De Bonfil a Moreno, las tragedias

Sergio Arturo Venegas Alarcón

COLUMNA TABLERO

  • Muertes trágicas de políticos mexicanos
  • Va el gobierno por líderes independientes
  • Adiós a Septién, el sexto rector la de UAQ
  • Del III al X lugar de seguridad en tres años

POR: SERGIO ARTURO VENEGAS ALARCÓN

¿Accidente?

Una trágica noticia –como la que hoy comenta todo México- sacudió a Querétaro hace casi 46 años, con la muerte del líder agrario Alfredo Vladimir Bonfil, cuando volaba desde Veracruz para apoyar al aspirante a gobernador Antonio Calzada Urquiza.

Ese 28 de enero de 1973, contra lo que algunos piensan, no había disputa por la candidatura, resuelta ya para entonces, sino un duro conflicto de los cañeros del país con el entonces secretario general de la Confederación Nacional Campesina.

“A mi hijo lo mataron” dijo tiempo después su padre Ramón G. Bonfil a este reportero en entrevista publicada en la primera plana del periódico Unomásuno, dirigido por Manuel Becerra Acosta.

Nacido en Amealco el 28 de noviembre de 1936, Alfredo fue diputado federal por Querétaro, estado al que aspiró gobernar. La lucha a favor de los campesinos y sus frases incendiarias lo encumbraron políticamente, como cuando dijo “A una voz de Echeverría este país se levanta o se apacigua”.

Consentido del presidente y de su esposa María Esther Zuno, cayó de la gracia cuando habló de “expropiar los latifundios industriales”, causando pánico entre los inversionistas, como hoy con lo del Aeropuerto de Texcoco.

Por eso perdió Bonfil la pelea con Calzada, el único alcalde capitalino que ha llegado al gobierno en casi medio siglo, apoyado por su compadre Mario Moya Palencia, el poderoso secretario de Gobernación.

Antonio, gobernador de 1973 a 1979, líder de la llamada Nueva Generación que dio dos líderes nacionales del PRI: Fernando Ortiz Arana y Mariano Palacios Alcocer, esperaba ese día a Bonfil en la sede partidista de Guerrero 27 norte, hoy Museo de la Ciudad.

Ahí recibió la noticia de la desaparición del líder campesino, cuyos restos y los de sus acompañantes estaban ya en las aguas del Golfo, ahí donde hacen su nido las olas del mar.

Nunca se confirmó la causa del siniestro, como –me temo- muy probablemente ocurrirá con el helicopterazo del 24 de diciembre pasado, en el que murieron la gobernadora de Puebla, Martha Erika Alonso y su esposo el senador Rafael Moreno Valle.

En rigor, el de la señora Alonso es el segundo hecho de muerte violenta de un gobernador en las últimas décadas. Hace 13 años, en 2005, ocurrió el del mandatario de Colima Gustavo Alberto Vázquez Montes, al estrellarse su avioneta en tierras michoacanas.

Hay otros pero de ex gobernadores y candidatos o crímenes en contra de políticos de gran renombre, como el del abanderado presidencial Luis Donaldo Colosio y el del secretario general priista José Francisco Ruiz Massieu, que presenciamos al término de un desayuno en la CNOP, ambos en el siniestro 1994.

Ahí estuvimos junto con el dirigente Mariano Palacios Alcocer, su asistente José Calzada Rovirosa, El Armero Sergio Arturo Venegas Ramírez y otros queretanos.

En los casos de Colosio y Ruiz Massieu, como el del lunes, la percepción generalizada es el de crímenes políticos.

Dos teorías dominan el ambiente sobre la muerte de Martha Erika Alonso y Rafael Moreno Valle. Una apunta al crimen organizado y la otra a grupos económicos que buscan culpar al nuevo gobierno federal.

Junto a ello, las redes sociales dan rienda suelta a acusaciones en contra del presidente Andrés Manuel López Obrador, que este columnista descarta absolutamente porque no lo cree capaz de algo así y es uno de los principales perjudicados por la sola especulación, a menos de un mes de haber tomado posesión.

Y sí, igual que en el de Bonfil, todo apunta a un hecho criminal que enrarece el ambiente político y aviva los enconos nacionales. De la caña fue el de hace 46 años y del huachicol el más reciente. Lo lamentable, entonces como ahora, es que la muerte tiene permiso.

Por lo demás y deseando el esclarecimiento del “accidente”, ojalá y sirva por lo menos para que el jefe del Ejecutivo Federal tome conciencia de los riesgos y se deje cuidar por los profesionales.

Decía el escritor Fernando de Rojas que “ninguno es tan viejo que no pueda vivir un año, ni tan mozo que hoy no pudiese morir”.

Menos todavía en México.

Así está el país.

-BLANCAS Y NEGRAS-

Mal tiempo.

Mauricio Ruiz Oláes y Fabiola Larrondo, diputados locales de Morena, niegan cualquier vínculo con el zipizape del lunes entre comerciantes indígenas e inspectores municipales, como se insinúa desde el poder estatal.

Ruiz, coordinador de su bancada, buscó impulsar un mercadito provisional en La Alameda y Larrondo pidió al Ayuntamiento capitalino tolerancia para los artesanos de Amealco, en su carácter de presidenta de la comisión indigenista de la Legislatura, pero hasta ahí.

El enfrentamiento, que dejó ocho lesionados del lado de la autoridad, es otra muestra de la intolerancia hacia los grupos sociales no alineados y el mal manejo de las secretarías de gobierno del municipio y del Estado.

Por lo pronto, según fuentes regularmente bien informadas, esto podría derivar en ajustes de cuentas en contra de líderes como Sergio Gerónimo Sánchez –encarcelado ya en la presente administración por la corrediza del 1 de mayo de 2016- y otros.

-EL HISTORIETARIO-

Ochos.

1958, 1968, 1988 y 2018 son años claves en la vida del contador público Salvador Septién Barrón, distinguido queretano fallecido este jueves.

En 1958 junto con su hermano Pedro Septién Barrón, liderados por Álvaro Arreola Valdez, protagonizaron la primera huelga universitaria para exigir la reinstalación del rector fundador Fernando Díaz Ramírez, lo que lograron junto con la autonomía de la máxima casa de estudios.

Diez años más tarde, en 1968, se convirtió en el sexto rector de la Universidad Autónoma de Querétaro, cuyo patronato encabezó a partir de 1988.

Y 2018, otro ocho, el de su muerte.

Salvador, personaje de Querétaro, estaba convocado para celebrar el próximo año los 60 de la autonomía universitaria, fruto de aquella gesta juvenil, de la que sobreviven su hermano Pedro Septién Barrón, Álvaro Arreola Valdez, Manuel Suárez Muñoz y Jorge Hernández Palma.

Sin olvidar a los ya fallecidos Alejandro Maldonado Franco y Rogelio Garfias Ruiz.

Descansen en paz.

-LA FRASE DE LA SEMANA-

Panchada.

Querétaro está entre los 10 estados más seguros del país: Gobernador Francisco Domínguez Servién, en reunión con la Policía Estatal el viernes 21 de diciembre de 2018.

Éramos el tercero.

-JUGADA FINAL-

Inocentada.

Al gobierno que nos pretende vender un Querétaro seguro, que ha caído hasta siete lugares en solamente tres años, un santo ¡JAQUE MATE!

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