Eugenio García Romero

INGENIERÍA HUMANA

QUEMARSE EN EL TRABAJO

La actividad laboral de muchos trabajadores implica la relación con otras personas para la prestación de un servicio, por ejemplo, los servicios relativos a la salud, al asesoramiento y mejora del bienestar de las personas, y a la educación. En el caso concreto de los profesores, el interés por su salud y sus condiciones laborales está requiriendo más atención, puesto que el sector de la educación parece ser especialmente vulnerable a consecuencias laborales adversas de carácter psicosocial, entre las que cabe mencionar el síndrome de “quemarse por el trabajo”.
¿Quemado? o un síndrome
Desde 1980, la psicóloga Cristina Maslach ha estudiado el agotamiento laboral ty crea el inventario Maslach Burnout Inventory. La psicóloga encontró que el Síndrome del Quemado se produce cuando, en ciertas áreas de nuestra vida como el trabajo, no recibimos lo que, según nuestro sistema de creencias, pensamos que nos merecemos.
Síndrome de Burnout
El Síndrome de Quemarse por el Trabajo o Burnout es una respuesta a un estrés emocional crónico. P. R. Gil-Monte, en su estudio titulado “El Síndrome de Quemarse por el Trabajo (Síndrome de Burnout) en profesionales de Enfermería”, cita que los rasgos principales se representan en tres dimensiones: a) el agotamiento, que representa el aspecto individual del síndrome, se refiere al cansancio y fatiga que puede manifestarse tanto física como psíquicamente, o bien como una combinación de ambos; b) el cinismo o la despersonalización, que representa lo interpersonal del síndrome, se entiende como el desarrollo de sentimientos, actitudes y respuestas negativas, distantes y frías hacia las personas destinatarias del trabajo (despersonalización), así como de indiferencia y actitudes de distanciamiento hacia diferentes aspectos del empleo, incluyendo a las personas con las que se colabora (cinismo); y c) la baja realización personal, que representa la autoevaluación, hace referencia a un sentimiento de incompetencia y una carencia del logro y de la productividad en el trabajo.
Cinismo y el Síndrome de Burnout
El Síndrome se desarrolla a partir del cinismo o despersonalización, en respuesta a las altas demandas del trabajo, porque el distanciamiento profesional sirve de estrategia para afrontar el estrés laboral. En un primer nivel, este distanciamiento tiene un carácter positivo o funcional: el profesional no se implica en los problemas de los usuarios, pero puede atenderlos sin eliminar la empatía; sin embargo, si dicho distanciamiento lleva a mostrar indiferencia, rigidez en el trato o ignorar a los usuarios, termina por afectar al funcionamiento, porque se desarrolla un sentimiento de baja realización y, finalmente, ante la dificultad para afrontar la situación, aparece el agotamiento como respuesta a un incremento del cinismo y una baja realización personal.
El cinismo como estrategia
T. W. Taris y sus colaboradores, en el trabajo titulado “Are there causal relationships
between the dimensions of the Maslach Burnout Inventory? A review and two longitudinal tests”, señalan que en tales modelos ha estado implícita la idea del cinismo como estrategia de afrontamiento ante el agotamiento. El afrontamiento es definido por R. S. Lazarus, en su estudio “Stress appraisal and coping”, como “aquellos esfuerzos cognitivos y conductuales constantemente cambiantes que se desarrollan para manejar las demandas específicas externas y/o internas, que son evaluadas como excedentes o desbordantes de los recursos del individuo”. Taris y colaboradores argumentan que si el cinismo es una estrategia eficaz de afrontamiento, cabe esperar que, a lo largo del tiempo, niveles elevados de cinismo lleven a bajos niveles de agotamiento; mientras que si el cinismo es una estrategia disfuncional, elevados niveles de cinismo podrían conducir a resultados negativos, ya que aumentarían los niveles de agotamiento.
Diferencias en género
Por otro lado, es importante la consideración del género en el estudio de los procesos del estrés, ya que dicha consideración permite una mejor exploración, comprensión y también permite establecer diferencias significativas de dichos procesos desarrollados en el contexto laboral, particularmente los vinculados a la salud y calidad de vida de los profesionales. La literatura muestra diferencias en función del género en las dimensiones tanto de agotamiento como de cinismo
(despersonalización).
Mayor responsabilidad emocional
V. Alcalá y sus colaboradores, en el libro “Afectos y género”, señalan que las mujeres han sido identificadas, tradicionalmente, con los roles de maternidad y el trabajo doméstico, y muestran una mayor tendencia que los hombres a ser emocionalmente responsivas y hablar de los problemas emocionales. Por otra parte, a los hombres se les asocia básicamente con el mantenimiento económico de la familia, la fortaleza física, la eficacia y la competencia, y se les prescribe alejarse de los compromisos afectivos muy profundos, así como de la expresión de los sentimientos. Desde el punto de vista de los roles de género, los hombres podrían experimentar una mayor facilidad de desapego, lo que permitiría explicar su mayor nivel de cinismo.
Cinismo masculino
También cabría esperar que sean los hombres los que puedan obtener algún “beneficio” del uso del cinismo como estrategia de afrontamiento. El cinismo implica un desapego emocional hacia las personas destinatarias del trabajo. Dicho desapego implicaría, para las mujeres, contravenir las características que definen su rol de género, y podría incrementar todavía más su ansiedad y agotamiento, mientras que, en el caso de los hombres, no solo no lo contraviene, sino que estaría más acorde con él. Así pues, el principal objetivo de investigación del presente trabajo es analizar el papel del cinismo como una estrategia de afrontamiento en el proceso de “quemarse por el trabajo”, considerando el género una variable fundamental en dicho proceso.
Niveles de cinismo
Un estudio, llamado “Neurology”, tomó a casi mil 500 personas cerca de los 71 años de edad para que respondieran cuestionarios relacionados con preguntas que arrojarían resultados acerca de su nivel de cinismo; a un grupo de personas les hicieron pruebas de demencia y cinismo, y se las siguió durante 8.4 años; mientras que a las restantes les tomaron pruebas asociadas entre mortalidad y cinismo, y se les realizó un seguimiento durante 10.4 años. Para el primer grupo se tuvieron que realizar algunos ajustes, como tener en cuenta el estilo de vida, salud y aspectos económicos y sociales; así encontraron que las personas que tenían más riesgo de sufrir afecciones cardiovasculares eran 2.54 veces más propensas a padecer demencia en relación a los que eran menos cínicos. Para el segundo grupo, hubo que tener en cuenta el sexo y la edad de los participantes para que los datos dijeran que el 40 por ciento tendrá mayor riesgo de morir por ser más cínicos; el incremento también se debe a la asociación de aspectos, como el hábito de fumar, el consumo de alcohol, la economía y la salud, junto al aspecto social. Si bien los resultados no son del todo específicos y han quedado fuera de la prueba aquellas personas que ya habían contraído demencia, a la hora de realizarles el examen de desconfianza cínica, los investigadores no descartan la posibilidad de que el cinismo pueda ocasionar demencia.

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