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El regreso de Carrie

Desde la terraza

por Ariel González
20 octubre, 2026
en Editoriales
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De acuerdo con Stephen King, el autor que le dio vida, Carrie nació en 1963, el mismo año en que John F. Kennedy fue asesinado, cuando Martin Luther King encabezó una de las más grandes marchas por los derechos civiles y contra el racismo, mientras que los Beatles se ponían a la cabeza de las listas de discos más vendidos, los superluminosos cuásares eran identificados plenamente en el centro de algunas galaxias, Hitchcock aterraba al público con su película “Los pájaros” y Ramón Gómez de la Serna, el Papa Juan XXIII, Aldo Houxley, Luis Cernuda y Jean Cocteau dejaban este mundo.

Al margen de todo eso, al personaje de la primera y muy exitosa novela de King, no le tocó nacer en el peor año de la historia, pero tampoco en el mejor. La humanidad desde siempre se las arregla para mezclar estúpidamente  –en partes muy desiguales– lo bueno y lo malo.

Sin embargo, Carrie llegó al mundo para comprobar, como muchas otras víctimas de la persecución, el bullying, los prejuicios, el racismo, la intolerancia o el mero sadismo, que “todos odian y nunca dejan de hacerlo. Nunca se cansan de ello”. Bueno, quizás no todos, pero los que lo hacen dejan, cómo no, una profunda huella en los demás.

Stephen King se consagró en el mundo de las letras con esta obra en 1974. Vendió más de un millón de ejemplares y el genial Brian de Palma no perdió la oportunidad de llevar esta historia a la pantalla grande, alcanzando un éxito igualmente extraordinario. Aquella jovencita que no le había hecho daño a nadie y que, acaso por lo mismo, era blanco de toda la maldad en su escuela, nos conmovió, entristeció y sobre todo nos horrorizó con su respuesta.

El desenlace –que no describiremos, en consideración a quienes no la hayan visto, y para evitar el temido spoiler– no podía ser otro; pero su preparación, las ofensas acumuladas que son como el tic-tac de un mecanismo explosivo, no pueden sino hacernos pensar  marcan que el mal convoca males peores, que  de la injusticia, suelen surgir venganzas terribles y que frecuentemente la insania colectiva abre las puertas del horror.

He visto todas las principales adaptaciones al cine de la novela de Carrie y he leído alguna vez el libro, sin poder parar –uno de los superpoderes de la narrativa de Stephen King. Además de las diferencias, licencias y cosas que simplemente las películas no consiguen recoger de la historia original, debo decir que tampoco logran –a pesar de estar muy bien hechas, particularmente el filme ya clásico de De Palma–  reproducir cabalmente esa atmósfera psicológica donde Carrie no es tan inocente como para rozar al menos los pensamientos más oscuros:

“¿Y no decía mamá que un día llegará el Juicio Final (el hombre de esa estrella será hiel y amargura y ellos recibirán el azote de los escorpiones) y un ángel con una espada? Ojalá fuera hoy, y Jesús no viniera con un cordero y un cayado de pastor, sino con una roca en cada mano para aplastar las risas y las burlas, para arrancar el mal y destruirlo en medio de los alaridos: un Jesús terrible cargado de sangre y de justicia”.

Tampoco lo consigue la serie recién estrenada en Prime Video (Carrie, 2026), pero vaya que es una de las mejores cosas que se pueden ver hoy por hoy en el aburrido y repetitivo streaming dominante.

Los ocho episodios creados por Mike Flanagan traen la terrible historia a la actualidad, lo que redobla la maldad que sufre Carrie, recordándonos lo que Sartre expresó desde hace muchas décadas: “el infierno son los otros”. Y aquí “los otros” tienen redes sociales para compartir, contagiar o viralizar su odio, así como cámaras para no perderse de ningún error de sus víctimas, al tiempo que la madre de Carrie puede alimentar su fanatismo de nuevas conspiraciones y paranoias acerca de todo cuanto significa ser –incluso dietológicamente– un buen hijo de Dios en esta tierra de pecadores.

Viendo los desastres producidos en Francia y otros países por montones de adolescentes enardecidos, me queda claro que no se necesitan poderes psíquicos para destruir o incendiar la escuela. Pero claro, lo de Carrie es otra cosa, algo que ante todo nos hace pensar en la incontenible y catártica respuesta de una chica solitaria ante el acoso y la humillación constantes. Los jóvenes –especialmente los que no saben actuar más que en manada– deberían ver la serie y preguntarse, temerosos, si no están fastidiando de más a alguien.

@ArielGonzlez

FB: Ariel González Jiménez

Etiquetas: bullyingCarrieMike FlanaganPrime VideoStephen King

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