XAVIER DÍEZ URDANIVIA/ZOCALO

Derechos humanos:Asedios e insuficiencias

Columna invitada

“Dos mil dieciséis no fue un buen año para los derechos humanos en México. La corrupción, la impunidad, y la falta de una efectiva rendición de cuentas hizo patente la falta de ética y valores en diversas autoridades e instituciones. Se evidenciaron varios casos de servidores públicos que, aprovechando el cargo que desempeñaban, cometieron delitos y abusos, los cuales, en su gran mayoría permanecen impunes, generando un entorno donde la simulación, la indiferencia y el encubrimiento parecerían ser la constante”.

Con ese tajante, inequívoco, párrafo inició su informe anual Luis Raúl González Pérez, presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos en México.

Lo hizo en la residencia oficial de Los Pinos, en presencia del Presidente de la República y sus secretarios de Gobernación, Relaciones Exteriores y Educación, así como el procurador general de la República y la representación de las dos cámaras del Congreso de la Unión, acompañado del Consejo Consultivo de la Comisión en pleno y ante un copioso número de representantes de la sociedad civil y los defensores públicos de los derechos humanos de todo el país.

Por si no bastara para alertar a los oyentes esa llamada de atención, González Pérez desarrolló su inicial idea diciendo que, independientemente de que ello se debiera a ineficiencias burocráticas o a la “insolvencia ética” de los servidores públicos, la consecuencia es el desencanto social acerca de la aptitud de las autoridades para respetar y aplicar la ley, que no es, ni puede ser, algo discrecional, sujeto a negociación para favorecer intereses
particulares.

Aquí mismo se ha insistido en la necesidad de que la actuación institucional debe orientarse por la virtud cívica, el deber y la responsabilidad de la función, lo que es absolutamente incompatible con los intereses particulares de quienes detentan el poder público.

Por eso, no podría estar más de acuerdo con el postulado del ombudsman nacional cuando dice que: “Sin una cultura ética que permeé en las instituciones, que haga evidente el compromiso de las autoridades con la legalidad y el respeto a los derechos humanos, difícilmente podremos fortalecer nuestro estado de derecho y se seguirán preservando la corrupción y la impunidad dentro de nuestra realidad nacional”.

Palabras duras las anteriores, que sin embargo palidecen cuando, rotundo, afirma: “Un año en el cual la impunidad, la falta de capacitación, así como la desidia por parte de las instancias competentes, permitió que subsistieran prácticas tan graves como la tortura, las desapariciones forzadas o las ejecuciones arbitrarias, lo cual trajo como consecuencia que el acceso a la verdad y a la justicia sigan siendo una mera aspiración para muchas personas”.

La crudeza del texto transcrito, infortunadamente, no va a la zaga de las circunstancias, y por eso tampoco parece excesivo el exhorto que la Comisión Nacional de los Derechos Humanos dirige a todo sector de autoridad, de gobierno y de gestión pública en el país: que “se escuchen y atiendan con sensibilidad, compromiso, y de manera integral las denuncias de los familiares de desaparecidos sobre posibles hallazgos futuros”, tanto como que los trabajos que deriven de ese objetivo sean efectuados con conocimientos técnicos y científicos
especializados.

Urgente llamado es ese que, de no ser puntual y diligentemente atendido, ahondará el descrédito que tanto pesa ya sobre nuestras asediadas instituciones y tanto ha minado la confianza en ellas.

Lo que hasta aquí se ha reseñado fue sólo el introito de una reflexiva, valiente y enérgica exposición sobre el estado que guardan la protección y garantía de los derechos humanos en México, a juicio de quien informaba, sí, pero haciéndose eco de las realidades reflejadas también por los organismos públicos defensores de los derechos humanos en cada entidad del país.

Mucho más fondo tiene el informe y mérito de sobra para ser comentado de modo más extenso y con mayor hondura, pero el espacio lo hace por ahora imposible. Ha de ser continuada esa tarea, por lo tanto, en la próxima entrega.

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