo no me iría por un solo autor, desde luego admiro profundamente autores particularmente de mi generación, por desgracia los más admirados de otras generaciones ya han fallecido. Tenemos todavía a Carlos Fuentes, a Sergio Pitol sin duda alguna a la cabeza. Y desde luego tendrían después autores como Jorge Volpi, Eduardo García Galeano, Rosa Beltrán, Pablo Soler Frost, Mario Bellatín, etc.”

El Crack Del Futuro

¿Dónde te ves mañana, en dónde cuándo lleguen los nuevos Padillas, Volpis, Urroz, Castañedas, Palous, como decía alguna vez Elena Poniatowska? ¿Dónde te ves cuando lleguen los nuevos crack y el nuevo grito deIndependencia?
  “Ya han llegado, están ahí, es una generación importante muy diferente de la nuestra, muy crítica de escritores nacidos en el año 70 incluso de los 80; esa generación se caracteriza mucho por su diversidad, tiene una estética muy diferente, están ahí y por supuesto tiene que ocurrir, lo que nosotros mismo hicimos de marcar distancias, incluso realizar sus correspondientes defenestraciones para que cualquier literatura siga avanzando, tiene que ocurrir; ya están aquí y lo están haciendo algunos muy bien, algunos otros no tan bien, de la misma manera en que nosotros hicimos bien o mal ciertas cosas”.

¿Cómo fue que escogiste Querétaro, Ignacio Padilla, para sentar tus reales?

“No lo tengo muy claro, en primer lugar decidí después de recorrer una buena parte del mundo, que era México el país donde quería, quiero, vivir; era México, la cultura mexicana, la idea mexicana a pesar de todos sus inconvenientes, donde quería que crecieran y se educaran mis hijos, eso para mí ha sido importante también tenía muy claro que no quería, ni pienso, ni quiero ni debo –y nadie debería- vivir en la Ciudad de México. Escogí el país, descartaba la Ciudad de México y todas las ciudades que pensé Querétaro resultó sin duda la mejor opción.

En esta ciudad barroca, “roca barroca” le llamaba Cervantes y hay quienes ven el barroco en tus textos…

Mis textos son excesivamente barrocos, no lo puedo negar, en ocasiones llegan a ser churriguerescos; mi pensamiento es barroco, mi imaginación es barroca, mis ideas surgen a borbotones por ese horror vacui que tiene todo autor hasta que produce. Quizás ésa sea una de las razones por las cuales Querétaro me interesa tanto, me entusiasma tanto lo barroco queretano tiene todavía esa limpieza que lo inclina más hacia lo clásico, quizá refleja o me siento reflejado en esas características de la ciudad.

¿Qué no te gusta de Querétaro?

¿Qué no me gusta de Querétaro? Es que me gusta muchísimo esta ciudad. No me gustan sus resabios provincianos en algunos aspectos, no me gusta que en ocasiones tenga cierta cerrazón hacia el mundo, su polarización, su extremada modernidad en ciertos artistas, en ciertos consumidores de cultura jóvenes y, por otro lado, su extremado conservadurismo en la parte de la comunidad que todavía no se abre, que todavía no entiende que Querétaro puede ser y debe ser una capital mundial y que debemos dejar a toda costa de pensar que hay que pasar por la ciudad de México para hacer algo que internacionalmente valga la pena, creo que nos falta ambición.

Ignacio ¿ves un movimiento cultural en Querétaro en los últimos años?

Sí, creo que hay un movimiento cultural importante en Querétaro, después de conocer la ciudad de México, la cuidad de Puebla y Querétaro, creo que hay una oferta cultural inmensa y hay un exceso de oferta cultural. Se quejan mucho los queretanos de una falta de oferta cultural, cuando no se dan cuenta que tenemos muchísima, lo que falta son consumidores de cultura. Abunda. Hay un exceso de oferta cultural, la que es consumida por las mismas 200, 300 personas; me parece que tiene todo lo que necesita, tiene más librerías que la ciudad de Puebla, tiene una muestra internacional de cine, tiene festivales importantes y hay que seguir preguntándonos, no quiénes consumen la cultura , quiénes consumen la cultura.

Eso sostiene Ignacio Padilla, un escritor, le digo, del cual Querétaro debe sentirse muy orgulloso, y responde “yo no me siento orgulloso de Querétaro”. Aquí escribe a borbotones y hasta se da sus ratos para ver amigos como Santiago Carbonell, Raúl Iturralde, Roberto González, Enrique Vallejo y Luis Alberto Arellano, con quienes comparte afanes y gustos.

Uno de ellos, el pintor Carbonell, cierta tarde en Rafaelo’s se propuso de enlace para esta entrevista con el queretano y barroco, casi churrigueresco, que invita café del Oxxo en su refugio de la Plaza Roja de Juriquilla.   

*Entrevista realizada a Ignacio Padilla y publicada el 1 de octubre del 2006 en el semanrio cultural Barroco.

POR: SERGIO ARTURO VENEGAS ALARCÓN

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