EDMUNDO GONZÁLEZ LLACA / LÓPEZ OBRADOR Y EL FILÓSOFO DE GÜEMEZ

EL JICOTE

Afirma Carlyle que el hombre a quien siguen otros hombres, es decir al líder, debe tener como primera condición: la sinceridad. Todo el problema de la pandemia ha desnudado el discurso errático, contradictorio y mentiroso del Presidente de la República. Diría mi abuelita, no se le puede creer ni el Credo. La única forma de que pueda recuperar la confianza de la opinión pública es que adopte un discurso que no deje la menor duda; que sea inobjetable. Que lo reconozcamos de inmediato como una gran verdad. Siempre he procurado que la crítica vaya acompañada de una propuesta, aunque bien sabemos que para el Presidente gobernar es algo así como manejar en una feria un “carro chocón”, Sin escuchar, busca la querella, no el diálogo ni la concordia.

Mi propuesta muy concreta es que se imite el “modito” del “Filósofo de Güemez”, grande e histórico humorista, q.e.p.d., que supo como nadie captar el espíritu práctico del norteño. Todo lo que afirmó es una descripción de la realidad.  Semejante lógica impide que cualquier descreído de la infalibilidad de la información pública de las mañaneras o lo que dice Lord Tapete, López – Gatell, se ponga en duda. Algunos ejemplos de los dichos del filósofo.

Cuando pica la hormiga, hay dos cosas que hacer: rascarse…y esperar la roncha.

En política, si las cosas no cambian, es porque siguen igual.

Árbol que crece torcido es que no le pusieron el palito.

Si dos perros siguen a una liebre y el de adelante no la alcanza, el de atrás menos…

Cría cuervos y…tendrás muchos.

Todo lo que de aquí pa’llá es subida…de allá pa’cá es bajada.

Curva que se endereza…, es recta.

Donde comen dos, comen tres, y hasta cuatro. Pero no llenan.

¿Lloverá a la noche?… Mañana te digo.

Aquí sólo hay dos sopas y la de fideo ya se acabó.

El que sabe, sabe. El que no es jefe.

Si no llegó… es porque no vino.

El que tenga marranos que los amarre, el que no, que ni mecate compre.

Agua que no corre: es charco.

Al sostener este tipo de afirmaciones el Presidente no tendrá necesidad de echarle la culpa los ex Presidentes pasados; ni despeinarse para desmentir a la prensa nacional, a la extranjera, a las instituciones nacionales especializadas; a las calificadoras; ni desautorizar a los marchistas que le exigen que dimita;  No se verá orillado a ventanear ni impugnar las declaraciones de su propio gabinete. Además de “El Borras” se suma como ideólogo al Filósofo de Güemez, ya no se verá precisado a recurrir a que tiene otros datos. Bromas aparte, nadie quiere un gobierno fallido para México, urge Señor Presidente que recupere la credibilidad. Que diga la verdad, aunque nos duela. Que dialogue y se ponga a negociar con otros actores políticos, aunque le duela la soberbia.   

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