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El Tío Sam

Desde la terraza

por Ariel González
7 julio, 2026
en Editoriales
¡Mi reino por un bolillo!
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En términos estrictos no fue el “Tío Sam” quien nació en 1776. El aniversario que celebramos se refiere centralmente a la consumación de la independencia del vecino del norte y las muchas cosas buenas que aportó en materia de derechos y libertades para todo el mundo.

Imposible pensar en la Revolución Francesa y las guerras de independencia latinoamericanas sin la inspiración que despertaron las ideas y acciones de los llamados “Padres Fundadores”. Es de ellos de quienes se ha venido hablando, con toda justicia, en esta temporada de festejos por el cuarto de milenio del nacimiento de EU (mejor, creo, que decir el fatigoso “semiquincentenario” que se ha querido imponer).

Como se sabe, los “Padres Fundadores” fueron esas destacadas figuras que firmaron, primero, la Declaración de Independencia en 1776 y, más adelante, la Constitución en 1787. Esta constelación de próceres incluye, por supuesto, a George Washington, Thomas Jefferson, Benjamin Franklin, John Adams, James Madison, Alexander Hamilton y John Jay, cada uno con una aportación fudamental en distintos terrenos: la política liberal, la economía de mercado y el Estado de derecho, es decir, todo cuanto sabiamente supo valorar y exaltar el francés Alexis de Toqueville cuando viajó a Estados Unidos en 1831 y que dejó resumido en su famosa obra “La democracia en América”.

Pero no nos desviemos. El Tío Sam es mucho más famoso en el mundo entero que los Padres Fundadores, aunque ciertamente gracias a la televisión y el cine algunos personajes como Franklin o el mismo Adams han ganado muchos puntos de popularidad fuera de EU.

Sin embargo, no muchos conocen la historia del Tío Sam. Este nació varias décadas después de la Declaración de Independencia, enmedio de la guerra de Estados Unidos con sus viejos y abusivos primos, los ingleses, quienes seguían viendo a los americanos por debajo del hombro. El conflicto había estallado en 1812, cuando Estados Unidos quiso mantenerse, comercialmente sobre todo, al margen de las Guerras Napoleónicas e Inglaterra quiso impedírselo secuestrando marineros de EU para que sirvieran en su armada y prohibiendo que Estados Unidos comerciara libremente con Francia y sus aliados.  Esta guerra también es conocida como la “Segunda Guerra de Independencia”.

Fue en ese contexto que un carnicero neoyorkino de nombre Samuel Wilson hacía un buen negocio con las tropas de su país vendiéndoles barriles de carne.  Como exigían las normas y para que no hubiera duda de la procedencia de su producto, Wilson marcaba los barriles  con las iniciales “U.S.” (United States).

Siendo tan valioso y apetecible el contenido de estos barriles, no faltó el ingenioso que inventara que en realidad las siglas “U.S”  significaban “Uncle Sam” (Tío Sam), pues todos sabían que venían directamente de la carnicería de Samuel Wilson.

Entre los tropas los buenos chistes siempre corren como polvora, y esta no fue la excepción. El encantador juego de palabras se popularizó más allá del ámbito castrense y para fines del siglo XIX todo mundo sabía quién era el Tío Sam, pero este todavía no tenía un aspecto definido. Siendo “tío” no podía ser simplemente un barril. Así que vino Thomas Nast, el padre de la caricatura política en Estados Unidos (creador también de la imagen del moderno Santa Claus, así como del elefante para representar al Partido Republicano y el burro para el Partido Demócrata), y le dio forma al Tío Sam que hoy todos conocemos, un tipo alto, delgado y con larga barba blanca que lleva un sombrero de copa alta con un traje de estrellas y rayas como la bandera de EU.

Durante la Primera Guerra Mundial el icónico cartel –obra del artista James Montgomery Flagg–   donde el Tío Sam aparece apuntándonos con el dedo índice para exclamar “I Want You for U.S. Army” (Te quiero a ti para el ejército de los EU), terminaría por hacerlo mundialmente famoso.

Antes, una famosa caricatura de Louis Dalrymple de 1905 le añadió al Tío Sam un “Gran Garrote” en clara alusión a la política impulsada por Theodore Roosevelt,  franco corolario de la Doctrina Monroe (de hecho, el garrote de su caricatura lleva la inscripción “Monroe Doctrine 1823-1905”).

El resto lo hicieron las millones de caricatura y carteles que la izquierda y otros críticos de la política exterior de EU han difundido por todo el mundo desde entonces.

@ArielGonzlez

FB: Ariel González

Etiquetas: Estados UnidosTrump

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