Augusto Isla

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GOTA A GOTA

El guiño

Corría el año de 1930. Lentamente fraguaban las instituciones nacidas de la Revolución Mexicana. El nacionalismo oficial tenía un valor: dejar que el país encontrara su camino como entidad soberana. De ahí la importancia de una política exterior fincada en el principio de “no intervención y respeto a la soberanía nacional”, que impulsó el entonces canciller, Genaro Estrada. “Doctrina Estrada” se le llamó. Y hasta la fecha conserva su vigencia constitucional, pues sigue siendo válida como defensa, no tanto, contra el viejo colonialismo, como contra ese inveterado abuso de las potencias, así como rechazo a la dominación económica y militar de las mismas.

Sin embargo, a lo largo de los años, el artículo 89, fracción X, ha venido incluyendo otros principios que deberá observar el titular del poder ejecutivo como es “el respeto, la protección y promoción de los derechos humanos”. Circunstancialmente, ambos principios pueden trabarse en una contradicción, como es el caso de nuestra relación con Venezuela, país hoy gravemente herido por una tiranía, la de Nicolás Maduro, vástago infame de Hugo Chávez.

A mi juicio, cualquier pronunciamiento en relación con Venezuela debería dar preeminencia a los derechos humanos de ese pueblo agraviado. Y sin embargo, el canciller Marcelo Ebrard, encarnación de la docilidad más abyecta, se negó a firmar el repudio a la continuidad del mandato espurio de Maduro, caracterizado por la violación escandalosa de los derechos humanos.

¿Un guiño aprobatorio a ese gobierno? Pues sí. Pero, después de todo, explicable. Los referentes históricos del tabasqueño – Juárez, Madero, Cárdenas – no son sino una mascarada. Su verdadera inspiración es Chávez: su diaria comparecencia, la venta del avión presidencial, la lucha contra el neoliberalismo, la creación de la guardia nacional, la cancelación de megaproyectos como el aeropuerto, el control del poder judicial, la renovación del mandato a la mitad del mandato, la idea piadosa de una república amorosa y humanista…

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Sufragio efectivo, no reelección. Respeto a la división de poderes. Sí a la vida y a la libertad de expresión.

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