AUGUSTO ISLA / LA CARTA

GOTA A GOTA

Ya era la hora de responderle a Donald Trump después de tantos agravios a México. López Obrador evitó cuanto pudo confrontarse con el delirante vecino. No olvido ese momento en el que, obedeciendo a su pueblo “bueno y sabio”, a mano alzada, le pidió prudente silencio. “Amor y paz”, proclamó el tabasqueño en varias ocasiones. Hasta el momento en que el rubio tirano decidió fijar aranceles progresivos a las exportaciones mexicanas. Fue entonces que el amoroso Jefe del Ejecutivo optó por enviarle una carta, fallida, en tanto confusa, pues en ella se entreveran niveles discursivos diversos que van de la apelación al diálogo a la definición moral de su persona –“no soy un cobarde”– pasando por el apunte histórico sobre USA y el señalamiento causal de las inmigraciones –justo el motivo de los aranceles–. Señalamiento que no es otro que el de la necesidad de escapar del infierno de la pobreza.

Fallida carta, he dicho, pues si bien encontró eco entre sus seguidores que, indignados, gritan en las redes sociales “AMLO no estás solo”, la verdad es que si bien no está solo, si está aislado, dada la venia que le ha otorgado a la dictadura de Maduro, condenada por el grupo de Lima y amplias voces de la comunidad internacional. Fallida, porque exalta “el bello ideal de la no violencia”, precisamente un dirigente que no cesa de tratar a sus adversarios con un látigo verbal infatigable. Fallida, porque, desdeñando su investidura, firma como “su amigo” en un gesto de la más cándida diplomacia, y no como Presidente de México. Fallida, finalmente, porque Trump no quitará el dedo del renglón. Tan es así que su respuesta ha sido: “queremos acciones, no diálogo”. 

En cierto modo, el gobierno de México está pagando su política de puertas abiertas. Generosa y humanitaria. Ojalá así tratara a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, a cuyo presidente se ha negado a recibir, remitiendo el informe a las manos de la señora Sánchez Cordero. Que lo agradecerá con hipócrita sonrisa, pues bien adivina su lacerante contenido. Visto está que al dictador le incomodan los organismos autónomos, todos, pero en particular la CNDH, cuyo destino es, al parecer, su desaparición.

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Sufragio efectivo, no reelección. Respeto a la división de poderes. Sí a la vida y a la libertad de expresión.

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