Edmundo González Llaca

EL JICOTE

LA DEMOCRACIA EN CRISIS

La preocupación permanente de las sociedades es dar el poder a los gobernantes pero al mismo tiempo tener instrumentos para controlarlos cuando traten de abusar. La democracia inventó la división de poderes para que Ejecutivo, Legislativo y Judicial sirvieran de sendos contrapesos. El problema es que un poder, el  Ejecutivo, se ha chupado al Legislativo y al Judicial. Legisladores y jueces que antes eran “perros de presa” de los Ejecutivos, ahora son mascotas dóciles y obedientes, atentos a la voz del amo.

El destacado escritor John Keane, afirma que los nuevos instrumentos de control de la democracia son los órganos monitorios, los que nosotros llamamos organismos constitucionales autónomos.  Su hipótesis no se aplica en México, pues su integración la realiza el partido en el poder. Un ejemplo los medios públicos de comunicación, Canal 11, 22, Radio de Educación, coordinados por el Sistema Público de Radiodifusión, deberían de ser espacios de libertad, plurales, críticos, incluyentes, Ahora han sido designados para dirigirlos, gente capaz, pero totalmente identificada con López Obrador. El riesgo inminente es que los medios públicos sean órganos de propaganda del gobierno y no de la sociedad. De igual manera Julio Scherer, Consejero Jurídico de la presidencia, anda de gira por la Corte y los Tribunales quitando y poniendo ministros y magistrados; los nuevos ungidos con compromiso claros con el Presidente. El caso más obvio es el de Gertz Manero, Fiscal General, incondicional del Ejecutivo. El controlador a los pies del controlado.

No serán los partidos opositores los que pondrán límites al Ejecutivo, son partidos divididos, confundidos, en trance de desaparición. Mi impresión, le dije a Keane en noviembre del año pasado, es que con toda su debilidad y presiones, será la Suprema Corte la que vendrá al rescate del equilibrio de poderes. Mi hipótesis no estaba mal, las controversias constitucionales ante las decisiones del Ejecutivo se han multiplicado. El peligro es la judicialización de la política y la politización de la judicatura. No es un peligro menor. La democracia está en crisis.

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