Edmundo González Llaca

EL JICOTE

Democracia chicharronera

Desde el año 2006 en el que López Obrador se postuló por primera vez como candidato a la presidencia, su discurso lo basó en marcar una distancia entre él y la clase política nacional. Fue un discurso rupturista, polarizador, maniqueo, que dividió la realidad del país entre buenos y malos, policías y ladrones. El discurso fue avanzando en la simpatía popular en la medida que aumentaba la corrupción, la desigualdad y la ineficiencia del gobierno.

El problema es que López Obrador no se percató de que era necesario cambiar ese discurso, que ya no era un opositor sino el Presidente de todos los mexicanos; que de la diatriba y la burla debería pasar al llamado al diálogo, a la concordia y a la unidad nacional. Como bien describía Don Daniel Cosío Villegas, el estilo personal de gobernar del Presidente permea en todos los funcionarios de gobierno; el discurso vociferante. sin respeto a la crítica, ha sido actualmente copiado por un coro aún más tóxico, majadero y prepotente. Un twitter de José Antonio Meade en el que destaca la pérdida de 145 mil millones de dólares si se cambia el aeropuerto de Texcoco, provocó la ira  y la burla de Jiménez Espriú, quien arrogante calificó el dato como “las cuentas alegres de un hombre triste”. Lo secundó el Secretario de Turismo, Miguel Torruco, que utilizó la estrategia “ad hominem”, desacreditar al crítico, acusándolo de cómplice de la corrupción, sin ocuparse del quid de la denuncia. Ninguno de los dos ni otros porristas detractores de Meade han respondido al dato.

Los errores del gobierno se acumulan no es posible dejar pasar este rifirrafe del gobierno sin profundizar en sus consecuencias. La cancelación de Texcoco se ha convertido en el FOBAPROA y la casa Blanca del gobierno, pero más allá de eso, un simple twitter ha reflejado un estilo de gobernar: temeroso del diálogo y autoritario.  La solución es abrir el debate sobre el aeropuerto, dar testimonio que la cuarta transformación es la democracia tolerante y plural y no un refrito de la política que ya conocemos: “Aquí sólo mis chicharrones truenan y háganle como quieran”.   

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